jueves, 8 de mayo de 2014

José de Pineda Ibarra y la Imprenta en Guatemala



I

INTRODUCCIÓN

Con motivo de cumplirse el tricentenario de la muerte del impresor que laboró en Guatemala, José de Pineda Ibarra, acaecida en Santiago de Guatemala, el 2 de octubre de 1680, el Comité encargado de conmemorar dicho acontecimiento, considera de gran importancia y utilidad divulgar los hechos conocidos más sobresalientes en el trascendental quehacer de dicho impresor.

De allí emana la razón de redactar en brevísima semblanza, para darla a conocer al público en general y particularmente a los estudiantes, toda vez que no es fácil tener a mano los datos biográficos de este impresor a quien tanto deben varias generaciones que cotidianamente se superan a través de la letra impresa en nuestro medio, herencia de quien, entre más abnegado, más desconocido es en nuestro medio.

Recordemos que en el siglo XVII el milagro de la difusión de la cultura a través de la imprenta debía sentirse todavía relativamente cercano en el tiempo. Juan Gutenberg había creado la imprenta de tipos móviles a mediados del siglo XV, en Maguncia hacia 1440. De Alemania, este sistema de impresión se extendió por el resto de Europa con relativa rapidez, habiendo penetrado en España aproximadamente en 1468.

En 1539 cruza el Atlántico para establecerse la primera imprenta en la ciudad de México; a Lima, llega en 1584 y a Puebla, en la Nueva España, en 1640. Guatemala fue, por consiguiente, la cuarta ciudad, de las posesiones españolas en América que contó con imprenta según veremos más adelante, pues la obtuvo en 1660.

Lo que creemos digno de señalar, es la enorme e incalculable relevancia que la imprenta tuvo para la difusión de la cultura. Si por un momento pensamos en los meses de trabajo que a un copista le tomaba reproducir a mano un ejemplar de cualquier obra, es preciso notar la diferencia operada mediante el uso de la imprenta, por medio de la cual se podía reproducir el número de copias que se deseara en un tiempo admirablemente más corto, haciendo llegar la cultura a muchos lugares a precios más asequibles, porque las copias hechas por los amanuenses únicamente podían pagarlas determinadas instituciones o personas de amplios recursos económicos. Es por ello que nunca será suficiente insistir en los beneficios que la imprenta ha aportado a la humanidad, facilitando que la cultura, en el más amplio sentido del término, pudiera llegar a mayor cantidad de personas, lo cual es aún más verídico cuando los recursos tecnológicos cada vez más han simplificado, a la vez que tecnificado y acelerado la publicación de la impresión de libros, revistas y periódicos que circulan diariamente por millones, llevando todo tipo de información al público lector en todo el mundo, amén de material didáctico y libros de primeras letras que llegan a conocimiento de la niñez.


Fotografía de la réplica de una imprenta del
siglo XVII que se encuentra en el Museo
del Libro Antiguo, Antigua Guatemala

II

INTRODUCCIÓN DE LA IMPRENTA
EN GUATEMALA

El Reino de Guatemala vivió en el siglo XVII un periodo de gran florecimiento cultural, característico de una sociedad que habia madurado lo suficiente para producir obras de gran interés en muchos campos de la ciencia y el arte. Pudiera decirse que Guatemala comenzaba a encontrarse a sí misma, lo cual puede percibirse en la arquitectura, en la escultura, en la pintura, en la historia, en la lingüística y en la literatura. De allí que la presencia de la imprenta en Guatemala fuera vista como algo ineludible y lógico, siendo el obispo fray Payo Enríquez de Rivera el factor final y decisivo para la obtención de este importante beneficio cultural para Guatemala.

En todo caso, sabemos que muchas instituciones y personas particulares en Guatemala habían tratado de obtener una prensa de imprimir en el Reino. Sin embargo, fue fray Payo quien tomó la decisión de aportar el dinero necesario para comprar dicho tórculo y contratar al primer maestro impresor, aprovechando la experiencia y conexión que en tal campo tenía el fraile franciscano, residente en Guatemala, fray Francisco de Borja, miembro de una familia ilustre de impresores en España y la Nueva España.

