martes, 10 de septiembre de 2013

Licenciado Miguel Larreynaga (Prócer de la Independencia)

Licenciado Miguel Larreynaga

LICENCIADO MIGUEL LARREYNAGA
(Prócer de la Independencia)

Nació el 29 de septiembre de 1771 en la ciudad de León, Nicaragua. Hijo de Joaquín Larreynaga y Manuela de Balmaceda y Silva.

Inició su educación en el convento de La Merced, en su ciudad natal y años más tarde continuó educándose en el seminario de San Ramón, centro de estudios secundarios. Ya en Guatemala, en el año de 1798, se graduó de Derecho Civil y Canónico, y sirvió varios cargos judiciales y administrativos. Después lanzó su candidatura a diputado para las Cortes de Cádiz, y fue electo por San Salvador, León y Quetzaltenango. En Cádiz, se distinguió en sus actuaciones. En la junta del 15 de Septiembre de 1821, su voto fue favorable a la Independencia y terció en las discusiones del glorioso día con todo acierto. Fue miembro de la Junta Provisional Consultiva y tuvo parte activa en los debates sobre la unión al imperio mexicano.

Durante varios años viajó al exterior, volviendo en la época del gobierno de Carrera.

Murió en Guatemala, el 28 de abril de 1847.


LARREYNAGA: VARÓN QUE ASCENDIÓ EN EDAD
AL MISMO TIEMPO QUE EN SABIDURÍA

El prócer de la independencia, licenciado Miguel Larreynaga, fue de los raros hombres que por extensos años, sin interrupción alguna, ascendieron en edad al mismo tiempo que en sabiduría. Sus biógrafos están acordes en que, dada su gran ilustración, los guatemaltecos hallaban en él abierta una "biblioteca viviente", pues durante su edad madura se le buscaba y consultaba por los gobernantes, políticos, literatos y hombres de ciencia.

Nació don Miguel Larreynaga en la ciudad de León, Nicaragua, el 29 de septiembre de 1771, hijo único de los esposos Joaquín Larreynaga y Manuela de Balmaceda y Silva. Sus primeros cuatro años se deslizaron por el pueblo de Telica al lado de sus tías que lo criaron, pues tuvo la desgracia de quedar huérfano de madre de madre a los diez días de nacido. Antes de ver la primera luz abría muerto su padre, de consiguiente, fue un hijo póstumo. Por eso "la tradición de más de cien años señala como su pueblo natal a Telica", expresó uno de sus biógrafos, el escritor nicaragüense Luis Alberto Cabrales. Otro biógrafo de Larreynaga, el licenciado Ignacio Gómez, guatemalteco, que fue su discípulo y más tarde amigo del prócer, publicó un folleto que contiene datos más completos al hablar del nacimiento de Larreynaga, y allí se lee que nació en la ciudad de León, en la fecha citada.

Ciudad de León Nicaragua
Otros datos sobre la vida del prócer informan que antes de cumplir los cinco años fue llevado a León por su abuelo materno, capitán Baltasar de Silva, hombre de holgura económica; que aprendió las primeras letras en el convento de La Merced, en el mismo sitio donde hoy se levanta la Universidad Nacional. Pocos años después pasó a cursar al seminario San Ramón que era el mejor centro de estudios secundarios. A los dieciocho años era ya profesor de filosofía y geometría; luego fue enviado a continuar sus estudios a la metrópoli, Guatemala, donde se graduó en Derecho Civil y Canónico en el año 1798. Volvió a León a efectuar su pasantía y a seguir impartiendo la enseñanza, y en el año 1801 dispuso volver a Guatemala dejando su biblioteca de más de tres mil volúmenes a la universidad de León. Ya nunca regreso a su patria.

Por su constancia en sus estudios, obtuvo en Guatemala el título de Licenciado en Leyes, sirviendo consecutivamente en puestos judiciales y administrativos de importancia, habiéndosele distinguido en su primera época de residir en la metrópoli , en la organización del Archivo de la Audiencia, gran deposito documental. Escribió un prontuario de leyes emitidas en 1600 a 1818 y varios libros de importancia jurídica, que fueron muy útiles en la época.

