miércoles, 9 de julio de 2014

José Joaquín Palma Lasso




A JOSÉ JOAQUÍN PALMA LASSO

Bendito sea el providente signo
que te trajo a la patria mía;
bendito tú, hermano peregrino
que la ungiste con férvida poesía.

Aquí no fuiste extraño ni cubano,
pues la mística brillante de tu inspiración,
milagro fue que te hizo nuestro hermano
para consagrarte en el patrio corazón.

Inolvidable serás, José Joaquín Palma,
en el culto cotidiano de la historia
y en el evangelio de la fama inmortal.

porque en la profunda devoción del alma,
tu nombre resucita cubierto de gloria.
en cada nota de nuestro Himno Nacional;


¿QUÉ ES UN HIMNO?
J. J. Palma                                          

¿Qué es un himno?... una canción
que condensa, libre y fiera,
el amor, el alma entera
de un pueblo, de una nación;
es justicia, es redención,
cuando canta la igualdad;
en que los heroes se encienden
cuando iracundos defienden
su tierra y su libertad.

     Mañana, si a sus legiones
él llamara en son de guerra,
ensordeciendo la sierra,
inflamando corazones;
a los penetrantes sones
de la voz arrebatada
de su inspiración sagrada,
nuestros padres se alzarían,
¡y sus tumbas romperían
para ceñirse la espalda!

        
JOSE JOAQUÍN PALMA LASSO
1844 ─ 1911


...y bebió las mieles del parnaso para
tejer en inmortales páginas las filigranas
de sus dulce inspiración.

Este Varón, de sublime verbo y fecundo talento, cubano por cuna, llegó a Guatemala, obligado por esas iras crueles que en el alma de los autócratas engendran los cruzados de las luchas libertarias: ¡persecución, cárcel, extrañamiento, muerte!

La última escala de su amargo recorrido de exilio, fue Guatemala, ¡dulce refugio donde alivió en parte su alma dolorida.

Este fue su remanso de quietud y la tierra prometida donde su alforja de apóstol peregrino, volcó el tesoro de su talento y las diáfanas esencias de su espiritualidad; antes que extraño, Palma fue un hermano más, porque hermanas son las almas identificadas por comunes anhelos y movidas por la dinámica del santo amor a la libertad.

Quiso, y fue querido; admiró y fue admirado; y supo compensar el refugio acogedor de esta patria, con el inmortal legado de sus hermosos versos, plasmados en el más bello de los himnos.

Cuenta la historia que San Salvador de Bayamo, fue la segunda ciudad fundada por el adelantado don Diego de Velázquez, conquistador de Cuba; es una ciudad de gran abolengo y glorificada por el amor patrio e intelectualidad de sus hijos, por la exquisitez de sus vates, aptitud de sus hombres de letras, pero antes que nada, por su valiente intervención en los movimientos pro independencia cubana... y allí, en esa cuna de preclaros Varones donde un día también vieran la luz primera aquellos hombres notables que se llamaron: Carlos Manuel de Céspedes, patriota excelso que luchando ardorosamente por la libertad de su patria amada, cayó para siempre en el despeñadero de San Lorenzo; Tristán de Jesús Medina, primer orador sagrado de Cuba; allí, en esa tierra mil veces consagrada por la ideología soberana de sus dilectos hijos, nació José Joaquín Palma Lasso, el 11 de septiembre de 1844, para dicha de doña Dolores Lasso y don Pedro Palma. sus nobles progenitores.

El convento de San Francisco y el famoso colegio de San José, fueron los centros educacionales donde José Joaquín recibió la santa eucaristía de la ciencia y la prédica sugestiva y edificante de mentores talentosos como lo fueron el ilustre padre Ramírez y el prestigiado pedagogo José María Izaguirre, a quien dicho sea de paso, recordaremos con especial cariño y admiración por haber sido el primer director fundador de nuestra amada Escuela Normal para Varones, por encargo personal del presidente Justo Rufino Barrios que con tal fin le hizo venir al país.

José Joaquín poseía un espíritu altamente devoto por los encantos de la belleza y la dulzura de la inspiración; diríase que en él anidaban divinos atributos que solo esperaban el beso señorial de su hora señalada, para cobrar alas y, en vuelo extraordinario, surcar la bóveda infinita de la fama.

Todas sus inquietudes, esperanzas, ideas, tristezas y alegrías, eran trasladadas al laboratorio de su regia sensibilidad, de donde salían plasmadas en versos de olímpica sonoridad. Todo lo que escribía, fielmente reflejaba su enorme dimensión espiritual y artística; su palabra, reposada y franca, era voz de forja, de esas que arrancando de los labios, tornan al corazón en ánfora continente de hermosos evangelios y consagrantes verdades.

Ignacio Martínez Valdez, era un cubano de gran ilustración y poseído de un poder poco común para convertir a sus discípulos en devotos seguidores en los encantos del arte; Palma, que fue uno de ellos, sinceramente reconoce en Martinez Valdez, el límpido manantial  donde su alma fortaleció su sed de inspiración y donde todo su ser se extremeció al conjuro de aquella mística; el verbo de aquel gran maestro solo sabía conducir conciencias hacia el corazón mismo del parnaso, allí donde los dioses inmortales sorbieron mieles que dieron fulgor a la idea y palpitación al pensamiento.

José Joaquín, enamorado eterno del arte, también lo era de la vida; si su alma sensible ansiaba alas poderosas para sus atrevidos vuelos de conquista, menester le era a su joven y notable corazón, ese impulso divino que le permitiera tornarse en acogedor santuario de íntimos afectos: ansiaba el amor ¡y el milagro se hizo!

Una dama culta, por demás hermosa y refrenada por el sello patriótico y revolucionario que distinguía a su cubano hogar, pasó a ser la dulce compañera de vida del exquisito bardo; su nombre: Leonela del Castillo.

Al correr del tiempo, aquel hogar contaba con cuatro descendientes: José Joaquín, Zoila América Ana, Francisco y Carlos. Mientras tanto el inquieto Palma, comenzaba a descollar como hombre de letras; sus escritos merecian toda admiración y elogio y sus relaciones literarias eran selectas.