Efectivamente, se comisiona a este personaje para marchar a Puebla, ciudad en donde su familia tenía establecido un taller de imprenta; compró la prensa y contrató al impresor a mediados de marzo de 1660, costando el tórculo $1538 y un real, dinero que recibió José de Pineda Ibarra de fray Borja, quien debería proporcionarle posteriormente el dinero necesario para trasladarse él y su familia, asi como la prensa, a lomo de mula, desde Puebla hasta Guatemala. De esa manera José de Pineda Ibarra viajó trabajosamente, en pleno periodo de lluvias, desde el altiplano central de México, en Puebla, hasta la ciudad de Guatemala, a donde llega el 16 de julio de 1660.




III

JOSÉ DE PINEDA IBARRA

El primer impresor venido a Guatemala, nació en la ciudad de México hacia 1629, hijo legítimo de Diego Ibarra y Juana Muñiz de Pineda, ambos posiblemente criollos o españoles americanos, pertenecientes a la clase media de la época. Su aprendizaje lo realizó en la imprenta de doña Paula de Benavides, viuda del también impresor Bernardo Calderón, así como en el conocido taller de Hipólito de Rivera. Posteriormente marcha a Puebla, ciudad en la que había un cierto auge tipográfico, en donde contrae matrimonio con María Montez Ramirez, natural de esa población, llegando a tener el grado de maestro impresor, debiendo contar con prestigio y experiencia, desde el momento en que fué escogido por fray Francisco de Borja para contratarlo y traerlo a Guatemala.

Una vez establecidos en Guatemala tanto él como la imprenta, muy pronto, pues en noviembre del propio año 1660, salió el primer impreso conocido que se haya editado en Guatemala, siendo éste un sermón predicado por fray Francisco de Quiñónez, el 4 de octubre del mismo año. En 1661 nació, ya en Guatemala, el único hijo que le sobreviviera y heredara el taller de imprenta, siendo este Antonio de Pineda Ibarra.

De la documentación conocida podemos sacar en conclusión que debió dedicarse no solamente a la impresión, sino también a la encuadernación y a la venta de obras religiosas, literarias e históricas, tanto nuevas como de segunda mano, así como a vender la obras impresas de su propio taller. Vivió y trabajó en una casa que estaba situada en los portales junto al Ayuntamiento, que había adquirido a censo de las monjas de Santa Catalina, y aproximadamente en donde se encuentra colocada una placa conmemorativa de bronce. Al otorgar su testamento el 31 de agosto de 1680, dice estar en cama y enfermo; habiendo fallecido, como ya hemos dicho, el 2 de octubre del mismo año. Del aludido testamento se desprende la pobreza en que murió este primer impresor, así como en lo relacionado con la imprenta; manifiesta textualmente lo siguiente:

"Item, declaro que dejo una imprenta aviada de todo lo necesario para trabajar y toda la herramienta que es menester para encuadernar, la cual dejo a mi hijo, el dicho Antonio de Pineda, para que gozando los frutos de ella, vaya pagando lo que pudiera de lo que debo".

De los datos anteriormente apuntados, podemos también colegir que José de Pineda Ibarra vivió poco más de cincuenta años, de los cuales veinte transcurrieron en Guatemala, habiendo llegado a ésta en su juventud, cuando frisaba los treinta años, es decir, en un momento de plenitud física e intelectual, que le capacitaron para realizar la tarea cultural que ocupó.

Infortunadamente se desconoce cómo era físicamente nuestro primer impresor, circunstancia muy usual en esa época, ya que únicamente los grandes personajes llegaban a ser retratados, por consiguiente, toda representación suya es totalmente imaginativa. Lo único que puede aportar algún dato adicional sobre su persona es la firma de complejo trazo que conocemos por alguno de los documentos por él signados, si bien la firma de su hijo Antonio es aún más complicada, como característica del periodo barroco.




