viernes, 2 de agosto de 2013

La Ceiba, Árbol Nacional de Guatemala

La Ceiba

LA CEIBA, ÁRBOL NACIONAL DE GUATEMALA

La ceiba, es acaso el árbol más enraizado en la tradición del país, y lo mismo que crece en la leyenda de los más remotos tiempos, ha visto crecer nuestra historia bajo su amable y acogedora fronda. Ya los mayas la situaron, con un sentido cósmico, en el centro del universo, como corazón de la tierra, del cielo y del mundo ínfero. En este caso la ceiba es verde, adjetivo que implica una calificación de belleza, y simboliza la eternidad de la existencia.

La ceiba, en las leyendas cosmogónicas mayas, abre sus ramas mayores hacia los cuatro puntos cordiales, y de esa manera se une a la cuádruple deidad que rige los vientos y las lluvias; así sus ramas dividen el mundo inferior, donde moran los espíritus, en el Xibalbá o lugar de extinción; marca los rumbos en el mundo físico; y divide las estancias de los dioses en el alto misterio sideral.

Uno de los textos proféticos sueltos, de los libros de Chilán Balam, habla del hundimiento del cielo, del arrasamiento de la tierra; mas al llegar a la nueva edad, "se alzará la Ceiba roja, columna del cielo, señal del amanecer de mundo, y en ella se posará el chiltote; se alzará también la Ceiba blanca en el poniente, y se posará el cenzontle; la Ceiba negra en el poniente, y se posará el pájaro de pecho negro; y la Ceiba amarilla, en el sur, y en ella se posará el picdzoy, pájaro de pecho amarillo".

La Ceiba Maya

En el libro de Chilán-Balam de Chumayel se describe también el comienzo de una nueva era, apareciendo la Ceiba como el sostén del cielo:  "se levantó el primera árbol blanco en el norte, y se levantó el arco del cielo; luego el primer árbol negro, y el primer árbol amarillo... Y se levanto la gran madre Ceiba, en medio del recuerdo de la destrucción de la tierra; se asentó derecha y alzó su copa, pidiendo hojas eternas. Y con sus ramas y sus raíces llamaba a su señor".

También los cuatro bacabs, sostenedores del universo, tienen una proyección espiritual en el mundo ínfero, como la Ceiba hunde sus raíces en la tierra. Y en ese mundo misterioso de los espíritus, guardado por nueve montañas y nueve ríos, dominado por nueve dioses, los Bolun Ticú, siguen rigiendo los puntos cardinales, "la Ceiba roja es el centro escondido del Oriente; la Ceiba blanca es el centro invisible del Norte; la Ceiba negra el centro escondido del Poniente; la Ceiba amarilla es el centro escondido del Sur".

Hay una leyenda maya, del dios o gran civilizador Zamná, quien para distribuir los oficios llevo a los hombres frente a una Ceiba: unos pegaron la cara a las raíces, esos serían los agoreros; otros sólo se quedaron mirando el árbol, esos serían los sacerdotes; otros cortaron ramas, esos serian los guerreros; otros cortaron los frutos, esos serian los operarios y comerciantes; otros cortaron las flores, ellos serían los artistas. Así comenzó bajo una Ceiba, la división del trabajo.

Por la amplia y generosa sombra que proyecta la Ceiba, bajo este árbol, que los indígenas llaman Yaxché, se instalaron y funcionaron los mercados indígenas, grandes y pequeños, tiangues y tianguecillos. El gran árbol protector, siempre verde, prestaba abrigo a los puestos de ventas, favoreciendo el trato de los hombres y la solidaridad social.

Ceiba en la Plaza de Palín, Escuintla

La ceiba aparece en nuestra historia como fundadora de pueblos, al conjunto de sus ramas se conglomeraba la gente y su extendida sombra abre el ámbito de las plazas públicas; pude decirse que es el primer edificio, el centro de la población, y por estas circunstancia Carlos V  dictó una disposición para que se fundasen los pueblos en torno a una ceiba, sabedor de que congregaba a las gentes y amparaba tradicionalmente a los mercados.

El historiador Antonio Batres Jáuregui, refiere que los indios rendían reverencia a la ceiba, por su hermosura y elevación hacia el mundo celeste, por su gigantesca, centenaria y fresca existencia, señoreando el bosque y desafiando los elementos naturales. Nuestra investigadora Albertina Gálvez dice que se llevaban ofrendas a la ceiba, y cita a un historiógrafo yucateco, quien afirma que el primer poblador de aquella península, Imox, estaba representado por una ceiba.

Y la ceiba ha seguido viviendo en la historia de Guatemala; desde el centro de las plazas públicas parece presidir y tutelar la vida de nuestros pueblos; en sus retorcidas raíces y los nervudos aletones de la base de su tronco se sientan los viejos a contar las historias que repite la tradición, o los enamorados se hacen dulces promesas; bajo sus ramas tocan sus conciertos las bandas locales, descansa el viajero y se animan los mercados...