Durante esa época del período colonial, Lerreynada era una personalidad descollante en la sociedad guatemalteca; y según sus biógrafos, su influencia se ejercía, sobre todo, entre el elemento estudiantil e intelectual. No faltaba a las tertulias literarias y científicas que tenían en el el mas fervoroso iniciador y sostenedor. en un informe del capitán general Bustamante y Guerra, afirmaba: "Larreynaga es el alma de las tertulias y el que mantiene las ideas de independencia en estos países". Y así, la autoridad lo señalaba.

Con la fe en su triunfo, lanzó su candidatura a diputado para las Cortes de Cádiz, y salió electo por San Salvador, León y Quetzaltenango. Con esa representación partió a Cádiz en 1818 y estuvo en la inauguración de  aquella magna asamblea de los representantes de todas las provincias del imperio español y en todas sus sesiones. En aquel histórico evento alcanzó grandes éxitos y sus discursos, de clásico estilo, llamaron la atención de los altos políticos de España. En esa reunión de hombres ilustres logró convencerse de que difícilmente la política española cambiaría con respecto a las colonias de América; y retornó con la voluntad y el pensamiento puestos en la independencia. El 15 de agosto de 1821 volvió a Guatemala, y un mes después, el 15 de septiembre, se distinguió por sus opiniones y sus ilustración en la magna junta, la de los próceres que nos darían la libertad.

Su acción fue decisiva en aquel momento solemne. Su criterio se unificó al del doctor canónigo José María de Castilla cuando don José Cecilio del Valle parecía conquistar los ánimos para retardar la proclamación de la independencia. En discursos encendidos de pasión e iluminación de razones, inclinó la balanza por la proclamación inmediata. "Allí fue el mentor de los patricios y el caudillo de la plebe -dice uno de sus biógrafos-, juntándose en él, en esa mañana histórica, los dos destinos más condicionados por los romanos insignes". Larreynaga fue miembro de la Junta Provisional Consultiva formada con forme a lo dispuesto en el punto 8vo. del Acta de la Independencia.

El licenciado Ignacio Gómez, en su folleto que contiene la biografía de Larreynaga, no hace a éste la menor inculpación por haber firmado el acta de anexión a México el 5 de enero de 1822. Con habilidad se limita a expresar: "Agregados por la intriga y la amenaza estos pueblos al efímero imperio mexicano, el señor magistrado Larreynaga fue electo diputado por Sacatepéquez al congreso imperial".  Estuvo presente en la coronación de Iturbide y éste le honró con altos cargos judiciales, y cuando el imperio se derrumbó, la nueva república siguió honrándole por largo tiempo en los mismos cargos. Los regímenes pasaban pero no podía pasar el prestigio del gran nicaragüense. El 14 de septiembre de 1824, el congreso de Oaxaca lo nombró regente de la Corte de Justicia del Estado, para fundarla y organizarla. Después se traslado a Chiapas donde residió por largo tiempo, y fue hasta el 11 de noviembre de 1835 cuando volvió a Guatemala. El presidente Carrera, que había establecido en el país una paz duradera, le llamó a su consejo. Y desde esa fecha, hasta su muerte, fue magistrado de justicia, diputado, presidente de la Corte Suprema, ministro de Instrucción Pública y siempre catedrático de la Universidad de San Carlos. En esa época, el prócer Larreynaga escribió diversos libros.

Su actividad permanente fue finalizando al llegar a una ilustre ancianidad, cargado de años y de sabiduría. Su salud se vio minada por un resfriado. Su biógrafo, licenciado Gómez, refiere: "Que aunque no tenía dolores, calculó desde luego el resultado de esta enfermedad por su vida sedentaria, por su temperamento delicado y por su excesiva debilidad física. Religioso sin indiferencia ni fanatismo, se dispuso experimentalmente para pasar al otro mundo con la misma fortaleza y calma con que había dispuesto sus cosas temporales: fortaleza y calma que le caracterizaron en el largo período de su gloriosa carrera. Con la misma serenidad con que había ido personalmente a escoger en el panteón el lugar de su sepulcro, se preparó para morir. Recibió los santos sacramentos el 17 de abril, a cuyo piadoso acto así como a su exequias se hicieron la honra de asistir todas las personas sin excepcion más notables de Guatemala, Murió con la tranquilidad del justo, a los setenta y cinco años, siete meses de su edad", el 28 de abril de 1847. Se le sepultó en el cementerio de San Juan de Dios.