IV

ACTIVIDAD DE LA IMPRENTA
DE LA FAMILIA PINEDA IBARRA

Los trabajos de impresión del primer taller editorial de Guatemala abarcaron poco más de 60 años, que corren desde 1660 hasta la muerte de Antonio Pineda Ibarra, ocurrida en 1721, desconociéndose, a partir de ese momento, el destino que tuvo el primer tórculo venido a Guatemala, pero que debemos suponer que fuera adquirido por algunos de los dueños de nuestros talleres abiertos a partir de 1715. De dicha prensa salieron importantes obras tales como Explicatio apologética, voluminosa obra de 755 folios, redactada por fray Payo Enríquez de Rivera en 1663; La Thomasiada, obra poética escrita por Diego Sáenz de Ovecurri, publicada en 1667, que consta de 261 folios. También alcanzó bastante difusión el Manual para administrar los santos sacramentos de don Nicolás Alvarez de Vega, que alcanzó dos ediciones, una de 1665, otra en 1689. Aparte de los libros, el grueso del trabajo realizado consistió en cartillas, catecismos y novenas, para lo cual los Pineda Ibarra obtuvieron una concesión de 1660 a 1667 y otra a partir de 1711; en suma, José de Pineda Ibarra llegó a publicar 69 impresos y su hijo 41, que hacen un total de 110 impresos. Asimismo, entre otras cosas, imprimían tarjetas de graduación universitaria, en las que se hacía constar los temas sobre los cuales versaría el examen de los graduados, la fecha y hora en que sostendrían la prueba; también figuraban los nombres de las autoridades universitarias y de las personas a quienes se dedicaba el acto académico.

Aparte de lo anterior ya hemos dicho que también vendían libros nuevos y usados, realizaban trabajos de encuadernación, tanto de las propias publicaciones como por encargo de particulares, lo que los hizo ser editores, impresores y libreros.

Vale la pena mencionar que los caracteres de letra utilizados en este primer taller, fueron de tipo renacentista, para cuando se había revivido las elegantes letras de tipo romano que dentro de su sobriedad guardaban gran elegancia y belleza que se siguieron usando en pleno barroco. Alguno de los trabajos, particularmente las tarjetas de graduación iban acompañadas de pequeños grabados hechos en madera que debieron ser diseñados por artistas guatemaltecos anónimos.




Luis Lujan Muñoz
Semblanza de José de Pineda Ibarra
Editorial José de pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1980

viernes, 2 de mayo de 2014

Análisis de la Letra de Himno Nacional de Guatemala (primera parte)


Facsimile del Himno Nacional de Guatemala 1896


I
INTRODUCCIÓN

Hace unos veinticinco años cuando en París estábamos, nos tocó en suerte gozar el entusiasmo y euforia de un 14 de julio, la fecha de la famosa "Toma de la Bastilla", motivo suficiente para proclamar los "Derechos humanos" ─que tan vulnerados son en nuestros días─ y que sin saber suficiente francés nos uníamos al coro general cantando "Allons enfants de la Patrie", el canto de la guerra de Rouget de L'Isle, que exalta los ánimos y hace que de las rocas brote agua cuando se escucha en el propicio momento de nuestra vida.

En esa ocasión pensábamos en Guatemala y con amigos compañeros del curso comentábamos los sucesos del 25 de junio de un año memorable; com mayor cariño, hacíamos un recuento del 20 de octubre de 1944 porque había sido el corolario de la Libertad, Igualdad y Fraternidad después de una época de aplicación de la mal recordada "Ley Fuga".

En las diferentes actividades de ese día veíamos rostros alegres, toda la gente feliz. Banderas singulares y pluralmente la de Francia, agitadas por el viento; la policía, los soldados, el idioma, los gustos dietéticos y muchas otras cosas nos llenaban de tristeza por que no eran las nuestras. Por consiguiente, produjeron el milagro de hacernos meditar en la soledad de nuestra alcoba lo que quiere decir la palabra patria; porque aunque estábamos contentos festejando una efemérides universal no nos sentíamos felices al comprender que todo lo que sucedía, todo lo que veíamos, todo lo que alrededor nuestro pasaba, no pertenecía a nuestras vidas.