Nuestro árbol nacional es de alto y grueso tronco, cuya forma cilíndrica y proporcionada le gran esbeltez, pues alcanza hasta 30 metros de altura y su ramificación es muy regular, simétrica, y adopta naturalmente la forma piramidal. Es característica la dilatación de la base del tronco. La ceiba ha sido clasificada como Bombax pentadrum (Linneo y Guert) y vulgarmente se le dice árbol de algodón por la fibra que protege sus semillas, llamada por los indios pochotl (fonetizado al español pochote); pero otros árboles la producen como, el Bombax elipticum y la Balsa (Ochroma velutina). El tallo de la ceiba se ha empleado para fabricar canoas de una sola pieza, y su madera se ha ensayado con buen éxito para hacer el palillo de los fósforos; a la decocción de la madera, o de la corteza, se atribuyen propiedades medicinales eméticas, antiespasmódicas, diuréticas y diaforéticas.

Semillas de la Ceiba

En Guatemala la ceiba se extiende por todo el país pues crece a distintas alturas -en el altiplano y en las costas-, y lo mismo se adapta a los climas húmedos que resiste la sequedad; se reproduce naturalmente por su abundante semilla, la cual rinde, descascarada, un 15 por ciento de aceite, útil para la jabonería y propio para el alumbrado; aunque siempre es de rápido crecimiento , este se acelera al reproducirla por estaca y empieza a florecer a los cuatro o cinco años.

La florescencia de la ceiba se da en una gruesa cápsula subcilíndrica, dehiscente, de consistencia coreácea, con numerosas semillas dentro de una masa fibrosa adherida a su pared interna; por el color se aprecia su madurez y al abrirse, en un estallido, crepita en forma que dio origen al nombre onomatopéyico, pochotl, que se da a la fibra, su principal producto, también llamado algodón de corcho, con el que se rellenan almohadas y colchones y en Inglaterra, se fabrican unos sombreros especiales.

La fibra, blanca y roja, es muy sedosa y apreciada en el mercado por su elasticidad y por ser muy liviana, con una densidad de 0.24; es poco atacada por insectos y tiene la virtud de ser casi impermeable -aun absorbiendo agua resiste un 30 por ciento de su peso- y resulta utilizable para construir salvavidas: un anillo de 85 centímetros de diámetro exterior y 45 de diámetro interno, con un peso de 6 Kilogramos, tiene una fuerza ascendente de 36 kilogramos. Una ceiba de regulares dimensiones puede suministrar de 30 a 35 kilogramos de fibra.

Hay muchas ceibas con historia: la de Palencia, en donde fue sacrificado Tata Lapo; la de Amatitlán, que sembró fray Domingo Martínez hace cuatrocientos años; la de Palín que le ha dado la vuelta al mundo, fotografiada por todos los ángulos por su belleza y el pintoresco mercado que alberga; la de Jocotenango, que señorea las fiestas de la patrona de nuestra capital, la Virgen de la Asunción; y tantas otras.

El primero en sugerir que se distinguiera a la ceiba como árbol nacional de Guatemala fue el doctor Sixto Alberto Padilla; después insistió en ello nuestro ilustre botánico Ulises Rojas, y así se dispuso por acuerdo gubernativo de 8 de marzo de 1955, considerando que "según se desprende de la tradición indígena del país, la ceiba tenía especial importancia, pues, desde tiempos precolombinos, bajo su follaje acostumbraban los nativos celebrar sus ritos, considerándola árbol sagrado; en el transcurso de los siglos, no sólo se encuentra en las selvas, sino también sigue figurando en las plazas públicas y otros paseos, siendo del aprecio general".

La ceiba seguirá siendo el árbol nacional de Guatemala por su gigantesca talla, su hermoso follaje, sus propiedades medicinales, su utilización industrial, su abundancia en el país y su presencia en los centros urbanos; además de su altura y corpulencia, se destaca sobre los demás árboles por su honda tradición y excepcional simbolismo.

David Vela
Temas Cívicos
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1962

3 comentarios:

  1. A nuestro símbolo nacional “La Ceiba”.

    Poema: A La Ceiba



    Por Rafael Mérida Cruz-Lascano
    Meridiano: A LA CEIBA




    Burilo en tu corteza mi región,
    Como el aire que cruza la campiña.

    Y se me figura una religión
    que cinceló a mano mi mismo Dios,
    su sinfonía en llanto de rediós
    su danza en el viento hace una canción.

    ¡Oh Ceiba! Vuestra hermosura no engaña;
    así como le das sombra al viajero
    y una nevada flor para la araña
    asimismo ofreces nido al jilguero,
    majestuosa sombra la tierra baña
    vigorizándola cual jardinero,
    profuso vegetal es tu vestido
    en donde florece lo ya vivido.

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  2. A nuestro símbolo nacional “La Ceiba”.

    Poema: A La Ceiba



    Por Rafael Mérida Cruz-Lascano
    Meridiano: A LA CEIBA




    Burilo en tu corteza mi región,
    Como el aire que cruza la campiña.

    Y se me figura una religión
    que cinceló a mano mi mismo Dios,
    su sinfonía en llanto de rediós
    su danza en el viento hace una canción.

    ¡Oh Ceiba! Vuestra hermosura no engaña;
    así como le das sombra al viajero
    y una nevada flor para la araña
    asimismo ofreces nido al jilguero,
    majestuosa sombra la tierra baña
    vigorizándola cual jardinero,
    profuso vegetal es tu vestido
    en donde florece lo ya vivido.

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