Seguro ya de sus aptitudes para el honroso arte periodístico y aguijoneando siempre por la suerte de su patria, y por el tenaz anhelo de luchar hasta lo imposible para depararle un futuro mejor, decidió editar un vocero bajo un bien delineado plan de actividades; para ello contó con la colaboración de Francisco Maceo Osorio, elemento joven y de las mismas ideas cívicas, y en 1864, sacaban a luz pública "LA REGENERACIÓN DE BAYAMO" órgano sencillo, por razones monetarias, pero de un contenido interesantísimo; en cada tema campeaba el distintivo nacionalista de Maceo Osorio y de Palma, así como su inquebrantable culto hacia la justicia, la libertad y el derecho; mas en aquellos días que vivía Cuba, constituía delito hablar de tan soberanos postulados; imperaba la opresión y la arbitrariedad, y a juicio de los mandarines, tales atrevimientos los interpretaban como un desafío o como un valladar a su insaciable sed de mando; así que el joven periódico tuvo que desaparecer para siempre, pero, para siempre dejó en las almas amantes de la libertad y de la grandeza patrias, la fecunda simiente que el poder del tiempo se encargaría de darles madurez. Tiempo más tarde, Palma aparece al lado de del insigne José Martí, en la ciudad de Kingstone, luchando valientemente por la libertad cubana.

¡Quién iba a revelarle que mientras él participaba en aquella noble misión ciudadana, allá, en su natal San Salvador de Bayamo, su Leonela amada rendía tributo a la tierra! ahora tocábale velar por la subsistencia de sus pequeños en aquel hogar atribulado por el dolor de las ausencias y protegido por la sombra bienhechora de la madre muerte.

Destierro, peregrinaje y arribo a Guatemala.

Nuevamente José Joaquín, obedeciendo a su férrea tendencia de ver libertada a su Cuba amada, pasa a engrosar filas de las fuerzas revolucionarias que protagonizaron la histórica acción armada de YARA, y en el cual también pelearon los patriotas Manuel de Céspedes y Máximo Gómez.  En Bayamo, lucha desesperadamente por la abolición de la esclavitud; pinta al rojo vivo la penosa situación por que atraviesa Cuba y llama ardorosamente a sus coterráneos para que unidos consigan esa libertad; ese patriótico llamado lo hace desde las columnas del vocero "El Cubano Libre". Las consecuencias no se hicieron esperar. A estas publicaciones, siguió una ola de persecuciones, encarcelamientos y extrañamientos; gran cantidad de valientes cubanos fueron condenados al exilio; José Joaquín Palma Lasso fue uno de ellos; su primera etapa de destierro la vivió en Jamaica, luego pasó a territorio estadounidense de donde salió rumbo a suramérica, visitando entre otros países el Perú, terminando su itinerario en Guatemala, que sería su última escala hasta la muerte. Corre el año de 1873.

Su carácter bondadoso y jovial, sus nobles sentimientos, su especial inclinación hacia la juventud, su verticalidad en el campo de la amistad, su amena charla, sus dotes literarias y tantas cualidades más que atesoraba, fueron suficientes para ganar el cariño y la admiración de quienes le trataban, y como tales factores son determinantes de supremas identificaciones, José Joaquín Palma Lasso, pronto pasó a la categoría de "hermano guatemalteco".

Guatemala no fue para Palma un terruño provisional para vivir su exilio; hizo de ella una segunda patria; la amó con el amor que postraba su corazón al recuerdo de su inolvidable Cuba; se unió a los sentimientos patrios de los guatemaltecos; su talento, púsolo al servicio de la cultura nacional y su trabajo honrado y eficiente, lo hizo merecedor a ocupar cargos oficiales. Fungió como director de nuestra Biblioteca Nacional, dándole una organización paralela a las más avanzadas normas en ese ramo; su inspiración, plasmada en inigualables versos y en expresivas poesías, quedó contenida en un bello libro cuyo quilate artístico fue valorado por opiniones de reconocidos hombres de letras como los bardos José Santos Chocano y Rubén Darío; fue entusiasta y fecundo colaborador del periodismo guatemalense, centroamericano y caribeño; en el famoso semanario que dirigía Enrique Gómez Carrillo y Rubén Darío, el famoso "Correo de la Tarde", también lució la pluma de Palma; sirvió la cátedra de literatura Española en nuestra Facultad de Derecho y valiosos artículos fueron su colaboración para la revista de dicho centro universitario; formó parte del personal de la secretaría de Relaciones Exteriores, y al momento de su muerte, servía el merecido cargo de cónsul de su amada Cuba, hecha república libre, ante nuestro gobierno.

Su palabra cálida y exquisita, su presta facilidad de improvisar, lo trascendente de sus temas y su personalidad sólida, era el alma de los actos lírico-literarios con que se deleitaban los círculos sociales de la época, y de las acostumbradas "tertulias" celebradas en casas particulares; supo brindar su estímulo sincero y su espontánea dirección literaria, a todos los jóvenes que gustaban de las bellas artes.

Pero no por vivir en Guatemala rodeado de cariños y altas estimas, José Joaquín se olvidaba de su dolido terruño; antes bien sufría al recordar el martirio de su oprimida patria y encontraba alivio en su propia ansia de verla libre algún día, en su férrea voluntad de luchar por ese sagrado ideal, en su credo de autonomista y en su deseo de ver a esa patria querida: "libre de las duras cadenas" y "alzarle en un trono de amor", y seguramente fue ese torbellino de recuerdos lastimeros y ardientes ideales, lo que fue haciendo brotar en aquel cerebro privilegiado, uno a uno, ese palpitar de sonoros versos que es nuestro sacrosanto himno nacional.

La felicidad que sueña para su Cuba del alma, seguramente le inspiró el "Guatemala Feliz" con que inicia el bello poema; si José Joaquín intuye el rompimiento de cadenas de su patria; sabe que en no lejano día, allá, en su lar antillano, ya no habrán "cobardes que laman el yugo", ni menos "tiranos que escupan su faz",  y así, en cada una de esas expresivas imágenes: "nubes de nítida albura", el arado, la espada, el ande soberbio, la ruda pelea, invasión extranjera, remontar hasta el cielo, el cóndor, etcétera, son voces escapadas de su plegaria devota que noche a noche musita solitario ante el ara de su cuba lejana y que con la misma devoción las ofrenda ante el tabernáculo de su hospitalaria Guatemala, y es  esa hermosa circunstancia, la que nos impulsa a querer y evocar por siempre al inspirado aeda , no como a un simple amigo visitante, sino con legitimidad de hermano, de guatemalteco auténtico, porque supo identificarse en todo momento con nuestros propios ideales y sentimientos y porque así lo dice en el torrente de sonoridades inmortales que plasmadas en el himno civico, nos legara como divina compensa del refugio que aquí encontró a su paso peregrino.

Nace el Himno Nacional Guatemalteco.