Reflexionamos entonces sobre el verdadero significado de la palabra patria y nos condujo aún más lejos al profundizar el contenido literario y filosófico de nuestra canción patriótica "EL HIMNO NACIONAL DE GUATEMALA"; regularmente lo cantamos cual si fuera una marcha fúnebre, sin analizar el contenido de una letra que encierra grandes conceptos y que cada uno de ellos es una cátedra de civismo o de estudios sociales, cuando éstos se toman en el engranaje que corresponde al anonimato del autor que por largos catorce años guardó silencio, escuchando su obra maestra escrita con gran patriotismo al amor de su segunda patria y el recuerdo de la tierra que lo vio nacer.¹

Todos sabemos que la palabra "Himno" se deriva del griego "HYMNOS" que quiere decir canto, y que era considerado como un cántico en honor de la divinidad o de los santos. Entre los antiguos el himno era un poema en honor de los dioses o de los héroes y el himno nacional de todo país no es sino un canto popular a nivel nacional, Todo esto es una manifestación de entusiasmo, objeto que lo provoca y por consiguiente, se escriben muchos himnos de acuerdo a los diferentes momentos anímicos y necesidades que se presenten.

Himno en sentido general, es la expresión del sentir de una comunidad, de un pueblo por el deseo de proclamar a los cuatro puntos cardinales las ansias de libertad, prosperidad, de grandeza, de entusiasmo, de exaltación, de todo lo mejor que da la tierra que nos vio nacer, que nos cobijo en la niñez y la juventud o adultez, donde vivimos trabajando para su engrandecimiento. Esta tierra grande o pequeña, pobre o rica, se llama patria y también recibe el nombre de Hogar, que quiere decir hoguera o fuego, porque representa la llama del cálido amor, de algo que es invalorable.

Existen muchas clases de himnos que se ejecutan o cantan en diferentes formas y ocasiones; en distintos momentos de la vida del hombre; de instituciones en actividades sociales; otros, son dedicados a establecimientos educativos, civiles, religiosos, militares; también para determinados símbolos, emblemas y actividades específicas como los dedicados a la Madre, al Padre, al amor, al árbol, a los caudillos y muchas otras cosas.

Alguna personas ─mal informadas o por ignorancia─, sostienen que "X"himno es el primero del mundo y que "Y" es el segundo sucediéndole "Z" y así sucesivamente, sabemos y estamos convencidos que ninguno está autorizado para hacer esta aseveración. Nos hemos permitido mencionar esto, porque sabemos que cuando se trata de un Himno Nacional, en sentido general, decimos que todos son bellos y que estos representan específicamente, el sentir de un pueblo de donde son originarios y son parte de una oración patriótica. Esta es una de las razones por lo que lo HIMNOS NACIONALES NO SE APLAUDEN, y se escuchan con respeto, casi con veneración, porque sin ser un cántico teológico, los himnos son considerados como "Cantos populares sagrados", que merecen toda la debida atención y devoción más grande para ejecutarlos, cantarlos y escucharlos.

Ahora, sí decimos: entre los bellos y completos por su contenido literario, ─aunque es un poco largo─, se encuentra el canto patriótico de la República de Guatemala, que nos es posible analizar e interpretar en su contenido como cátedra pedagógica en cuatro grandes conceptos:²

1.─Guatemala antes de la Independencia y su incierto futuro;
2.─Guatemala en su independencia y los promotores de ésta;
3.─Los símbolos patrios de Guatemala y el valor de sus hijos; y
4.─Posición geográfica de Guatemala y profecía de su futuro.