Antes de morir, con la tranquilidad filosófica de los cristianos, quiso escribir su propio epitafio, y lo hizo en versos porque también fue poeta; sobre su tumba fueron cinceladas en mármol estas palabras:
"Lo que es tierra que vuelva
a la tierra, y en ella se resuelva.
La vida no fue dada
al hombre en propiedad, sino prestada:
suya no es, sino ajena,
que la necesidad así lo ordena".

La Gaceta de Guatemala del 8 de mayo de 1847, publicó los siguientes conceptos poco después de la muerte del prócer Larreynaga:

"...Su gabinete, su tertulia, era la escuela a donde ocurrían por consejo las personas más distinguidas, en demanda de ciencia e instrucción. Al atractivo y embeleso de sus conversación, siempre animada, llena de naturalidad y de anécdotas interesantes, se añadía el profundo conocimiento de los negocios, la penetrante agudeza para resolver dificultades y cuestiones complicadas. Él era, pues, el consultador más ilustrado y el centro más concurrido de la sociedad. ...Su muerte correspondió a su carácter y a su vida, con serenidad filosófica, con la calma del bueno y del justo cerró los ojos y descansó en la eternidad. Pasó ya entre nosotros este ya esclarecido magistrado, ornamento de cualquier país donde hubiera recibido. Brilló como un meteoro. Su memoria es como un rastro de luz sobre nuestro horizonte que señala el camino por donde ha desaparecido a nuestra vista. La amistad deja caer esta lágrima sobre su sepulcro, pero levanta la frente entristecida y ve la inmortalidad.

En su esfera de legislador, en la tribuna, donde se ve al hombre por todas sus fases, o donde caen las reputaciones falsas o de sorpresa, se vieron brillar en todo su esplendor las altas capacidades, la oratoria fluida, sencilla y lógica, los principios, los sentimientos generosos y liberales, que habían ya germinado en la carrera de abogado, el relator, del magistrado. Discursos hay de este digno representante que son el modelo de la noble sencillez, el cuadro perfecto de las circunstancias en que se hallaba el Estado, y de la dirección que debía darse a esta nave en medio de la borrasca.

Había él ocupado dignamente uno de los puestos que creó Guatemala libre, al organizar un gobierno improvisado en el acto de la independencia: él unió su voto al de la libertad en aquel día supremo, y se esforzó en dirigir con sabiduría la administración pública entre la agitación popular de la gran crisis en que nació la Patria. Ninguno mejor que él debía después representarla y ocuparse de su suerte, como lo hizo cuando ya disuelta zozobraba.

Viajó por Europa, y la civilización desarrolló más su inteligencia. Residió en México, en Oaxaca, en Ciudad Real y mereció de estas poblaciones el distinguido concepto que correspondía a sus servicios, En medio de las convulsiones políticas, de la exageración y hostilidad de los partidos, siempre su honor fue respetado, nunca los odios públicos mancillaron su carácter. Sereno, prudente y honrado, él quedaba ileso entre el choque y la discusión civil.

La filosofía práctica, los sentimientos dulces de la amistad, el amor más constante a su país, la dedicación más asidua al estudio de la legislación y a la bella literatura, su embeleso por los poetas y oradores griegos y latinos, su cultivado esmero por la sabia antigüedad, su conocimiento en el griego, idioma del heroísmo y de la libertad, engendraban los rasgos más sobresalientes de su sociedad familiar, de su vida privada, y de su carácter eminentemente dispuesto a los servicios públicos y a la defensa de los ciudadanos en un país libre".

Tal fue en la vida el prócer de la independencia, licenciado Miguel Larreynaga.

Arturo Valdés Oliva
Breves apuntes sobre la Independencia
Editorial "José de Pineda Ibarra"
Ministerio de Educación Pública
1969

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