Sabemos ya que durante el periodo comprendido entre 1887 y 1897, en Guatemala se cantó como primer himno nacional ─sin declaratoria oficial─ el "Himno Popular", escrito por el recordado licenciado y poema totonicapanense, Ramón Pereira Molina y con la música del insigne Alvarez Ovalle.

Como el poema mencionado no fuera del agrado del presidente, general José María Reyna Barrios, por considerarlo inexpresivo y falto de ese ardor y virilidad que debe caracterizar al espíritu patrio, dispuso que se abriera una encuesta literaria con la finalidad de seleccionar la mejor adaptada a los requisitos que se puntualizarían como básicos, y que por tanto, mereciera declararse oficialmente como letra de nuestro himno nacional.

Doce fueron las composiciones que se recibieron para concursar.

Por su parte, el Ministerio de Instrucción Pública encomendó la delicada tarea de calificar, estudiar y dictaminar al respecto, a tres ciudadanos de reconocida competencia intelectual y literaria; sus nombres: Francisco Castañeda, literato; José Joaquín Palma, poeta cubano y José Laonard, quienes al final, calificaron como la más apropiada, por su estilo y contenido, la que aparecía firmada con el seudónimo de "ANÓNIMO", rindiendo inmediatamente informe a donde correspondía.

Texto del informe rendido por el jurado calificador del concurso literario, integrado por los señores F. Castañeda, J. Joaquín Palma y José Leonard.

"Guatemala, 27 de Octubre de 1896.
Señor ministro de Instrucción Pública.
Presente.
En cumplimiento a la honrosa comisión con que usted se sirvió favorecernos, encargándonos de la calificación de los "himnos nacionales" presentados a esta secretaría, en virtud del concurso abierto por el acuerdo de 24 de julio último, hemos examinado las doce composiciones que con tal objeto tuvo usted a bien enviarnos con fecha 15 del actual. Animados de los mejores deseos, y con la mira de hacer la designación requerida por el mencionado acuerdo, nos hemos reunido varias veces, y después de largo y detenido examen, tenemos la honra de manifestar a usted que, a nuestro juicio, el himno que empieza con las palabras "Guatemala feliz" y lleva al pie la de "Anónimo" entre paréntesis, es el que mejor responde a las condiciones de la convocatoria y merece, por lo tanto, el premio ofrecido. Así tenemos la honra de emitir el informe que la secretaría de su digno cargo nos pidió, escribiéndonos con toda consideración y aprecio, el señor ministro, muy atentos y seguros servidores. 
José Leonard, J. J. Palma, F. Castañeda".

En vista de este informe, el ministro de Instrucción Pública lo hizo del conocimiento del mandatario Reyna Barrios, quien en acuerdo especial lo declaró himno nacional.

Por ser de innegable importancia para todo guatemalteco, transcribimos el acuerdo presidencial que declara la legitimidad oficial de la letra del himno patrio:

"Palacio del poder ejecutivo: Guatemala, 28 de Octubre de 1896.


Visto el informe emitido por el jurado que se designó para examinar las composiciones literarias, presentadas al concurso abierto por el acuerdo de 24 de julio del corriente año.

El Presidente de la República:

ACUERDA:

Que sea tenido como Himno Nacional el siguiente que mereció la primacía en la calificación:

¡Guatemala feliz!... ya tus aras
no ensangrienta feroz el verdugo;
ni hay cobardes que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz.
Si mañana a tu suelo sagrado
lo profana invasión extranjera,
tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá.

CORO

Tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá;
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será.

*

De tus viejas y duras cadenas
tú fundiste con mano iracunda
el arado que el suelo fecunda
y la espada que salva el honor.
Nuestros padres lucharon un día
encendidos en patrio ardimiento;
te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor.

*

Te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor,
que de patria al enérgico acento
muere el crimen y se hunde el error.

*

Es tu enseña pedazo de cielo
entre nubes de nítida albura,
y ¡ay de aquél que con mano perjura
sus colores se atreva a manchar!
Que tus hijos valientes y altivos
ven con gozo en la ruda pelea
el torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar.

CORO

El torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar,
que es tan sólo el honor su presea
y el altar de la patria su altar.

*

Recostada en el ande soberbio,
de dos mares al ruido sonoro,
bajo el ala de grana y de oro,
te adormeces del bello quetzal;
Ave indiana que vive en tu escudo,
paladión que protege tu suelo;
¡ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real!

CORO

¡Ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real,
y en sus alas levante hasta el cielo,
Guatemala, tu nombre inmortal!


(Anónimo)

Publíquese. Reyna Barrios. El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública. Manuel Cabral.

Esta bella letra hímnica, refleja con exactitud magnificante, al patriota viril de profundo credo literario que encarnaba el dilecto bayamés; diríase que en cada verso, en cada verso, en cada estrofa, había volcado la diafanidad de su ternura y el oro de su inspiración.

El gobierno de la República organizó un acto para homenajear a los vencedore en el evento de letra y música, legal y oficialmente investidos como 'Himno Nacional de Guatemala" y a la vez, condecorarlos públicamente.

Pero a aquella importante reunión, solo hizo acto de presencia nuestro inolvidable Rafael Alvarez Ovalle, no así la persona autora de la bella composición literaria. Su nombre quedaba en el misterio.

Esta inesperada como rara circunstancia, engendró curiosidad en todos los círculos y abundaron las conjeturas en torno a la paternidad de tan bello poema; varios nombres de ciudadanos, dueños de merecido prestigio en el mundo de las letras, fueron barajados; habían opiniones que señalaban, como autor, al propio ministro de Instrucción Pública, licenciado Manuel Cabral; otro sector se inclinaba por el vate Manuel Valle; no faltando quien lo atribuyera a la pluma de Francisco Lainfiesta y de Manuel Paz y finalmente se aseguraba que el legítimo autor, era cierto poeta extranjero.

Los años iban pasando y aquel misterioso anonimato seguía igual.

Por fin, en 1910, para pueblo y gobierno de Guatemala, queda despejada aquella incógnita que por más de catorce años diera margen a dudas y curiosidad. Ahora todos sabrían en que el autor de nuestra letra hímnica, era nada menos que "El Trovador de Bayamo", José Joaquín Palma Lasso.

Sí, "El poeta de la amistad, del hogar y de la patria", como lo llamaba su connacional, el eximio José Martí, era el autor; valga decir que, algunos de los amigos íntimos de Palma, sabían de esa paternidad, pero en nombre de la franca amistad que los vinculaba, habíanle prometido guardar el secreto.