PRIMER CONCEPTO

GUATEMALA ANTES DE LA INDEPENDENCIA
Y SU INCIERTO FUTURO


II

"¡Guatemala feliz...! ya tus aras
No ensangrienta feroz el verdugo";

fueron los versos originales del poeta anónimo que cantaron en "premiere" mundial, la noche del domingo 14 de marzo de 1897. Más tarde, en el año 1934, estos versos los sustituyeron quedando así:

"¡Guatemala feliz...! que tus aras
no profane jamás el verdugo";

El gramático y gran mentor guatemalteco don José María Bonilla Ruano sin duda alguna embelleció la expresión literaria y respetó "Guatemala feliz..."

Nos permitimos hacer la presente interrogación: ¿Por qué el autor de la letra permaneció tanto tiempo en anonimato y por qué escribió puntos suspensivos después de feliz? La contestación a esta pregunta fácilmente la puede obtener cada uno que lea este análisis o lo tome como modelo para dictar una conferencia en la cátedra cotidiana de la vida. Gramaticalmente sabemos el uso de los puntos suspensivos; aún así, nos formulamos las siguientes preguntas: ¿Era Guatemala feliz antes de la independencia? ¿Fue Guatemala feliz después de la independencia? ¿Es Guatemala verdaderamente feliz en la actualidad?

"...que tus aras no profane jamás el verdugo". La conclusión de estos primeros versos son un índice acusador a todas las dependencias gubernamentales, privadas, jurídicas y sociales. Por cuanto en la escuela nos hablan del "ALTAR DE LA PATRIA", pero nunca nos dicen en que consiste este altar, que es ara del sacrificio en donde otrora sucedieron muchas cosas en holocausto de un ideal renovador, de una Patria Grande.

Principiamos por el HOGAR. Este lugar es un ara en donde la madre es el santuario de la educación maternal tradicional, el padre el sacerdote que colabora y guía esta educación; y los hijos, los feligreses que reciben todo esto. Si alguno de ellos falla en impartirla o recibirla, son los primeros "verdugos" de la Patria que señalan los dos versos que inician nuestra canción patriótica.

En segundo lugar. LA ESCUELA. Si en este templo del saber cada maestro en el altar educativo de su clase no imparte bien la cátedra según el contenido de ella, automáticamente se convierte en un "verdugo" de la educación; y de la misma forma si los alumnos no actúan como debe ser, también son "verdugos" de esta educación y por consiguiente, "verdugos de la patria".  

Las universidades tienen tantos altares como Facultades existan y éstas tendrán tantos altares como Departamentos y cátedras se impartan; también las oficinas administrativas pasan a ser parte de este complicado engranaje del señalamiento de los primero versos del Himno Nacional de Guatemala.

¿Cuántas veces los necesitados de algún trámite oficial llegan a suplicar ser atendidos y los empleados en lugar de servir al momento como debiera serlo, se ocupan de otros menesteres tales como leer la prensa o revistas; otras se hacen el manicure o se les oye contar la vida y milagros de las intimidades del día anterior; si es lunes, lo sucedido el fin de semana; otras tejen o bordan escuchando su radioemisora favorita en lugar de cumplir con su trabajo de la oficina respectiva. Todos ellos también pasan a ser parte de los "verdugos de la Patria", porque mancillan el altar patrio del trabajo encomendado.

Como un axioma, véanse o mejor dicho, léanse u óiganse las informaciones de prensa, sobre la actuación de muchos empleados mayores y menores que primero ven sus propios intereses, olvidándose de los que pagan para que ellos devenguen jugosos sueldos. También ellos son "verdugos" de Guatemala por no cumplir a cabalidad con sus obligaciones...

....Un último caso y por eso será notorio. Todo aquel que acepta un empleo sin estar capacitado o preparado para él y poderlo desempeñar con responsabilidad, automáticamente se convierte en un "verdugo" que profana el ara de la Patria, porque no cumplirá a cabalidad con el compromiso patriótico de la obligación que se le ha confiado.

¿Cuántos casos más podemos enumerar? En el siguiente numeral concluiremos el primer cuarteto con los dos versos que faltan del análisis del primer concepto.

III

"Ni hay cobardes que laman el yugo,
Ni tiranos que escupan tu faz".

Estos eran los versos adoptados por acuerdos Gubernativos de 28 de octubre de 1896 y 19 de febrero de 1897. Luego, con la reforma cantamos:

"ni haya esclavos que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz". 

En lo antes dicho, por haber tenido que dar referencias históricas de lo que es un himno y sus diferentes características y clases, solamente logramos escribir sobre los primeros dos versos del primer cuarteto de la primera estrofa y ahora continuamos con los últimos dos que encabezan este análisis. La relación de estos versos, tanto el primitivo como el reformado guardan mucho en común y la única palabra cambiada es "cobardes" por "esclavos". ¿Cuál de las dos versiones es más dura y se ajusta a la realidad de nuestra vida cotidiana?

La verdad sin cortapisas es que tanto daño hace un pueblo que es cobarde como el que es esclavo; y más aún, todo aquel que se convierte en verdugo patrio traiciona la libertad patria como el que actúa como esclavo de determinada doctrina política, religiosa, social, partidista y todas aquellas diferentes corrientes que se han creado con el correr de los años como ruptura de una equívoca liberación.

Todos los que trabajamos en la docencia sabemos que los primeros esclavos del deber se supone que somos los maestros porque prácticamente estamos ubicados como emparedados entre dos fuerzas poderosas: la dictadura de los de arriba y la dictadura de los de abajo; y por que prácticamente muy pocos recuerdan nuestra obra y fácilmente olvidan  los beneficios adquiridos con la educación sistemática. No está demás hacer ver que, los niños mimados en ciertos hogares, inmediatamente se convierten en tiranos de sus de sus padres que aceptan órdenes como obedientes esclavos. Como una coincidencia, ¿sucede esto en la escuela actual?

La violencia de nuestros días en Guatemala, también es secuela productiva de la esclavitud de la extrema derecha y esclavitud de la extrema izquierda. Una vez más los centristas quedamos como carnada de un exquisito emparedado para sufrir las consecuencias de las dos doctrinas en el momento de la fuerza inflexible del poder de una de ellas.

Con la evolución educativa que en algunos lugares se ha operado vertiginosa y en otros pausada y lentamente, casi se ha perdido el contenido de estos dos versos porque tanto en una corriente como en otra, sus seguidores no son libres de pensar y razonar teniendo que obedecer ciegamente el mandato del "jefe" que los gobierna en dos polos completamente diferentes en el mundo de los contrarios de que nos habla Platón.

Las fuerzas poderosas de la Edad Media, la Cruz y la Espada han perdido su poderío e influencia en un crecido número de supersticiones y sumisiones respectivamente; solamente siguen en pugna las fuerzas astutas de la ambición personal o de la obediencia ciega de corriente singular específica. Sólo aquellos que son creadores o innovadores de fertilizantes ideas se salvan de esta esclavitud por que no son seguidores y pasan a ser los hombres libres que rechazan y rechazarán los mandos tiránicos que ambos mandos ordenan y que terminan por escupir y manchar terriblemente la faz irredenta de la Patria. El primer cuarteto completo dice así:

"¡Guatemala feliz...! que tus aras
no profane jamás el verdugo;
ni haya esclavos que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz".


 IV

"Si mañana tu suelo sagrado
Lo amenaza invasión extranjera
Tinta en sangre tu hermosa bandera
De mortaja al audaz servira".

Este cuarteto es tan complejo que la mayoría lo interpreta como invasión por medio de las armas de una potencia extranjera y se olvidan que invasiones hay muchas a nivel  intelectual y cultural como se conocen en el mundo de los valores del hombre, particularmente los económicos, sociales, religiosos y artísticos.

Los versos que inician esta página son los originales del poeta anónimo, veamos el contenido de los de la reforma 1934, éstos dicen así:

"Si mañana tu suelo sagrado
lo amenaza invasión extranjera,
libre al viento tu hermosa bandera
a vencer o a morir llamará".