Descubrimiento del Autor "Anónimo" del Canto Patrio y Ceremonias de Reconocimiento.

Llegado el momento en que serios quebrantos de salud tenían postrado al poeta, y reconociendo él mismo que su fin estaba cercano, dispuso, en uno de esos momentos de conmoción espiritual que preceden a la muerte, cuando Dios absorbe la atención y la conciencia hace balance de acciones, hacer la trascendente confesión, primero a sus hijos y luego al grupo de amigos preferidos. La noticia llegó al pueblo y al gobierno, con la rapidez del rayo.

El licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de la República, emitió con fecha 15 de septiembre de 1910, un decreto en el que disponía:

"Que en las minervalias del corriente año, se otorgue una medalla de oro que llevará en el anverso: el escudo de la República y en el reverso, esta leyenda: El Gobierno de Guatemala, al inspirado poeta José Joaquín Palma, autor de la letra del Himno Nacional".

El acto en homenaje al gran Palma, se celebró en el salón de actos de la Facultad de Medicina, coincidiendo con los festejos minervalios con que clausura su labor anual.

El licenciado Manuel Cabral, en su carácter de ministro de Instrucción Pública, dio lectura al acuerdo oficial antedicho.

A continuación, el propio presidente Estrada Cabrera, ocupó la tribuna para exaltar la personalidad distinguida de José Joaquín Palma, que por su grave estado de salud no pudo recibir el homenaje.

Como su representante, envió a su hijo, Carlos Palma, quien con palabra emocionada, patentizó a las altas autoridades oficiales, el significativo acto celebrado en honor de su padre.

Finalmente, el presidente Cabrera, encomendó a los doctores José Azurdia y Julian Rosales y a los licenciados Manuel Cabral y Juan Melgar, acudieran a la casa del poeta Palma, para entregarle en propias manos, copia del decreto por el cual el gobierno le rendia homenje, y colocar en su pecho la medalla de oro respectiva.

Los cuatro distinguidos profesionales fueron llevados, por familiares del poeta, hasta su lecho de enfermo; con la brevedad que el caso demandaba, la misión fue cumplida; Palma, notoriamente emocionado y medio incorporado, recibió aquella demostración  de justo reconocimiento y patria gratitud.

Pero el homenaje que indudablemente revistió caracteres solemnes y de legítima gratitud cívica, fue el que se le tributo la noche del 23 de julio de 1911, por iniciativa de los renombrados hombres de letras, don Manuel Valle y José Vicente Martínez, y el cual el pueblo de Guatemala, sin distingo alguno, acudió ferviente y sincero, a la cita con el deber de la gratitud y la justicia.

Los intelectuales Valle y Martínez, sabedores de que don José Joaquín había entrado en crisis de suma gravedad y que le quedaban contados los días de vida, se dieron a la noble tarea de organizar una pública manifestación de cariño y admiración para aquel cubano que tanto amó a Guatemala.

Los intelectuales guatemaltecos y los más connotados periodistas, como resultado de varias sesiones celebradas en el teatro Colón, acordaron, entre otras cosas:

"Que se entregue al poeta, una corona de laurel, hecha en oro y plata.

Que para el simbólico acto, se invitara a los institutos y escuelas nacionales de ambos sexos, para que entonaran el himno nacional en el instante de coronar al poeta.

Que se nombre a un comité ejecutivo para elaborar el programa respectivo".

Este comité quedó integrado por las siguientes personas: licenciado Manuel Valle, redactor del diario oficial "El Guatemalteco"; licenciado Virgilio Rodríguez Beteta, director del "Diario de Centro América"; Antonio Palomo, director de la revista "Pasatiempo" y Francisco Castañeda, director de la revista "Centro América", vocero de la Oficina internacional centroamericana.

Asimismo fue electo por unanimidad, el licenciado José Rodríguez Cerna, para hacer uso de la palabra en el momento en que el propio comité ejecutivo procediera a coronar al poeta.

Aprobose asimismo, que sería entregado a Palma, un álbum conteniendo las actas referentes a su homenaje y un diploma conmemorativo.

"Que las ediciones periodísticas del día lunes 24, fueran dedicadas al homenaje a Palma, y que forme un folleto con todos los escritos, poesías, discursos, artículos, etcétera, relativos al homenaje, eligiéndose para la dirección de dicho trabajo, al director del rotativo "El Nacional", doctor Eduardo Aguirre Velásquez".

Y llegó el día del gran homenaje. El punto de reunion fue la plazuela del teatro Colón. Con fervor ciudadano la gente comenzó a llenar aquél lugar, y una vez reunidos: Magisterio nacional, literatos,periodistas, comité ejecutivo, institutos, escuelas normales, escuelas primarias, municipalidad en pleno, delegaciones de facultades y agrupaciones científicas, literarias, sociales, empleados públicos, comercio y público en general, se organizó el importante desfile, iniciando la marcha hacia la casa donde vivía el bardo bayamés, 10a calle poniente No. 27.

El desfile llevó este orden:

Banda marcial de Guatemala, miembros de la prensa e invitados especiales, Instituto nacional central para señoritas, Escuela práctica para señoritas, Escuela de artes femeniles, Escuela práctica para caballeros, Instituto nacional central para varones, Compañía "Estrada Cabrera" de la escuela primaria No. 1,  público en general.

Aquel torrente humano enfiló por la novena calle oriente, sexta avenida sur y décima calle poniente; durante su recorrido, escuchábanse nutridos aplausos y vivas a Palma.

A las nueve de la noche, la compacta multitud se encontraba frente a la casa del poeta enfermo, formando impresionante cuadro; seguidamente, el comité ejecutivo en cuerpo, hizo su ingreso a la mansión , siendo recibidos por Carlos y Zoila América Ana, hijos de don José Joaquín y por un grupo de amigos particulares del poeta. Una vez reunidos en la sala, fue el licenciado Manuel Valle, quien con su acostumbrada elocuencia, puso en las manos de Zoila América Ana, la bellísima corona de plata y oro, expresándole que en esa forma el periodismo de Guatemala, patentizaba su cariño, su admiración y su gratitud a su amado padre, por los simbólicos versos que engarzados en milagro de amor patrio, constituyen la letra de nuestro himno nacional; este instante de la entrega se hizo profundamente emotivo y solemne, pues en la calle, a los acordes de la banda marcial, se dejó escuchar el sagrado himno patrio.

Seguidamente el licenciado Carlos Rodríguez Cerna, con su habitual exquisitez tribunicia, pronunció meritisima elocución exaltativa al ilustre cubano y portadora de la gratitud de los guatemaltecos.

Carlos Palma, hijo mayor del aeda con su voz entrecortada por lo emotivo del momento, agradeció en nombre de su padre, a la prensa, pueblo y gobierno, las distintas muestras de afecto con que han glorificado su nombre. Tocó su turno al gran bardo José Santos Chocano, quien declamó magistralmente un significativo soneto compuesto especialmente para Palma. Afuera, las notas de una marcha, ejecutada por el cuerpo de banda, indicaban que el acto había llegado al final.

Por deseo personal del gran poeta Palma, las personas integrantes de comité ejecutivo, señores Manuel Valle, Virgílio Rodrígez Beteta. J. Antonio Palomo y Francisco Castañeda, amigos íntimos de él, fueron invitados a pasar a la alcoba de enfermo, pues quería verlos; esta preciosa oportunidad la aprovecharon para entregarle en propias manos, el álbum, la corona y el diploma, amorosa ofrenda con que el pueblo consagraba sus sienes geniales con los bálsamos de la gratitud; el licenciado Manuel Valle, el predilecto amigo de Palma, con frases conmovidas y lacónicas, hízole entrega de la ofrenda; don José Joaquín, ya sin fuerzas para incorporarse del lecho, alargó sus débiles manos para recibir la corona, luego las llevó a su pecho como respuesta de gratitud y de aquellos ojos azules y expresivos, dos lágrimas rubricaron aquel mensaje de alma, más elocuente y enternecedor, en ese momento, que si hubiese fluido de sus labios; finalmente estrechó entre sus temblorosas manos, una a una, las de sus entrañables amigos, que hondamente impresionados por el dolor de la escena, abandonaron silenciosamente la alcoba de aquel amigo hermano que días después volverían a ver reposando en lecho de ataúd.

Fallecimiento de el "Cantor de la patria"

Corre el primer día del mes de agosto de 1911; el estado del poeta se ha agravado hasta la agonía; sus acongojados hijos prodíganle los cuidados postreros; en sus rostros, dibújanse las inconfundibles huellas que marca el dolor de las irreparables pérdidas, especialmente en Zoila América Ana, que ha sido la compañera inseparable y abnegada de la enferma ancianidad de su padre amantísimo; aquel cansado organismo resiste todavía el curso de la noche; es hasta las 12 meridiano del día 2 del dicho mes, que "El Cantor de la Patria", cristianamente emprende su viaje eterno; si, José Joaquín Palma Lasso, acababa de morir. Momentos más tarde, la infausta noticia llenaba de consternación a todos los sectores del país; la casa mortuoria se torna insuficiente para contener a la muchedumbre que acude a patentizar su pena y su dolor a los dolidos familiares y a ver por última vez aquel rostro amigo del poeta muerto. Millares de personas desfilaron durante día y niche, ante el ataúd que contenía los despojos del poeta, envueltos en la insignia de la estrella solitaria, dada su alta condición diplomática, ya que al momento de su deceso, desempeñaba el cargo de cónsul de su patria Cuba, ante el gobierno de Guatemala, su patria adoptiva.

Inmediatamente el presidente Estrada Cabrera, acuerda:

"Que una comisión del gobierno presente sentido pésame a la familia del distinguido extinto; 

Que la Secretaría de Gobernación y Justicia y de Relaciones Exteriores, inviten para asistir a la conducción del cadáver al cementerio General; 

Que al entierro asistan, el Gobierno y funcionarios del Estado;

Que la oración fúnebre a nombre del gobierno, sea encomendada al Ministerio de Relaciones Exteriores, y

Que los gastos fúnebres sea erogados del erario nacional".

Por medio de elegantes esquelas, invitaban al sepelio: el Consulado de Cuba, la familia Palma y las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores. El entierro, solemne y con acompañamiento numeroso, se llevó a cabo a las 10 horas del día 3 de agosto de 1911.

Colocado el féretro, en imponente catafalco en el salón de duelo de la necrópolis, el doctor Luis Toledo Herrarte, en sentida oración fúnebre y en nombre del gobierno, exaltó la personalidad del ilustre Varón bayamés, así como el dolor que embargaba a la nación por su fallecimiento. Don Arturo Ubico hablo en nombre del pueblo de Guatemala; varias personas más, ocuparon la fúnebre tribuna para expresar su pena por la pérdida de aquel patriota cubano que, a base de cariño, rectitud y amor a Guatemala, conquistó el afecto de todo el pueblo. A las 12 meridiano, la tierra noble de Guatemala recibía en su cálida entraña, los despojos de su cantor José Joaquín Palama Lasso.

Con fecha 2 de septiembre de 1944, el primer designado a la presidencia de la república, en ejercicio del alto cargo, emitió un decreto extraordinario por el que se disponía celebrar solemnemente el primer centenario del nacimiento del insigne bayamés, el 11 de septiembre, con algunos actos importantes, mas, los sucesos de esos días, no permitieron llevarlos a feliz término. Solamente nuestra ilustre Universidad Nacional, realizó su programa respectivo en el Paraninfo Universitario por invitación del rector del Alma Mater, Doctor Carlos Federico Mora, habiendo asistido estudiantes, intelectuales, periodistas, autoridades universitarias, escolares, etcétera, invitado de honor, fue el doctor Calixto García, encargado de negocios de Cuba. Tocó al licenciado David Vela hacer la exaltación de Palma, habiendo cumplido su cometido con la exquisitez que singularizan sus intervenciones culturales.

Terminada la ceremonia, el licenciado José Joaquín Palma, nieto del recordado poeta, agradeció el homenaje, y finalmente la concurrencia, en devoto cortejo se dirigió a la casa No. 27 de la décima calle poniente, residencial donde falleciera Palma y a los acordes de los himnos de Cuba y Guatemala, fue descubierta una placa conmemorativa, con esta leyenda: "El Poeta J. J. Palma, autor de nuestro Himno Nacional, nació el 11 de Septiembre de 1844 y falleció en esta casa el 2 de Agosto de 1911. Homenaje de Guatemala en el primer centenario de su nacimiento".

Dolorosa Repatriación de los Restos de José Joaquín Palma Lasso.

En 1951, el gobierno cubano presidido por el doctor Carlos Prío Socarrás, gestionó ante el gobierno de Guatemala, la repatriación de los restos de Palma Lasso, pues es justo ─decía─ que sus sagradas cenizas reposen en suelo cubano, ya que fue luchador auténtico de la revolución libertadora.