Una vez más encontramos que los versos originales son demasiado fuertes, pero con la reforma, estos versos se embellecieron y en sentencia condicional siguen siendo acusadores de nuestras acciones buenas o malas, en bien o en contra de nuestra patria.

Veamos: la invasión de nuestro país es más notoria en el nivel cultural, ejemplos: la degeneración de las tradiciones y costumbres; el idioma, las lenguas vernáculas, los valores económicos, sociales, artísticos, religiosos, hábitos y muchas cosas que pertenecen a nuestros antepasados y ahora casi los desconocemos completamente porque han sido borrados del mapa nacional por fuerzas poderosas e intereses mayores que los nuestros.

"Viajar es vivir", decía un gran filósofo y estamos de acuerdo con esta afirmación; pero también decimos: "Viajar es morir", porque cada país que uno visita deja cierta nostalgia y un recuerdo. En cada recuerdo se va desintegrando para bien o para mal, el corazón de cada persona.

...Los guatemaltecos nos inclinamos a imitar lo que nos proporcionan culturas más avanzadas y algo asimilamos de lo bueno y práctico de estas culturas. ¿Quiénes son culpables de todo este desbarajuste? Solamente hay una contestación: nuestras autoridades educativo-culturales al prestar oídos sordos  a la terrible invasión teatral de radio y telenovelas importadas tanto del norte como del sur del continente americano. ¿Acaso en nuestra patria no contamos  con grandes artistas de teatro y directores que podrían hacer cosas mejores en escena viva que las importadas en "videotape"? Contamos con buenos maestros de teatro como Rubén Morales Monroy, Victor Hugo Cruz y César Avilés, para no citar más que tres; de cada uno de ellos sabemos y conocemos su titánica lucha para poder sobrevivir en este mundo de incomprensión artística.

Sabemos que nuestro pueblos necesita entretenimiento, pero entretenimiento sano; también sabemos que contamos con elemento suficiente para proporcionar este goce estético y evitar que en el teatro nos sigan invadiendo obras extranjeras de poco valor en su contenido cuando las nuestras son mejores; algunas de ellas, obras clásicas que pueden ganar universalidad por su contenido altamente educativo y humano. Gustosos aceptamos que nos den obras de los grandes clásicos universales porque estamos convencidos de que ésta es la única manera de hacer escuela y adquirir verdadera tecnica teatral. Tanto de versos "Lo profana invasión extranjera"o "lo amenaza invasión extranjera", hay mucho que decir.


V

En el campo de la música la invasión extranjera es aún fuerte, por cuanto hacemos propaganda gratuita a países que no la necesitan con imitaciones de su música singular. Todos estos países con recorrer de los años han cultivado y desarrollado su propia personalidad nacional y se definen patrioticamente por el contenido de su mensaje. ¿Por qué nos hemos olvidado del instrumento nacional de Guatemala que es la Marimba? Sabido es que los mejores ejecutores de este instrumento los produce Guatemala y los óptimos son del occidente del país. Gracias a maestro Galeotti Torres, el monumento a nuestro relegado instrumento hablará a las generaciones venideras.

Recordamos nuestra niñez pensando en aquellas bellas canciones que nacieron a raíz del triunfo de la llegada de Oscar Morales López en su famosa "Quetzal". Posteriormente el primero y doloroso accidente aéreo del Callejón de Huérfanas, que trajo consigo muchas canciones dedicadas a Chinto Rodríguez Díaz³ y que han pasado al olvido por ignorancia o negligencia de nuestras autoridades educativo-culturales de esa época al no preocuparse de estimular ese género musical de creatividad guatemalteca.