No obstante lo justo de tal reclamación, varios sectores ciudadanos, manifestaron públicamente su descontento al respecto; el gobierno nuestro, queriendo actuar con entero apego al respecto , pidió opinión a los familiares del extinto Palma, quienes sí estuvieron anuentes con la petición cubana. En tal virtud, oficialmente el gobierno encomendó: la entrega y despedida de los sagrados restos, al Ministerio de Educación, y a la oficina de Protocolo de Relaciones Exteriores, la elaboración del programa general de dichos actos.

El día lunes 16 de abril de 1951, después de ser incinerado los restos del gran Palma, en presencia de familiares, ministro de Cuba y comisión nombrada para el efecto, la urna cineraria fue colocada sobre un armón de artillería y solemnemente conducida al seno del Congreso Nacional, donde fue colocado en hermoso catafalco ornado de negros cortinajes, rodeado de dorados candelabros y vistosas ofrendas florales enviadas por dependencias oficiales, cuerpo diplomático, círculos sociales y pueblo de Guatemala; durante 24 horas, ante esa urna continente de las santas cenizas del poeta, montaron guardia de honor: el gabinete en pleno, señores diputados, cuerpo diplomático, y consular acreditado en el país, compañia de caballeros cadetes, delegaciones escolares particulares y nacionales, magisterio nacional, miembros universitarios, miembros de la Sociedad de Geografía e Historia, periodistas, intelectuales, etcétera, y la guardia permanente estuvo formada por unidades del ejército y por pelotones de la guardia civil.

Por su parte el gobierno cubano envió una comisión de 120 personas, para recibir las preciadas cenizas del inolvidable Palma; la numerosa comitiva llegó a Guatemala, en cinco aviones del ejército cubano; figuraban en ella: el ministro de Educación Pública de Cuba, doctor Aureliano Sánchez Arango, uno de los interesados en la repatriación de los restos de tan ilustre coterráneo; coronel Alfredo Lima, representante del consejo de veteranos de la independencia; doctor Enrique Guay Calcó, consultor del Ministerio de Estado; doctor José Garcia Baylleres, doctor Miguel Ángel Carbonell, presidente de la Academia nacional de artes y letras; Rogelio y Francisco Palma, hijos del notable poeta Palma; doctor Emetrio Santovenia, presidente de la Academia nacional de historia; Alfredo Marrero, alcalde de la ciudad de Bayamo; periodistas, escritores, fotógrafos, soldados de la fuerza armada cubana y 48 alumnos de ambos sexos, de los principales planteles educativos de Cuba.

El gobierno de Guatemala, queriendo perpetuar más la memoria del insigne vate bayamés, con toda solemnidad inauguró el mismo día 16 por la tarde, la escuela tipo federación de Pamplona, con el nombre de "José Joaquín Palma"; la directora nombrada para atender dicho centro educacional, señorita profesora Elvira Escobar Quintana, en conceptuoso discurso, exaltó la personalidad del "Poeta de la amistad, de la patria y el hogar", celebrando a la vez la atinada disposición gubernativa de haber dado tan significativo nombre a dicho centro centro escolar.

El director de cultura del Ministerio de Educación Pública de Cuba, doctor Raúl Roa García, pronunció palabras de agradecimiento por tan valioso homenaje a la memoria del desaparecido poeta; el coro internormal, tuvo a su cargo la interpretación de los himnos de Cuba y Guatemala; punto sobresaliente del programa, fue la entonación, por vez primera, del himno a "José Joaquín Palma", compuesto en honor al inspirado vate bayamés, por el profesor de música, Raúl Marchena; como punto final, fue descubierta una placa de bronce, simbólica, donde aparecen la letra y música de nuestro sagrado himno, con copias auténticas de las firmas de Alvarez Ovalle y Palma.

Asimismo la radiodifusión y periodismo de la República, rindieron homenaje a la memoria de Palma, en elocuentes artículos, piezas poéticas y emotivos programas, y a la luz pública, salió una nueva reedición del libro "POESÍAS", escrito por el propio poeta Palma.

Al día siguiente, martes 17 de abril, en ceremonia celebrada en el seno del Congreso Nacional, el coronel Alfredo Lima y el doctor Aureliano Sánchez Arango, en significativas alocuciones, exaltaron los méritos indiscutibles de José Joaquín Palma Lasso, en el campo de las letras y en el patriotismo puro, sin olvidar desde luego, reconocer el profundo amor que el extinto profesó a su patria adoptiva Guatemala. Estuvo presente en ese acto fúnebre la distinguida señora Zoila América Ana Palma de Figueroa, hija amantísima en cuyos brazos expirara, 40 años atrás, en 1911, el inmortal poeta bayamés. El emotivo acto terminó con el discurso pronunciado por el diputado Marco Antonio Villamar Contreras, dando la despedida a los restos del aeda, en nombre del pueblo de Guatemala.

Inmediatamente después, la urna cineraria fue levantada del catafalco, por los ministros de Educación Pública de Cuba y Guatemala, doctor Sánchez Arango y licenciado Héctor Morgan García, por el presidente del congreso y el ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Manuel Galich; como adiós postrero a las veneradas cenizas, el público reunido entonó el himno nacional de Guatemala, con su letra original; luego la urna fue colocada en un armón de artillería tirado por un jeep del ejército escoltado por una sección motorizada de la Guardia de Honor y acompañado de un piquete de tropa con la insignia patria de luto.

El imponente cortejo fúnebre inició la marcha hacia el aeropuerto internacional de La Aurora; llegados a ese lugar, la urna fue colocada en enlutado catafalco preparado al  efecto en uno de los hangares de la fuerza aérea; seguidamente el licenciado Héctor Morgan García, ministro de Educación de Guatemala, en elocuente alocución fúnebre, hizo entrega oficial de aquellos sagrados restos, a la delegación cubana; finalmente hermosas palabras de admiración, gratitud y despedida para el inspirado vate, fueron pronunciadas por los licenciados Juan José Orozco Posadas y José García Bauer.

La urna fue conducida hacia la aeronave del Ministerio de Educación Pública de Cuba, piloteada por el propio ministro Sánchez Arango, y cuando eran las trece horas con quince minutos, las cinco naves cubanas, emprendían vuelo de retorno a Cuba, al tiempo que se les despedía con salvas de artillería y fúnebres acordes interpretados por la banda marcial; una escuadrilla de aviones de Guatemala escoltó hasta el Atlántico, a la comitiva cubana, en una de cuyas naves, iba la delegación designada por nuestro gobierno para acompañar los restos de Palma hasta su patria antillana; tal comitiva la formaban maestros, periodistas, escritores, militares, etcétera.

Los restos de Palma llegaron a su solar patrio, al caer la tarde de ese día, siendo recibidos con las formalidades de ley, en el aeropuerto militar de "Rancho Boyeros", por el ciudadano presidente de Cuba, doctor Carlos Prio Socarrás, ministros de Estado, cuerpo diplomático y consular, altos jefes militares, intelectuales, periodistas, escolares de todos los niveles, magisterio y público invitado. Miles de escolares portando banderas de Cuba y Guatemala, escoltaron la urna hasta ser colocada en imponente túmulo dispuesto en el Salón de los Pasos Perdidos. La primera guardia de honor ante aquellos restos sacros, fue hecha por el presidente Prío Socarrás y su gabinete, luego tomaron parte altos jefes militares, representantes de las distintas dependencias gubernamentales, agrupaciones sociales, cívicas, políticas, magisterio, escolares y público.

Dada la trascendencia nacional del suceso, el gobierno decretó días de duelo el 17 y 18 de abril.

Días antes de la llegada de los amados restos, el gobierno de la República, en simbólico acuerdo, había declarado "Monumento Nacional", la casa en donde nació el ilustre patricio; el día 18, la misma nave de Educación  Pública, emprendía vuelo nuevamente, con su reliquia simbólica, hacia la ciudad de Bayamo, ciudad cuna de José Joaquín Palma Lasso.

Significativos honores le fueron tributados por bayameses y los restos de aquel coterráneo ilustre, bajaban a la madre tierra que le vio nacer, ungidos por la gratitud de un pueblo que en ese instante supremo, lo investía con el título eterno de "Hijo Predilecto de Bayamo" y "Mayor general del ejército Cubano".

Antes de ser inhumadas las preciosas cenizas del poeta y patriota, nuestro inspirado vate Humberto Hernandez Cobos, integrante de la delegación guatemalteca, tributó las más exquisitas rosas de su lírica, al recuerdo y exaltación del hijo inmortal de Bayamo; y así, las santas cenizas del insigne autor de la letra del himno nacional de Guatemala, José Joaquín Palma Lasso, iniciaron su reposo final, bajo la protección solemne del hermoso monumento con que la oriental ciudad de Bayamo, rendía culto a uno de sus más preciados hijos.




Nosotros, constritos en el recinto de las remembranzas sublimes, tributamos salmos de gratitud y de cordial recordación a José Joaquín Palma Lasso, en nombre de la Guatemala a quien él llamara "Tierra de su adopción y de sus afectos".

Ojalá que estas líneas divulgativas en torno al eximio vate antillano, en cumplimiento de su civico deber, coadyuven a mantener vivo su recuerdo en el corazón de todos los guatemaltecos, y que las notas vibrantes de nuestro bendito himno nacional, sean la clarinada bíblica que resucite en la conciencia ciudadana a Rafael Alvarez Ovalle y a José Joaquín Palma Lasso, alarifes olímpicos que con mística de verbo y magia de pentagrama, fortalecieron aquellas alas patrióticas que superando vuelos de águilas y cóndores, alzaron hasta un trono de cielo, el nombre inmortal de Guatemala.

Anexo.

Nuestros exquisitos poetas doctor Werner Ovalle López y Alberto Velásquez, volcaron en sentidas estrofas, su admiración y cariño, su pesar y su culto, hacia ese Varón inmortal que con la maravilla de su numen ungió el santo nombre de la patria, y la cálida entraña de nuestra tierra consagró con el magno presente temporal de sus despojos patriarcales.

I
VIDA
(Bayamo, Cuba, 11 de septiembre de 1844)

Allá en Cuba, en Bayamo, con la frente
poblada de aleluyas y amapolas
sereno entre las alas y las olas
nació José Joaquín independiente.

Sobre sus sienes anidó un torrente
de antiguas golondrinas españolas,
y trajo entre las venas las corolas
de su alta libertad pura y presente.

Nació poeta, con el pulso herido
por un clavel de amor americano
sencillo y vigoroso y encendido,
 y en Guatemala el corazón indiano
robó a José Joaquín todo el latido
de su sonoro corazón cubano!


II
PASIÓN
(Llega a Guatemala en 1873)

Labios con savia de cañaverales
donde junto a la frase del patriota
fluía la poesía gota a gota
entre lentos suicidios de maizales.
Labios selváticos y minerales
que al encender su biología rota
hicieron otra patria con ignota
conjugación de espumas y quetzales.
Solo, como su isla originaria,
quiso llevar en peregrinas venas
una infinita llama libertaria,
y aun viviendo cívicas cadenas
halló esta tierra revolucionaria
entre sones, orquídeas y colmenas!


III
MUERTE
(Guatemala, 2 de agosto de 1911)

José Joaquín no amo la tierra inerte
sino la sed celeste de los ríos
y esa ahogada nostalgia de bohíos
que lo hiciera poeta hasta la muerte.

José Joaquín: decapitada suerte
con su himno azul y con sus desafíos;
con alma tuya van los versos míos
hasta la gloria de tu nombre fuerte.

José Joaquín: poeta y caballero
maya y cubano, libre, iluminado:
tu corazón fue cadiz y lucero.

Ahora existes tierno y apagado
con tus cenizas de jazmin viajero
y tu alto clima de crucificado!


IV
GLORIFICACION
(23 de julio de 1911, Guatemala)

José Joaquín: el verbo te inaugura
doloroso y quemante como brasa.
Queda en nosotros con tu carne pura;
vive con tu ecuación en nuestra casa
dale al himno que amaste la estatura
de tu nombre sin reja y sin mordaza,
dale a tu corazón la arquitectura
de la orquídea sin muro ni amenaza,
y siembra en tu canción la levadura
del son que naca y el quetzal que pasa!

Oye, José Joaquín, oye mis venas,
en tu cubanidad y en tus altares;
ni desechas espumas, ni cadenas,
ni soledad, ni garras militares,
ni perros rubios, ni águilas morenas,
ni anticuadas tendencias yugulares,
han de borrar tus certidumbres plenas
o tus altos afanes populares.

Oye José Joaquín, oye mis venas,
en tu cubanidad y en tus pesares!
Oye José Joaquín, amigo mío.
Si al fin te vas, te irás sin equipaje.
Dejas aquí tu lengua y tu rocio.
Tu soledad, tu sangre y tu paisaje.
Tu mar de luz, tu introspectivo río,
y hasta aquella serena sed de viaje
hecha flor de canción en tu albedrío:
si al fin te vas, te irás sin equipaje!

José Joaquín de Cuba iluminada,
Palma de Guatemala estremecida:
doble patriota con su doble espada
de doble capitán con doble vida:
aquí mi sangre desencadena
llora con llanto rojo tu partida,
ý hay un sabor de luto y puñalada
en el silencio de la patria herida...

José Joaquín de Cuba iluminada,
Palma de Guatemala estremecida!


Y este es el bellísimo poema escrito, con imágenes sublimes y olímpicos acentos, por nuestro inspirado y muy querido bardo, don Alberto Velásquez:


ADIÓS PALMA
"Yo soy un pobre viajero
desconocido y sombrío,
que hasta en aquel pueblo mío
era casi un extranjero".

─ J. J. Palma
Vengo a decirte adiós, bardo de los ojos azules,
que en el Bayamo un día lanzaste el natal vagido
y bajo nuestro cielo partiste a la Eternidad.
En nombre de Guatemala ─tuya y mía y tan nuestra─
debo dejar un beso de amor sobre tus cenizas
hoy que tu madre Cuba, tras ocho lustros de olvido,
te arranca a la otra madre que te entrañó para siempre.

Mayor que el de mi país no es el derecho cubano
sobre el patrimonio imponderable de tu reliquia.
SI HASTA EN AQUEL PUEBLO TUYO ERAS CASI UN EXTRANJERO,
nunca en éste lo fuiste, que te brindó su regazo
para que en él plantaras tu tienda de peregrino
cuando eras un árbol sin hojas y un bosque sin aves.
Si aquél te dio con la vida la alondra de tu numen,
te dio este suelo y cielo para el hogar y el ensueño,
mantillo para tu laurel, prez para tu decoro,
cripta para tus huesos dolientes y patriarcales.

Patria no son tan solo la cuna y el abolengo,
la raíz ancestral, el cordón, la ley y la sangre;
 lo es el jirón de tierra en que se cumple el destino,
en donde cada día amanece nuestra esperanza
y en donde un día amanece también nuestro sepulcro.
Eso fue Guatemala para tu afán de poeta,
un arcadia, un crepúsculo, un pan y un vaso de vino.
Frente a estos horizontes restañaste tus heridas,
te abriste paso a través de las tinieblas del alma
y alcanzaste el don sacro de la luz, que se hizo aureola
sobre tu testa y lampo de bondad en tus pupilas.

Fuiste el aeda bello, fuiste el patriarca armonioso,
tu ventura de exilio se te transformó en conquista
sin más luz y escudo que tu lira y tus cantares.
Le diste cultura, y mi nación te hizo ciudadano;
le forjaste su Himno y mi patria te hizo patricio;
sucumbiste, y mi patria se abrió para recogerte
y mi pueblo se hizo mago para resucitarte.
Mas ya que Cuba quiere glorificar tu memoria
nos arrancamos tu raíz con dolor dadivoso,
sufrimos estoicamente la cruel desgarradura
y dejamos que te lleven en alas de un velivolo,
sobre el mar que surcarás crucificado de angustia,
a la que hoy pueblo libre, era entonces tierra de siervos.

No te recibirá Cuba como a un advenedizo,
que al hijo un desagravio y al poeta un jubileo
debe quien te levanta del polvo guatemalense.
Bien está que reposes en seno de patria digna,
tú que saliste huyendo de la ignominia de antaño.
Sus brazos de poeta Martí bajará a tenderte,
reencontrarás las lágrimas puras de tu adolescencia,
te ungirás con la sangre de los héroes bravíos
y al rumor de las palmas y de los lauros excelsos
dormirás en la historia de tu nación combativa.
Di a tu país que otro vínculo indisoluble y eterno
se ha forjado este día de consternación inmensa.
Si Martí forjó aquel de La Niña de Guatemala,
en la oquedad que dejas crecerá un sauce de Cuba.
Una doncella y un árbol ─jeroglíficos bellos─
nuestra afinidad canten en el idioma caribe,
sustenten nuestra esperanza en el futuro del mundo
y salven nuestra fe de las acechanzas siniestras
poniéndonos a Dios por cima de todos los credos,
huésped divino del libro y el arado y la lira
en la penumbra vecina al alba de nuestra América.

¡Ave, Maestro de las trovas y los madrigales,
poeta de la amistad, del amor y de la patria!
Te acogiste a la mía, romántica, ingenua, hermosa,
cuando era ser poeta un privilegio de príncipes.
Las mujeres te amaron, fueron tras tu imán los hombres
y la juventud se dejó crecer alas de ensueño
cuando asistió a la cátedra de tus abejas errantes.
Eran los días de las serenatas en las rejas,
y más de una suspirante musa de carne y hueso
atisbó tu capa española a la luz de la luna
y aquel sombrero de alas anchas sobre tu sonrisa.
Fuiste una palma, ho Palma de los más santos amores,
palma de mano abierta para la dádiva dulce.
Dejaste oír tus lágrimas por el paria explotado
y tus apóstrofes contra los señores feudales.
Cantaste las maravillas de ese país fantástico,
alabaste a mi tierra como se alaba a una novia
y atenuaste tus congojas en su sedante seno.
Guatemala fue tuya, se te entregó plenamente
y tú olvidaste en ella tus nómades avatares.

Es verdad que no tienes en mi patria un monumento,
mas tampoco lo tiene Diéguez y Bernal Díaz.
Ni el héroe ni el santo se ven exaltar en simbolos,
pues mi patria aún no se ufana de perpetuar sus glorias
ni ha aprendido la solemne razón de las estatuas;
pero en los corazones tienes vida perdurable,
reminiscencias tuyas hay en los cívicos ritos
y el Quetzal ha incrustado tu pedrería en sus plumas.

¡Bardo, adiós! ¡Adiós para siempre José Joaquín Palma!
Te reclaman las hélices del aeronavío.
El amor de Guatemala y el pabellón de Cuba
te envuelven para el viaje sobre las ondas etéreas.
Suene el clarín su desolado toque de silencio,
desaten su alegría las plañideras campanas,
sus broncos monosílabos suelte el cañón gemebundo
y una gran lágrima viertan los ojos de mi patria
sobre la urna que lleva tus bienamados despojos.

ALBERTO VELAZQUEZ

ARCÓN PATRIO
Arnoldo J. Cozar
Tomo II
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación de Guatemala, C.A.
1965

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