En el gobierno del General Lázaro Chacón, si no hubiera sido por el gobierno alemán o compañía alemana que estimuló "El Ferrocarril de los Altos", Domingo Betancourt hubiera sido olvidado también. Todos sabemos que la política es terrible; por eso mismo nos permitimos decir que no importa que el General Jorge Ubico haya sido el dictador de los 14 años, pero... ¿por qué no se desempolva y resucita el "Número 5"? Esta marcha no tiene nada que envidiarle a las extranjeras porque no sólo es mensaje indoguatemalteco, sino también representa la historia política de Guatemala.

El maestro Jesús Castillo, etnologista guatemalteco, compuso la "Oda a la Liberación de Guatemala" (1920, como triunfo del movimiento unionista); el maestro Oscar Castellanos Degért, "La Luz Negra" (1940, como producto de la dictadura ubiquista); y el maestro Benigno Mejía Cruz, "El 20 de Octubre" (1944, descripción de los sucesos revolucionarios de la época). Estos tres poemas sinfónicos debieran ser conocidos por todos los habitantes de la república de Guatemala y porque también son obras que servirían de estímulo a nuestros estudiantes de música y de modelo de lo que debe hacer para ganar personalidad y estilo nacionalista, porque las copias o imitaciones siempre resultan un fracaso.

Las canciones para niños, de Tita Corina y Jesús María Alvarado ─pioneros de las canciones guatemaltecas para niños─, son obras que merecen reconocimiento y estímulo. Aunque muertos, su música debe vivir porque son la expresión enigmática y triste de nuestra raza, porque así la tomaron los invasores que nos subyugaron; pero en cambio si aceptamos la invasión extranjera de la mala caricatura de "Mariachis", cumbias y muchas otras formas musicales que han servido para evitar la escasa producción popular creativa que tenemos por falta de estímulo nacionalista.

En los últimos años tenían que invadirnos los "hippies" para trastocar el uso de nuestros bellos trajes vernáculos. Se ha perdido la elegancia de un buen "huipil"y con muchas raras excepciones, las "enaguas" y "mengalas" de nuestras cobaneras y quetzaltecas. ¿Por qué si hemos de imitar lo que nos dan otras culturas no tomamos como modelo el amor de las "tehuanas" que no dejan morir sus tradiciones y usan sus trajes toda vez que es posible, de acuerdo con las diferentes ocasiones? La invasión extranjera del mundo de los valores es mucho mayor que la nacionalidad y amor de nuestro pueblo.

Que nuestra bandera sea mecida por el viento y que nos haga sentir ese amor que otros ciudadanos sienten por su patria; que seamos dóciles a doctrinas extremistas para no caer dentro del contenido del segundo cuarteto de la primera estrofa del Himno Nacional de Guatemala.

Con fuerza el "coro" reafirma el entusiasmo del pueblo al cantar:

"Libre al viento tu hermosa bandera
a vencer o a morir llamará;
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será".

Así termina en contexto de estos versos y que si pudieran ser razonados y asimilados por todos nosotros, logramos en un futuro no muy lejano, la Patria Grande que muchos grandes hombres han soñado y que por miopía de unos y maldad de otros, siempre hemos tenido una invasión extranjera en  el mundo de los valores del hombre.

FIN PRIMERA PARTE


Análisis de Himno Nacional de Guatemala
Manuel Alvarado Coronado
─CENALTEX─
Centro Nacional de Libros de Texto y Material Didáctico
"José de Pineda Ibarra"
1989


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NOTAS

¹ Se refiere el autor al maestro José Joaquín Palma, cubano, autor de la letra original del Himno Nacional de Guatemala, quien en adelante se denomina en esta obra como "anónimo", porque de esa manera firmó el trabajo que entregó a la junta calificadora, ya que por ser de nacionalidad cubana (Hecho prohibido por los requisitos de participación en el concurso, que exigían que los participantes fueran exclusivamente de nacionalidad Guatemalteca) y también por ser parte integrante de la misma junta calificadora (este último hecho poco conocido), no se atrevió a firmar con su nombre la propuesta de letra de su autoría.

² En esta entrega dividiremos el trabajo en dos partes, la primera con la introducción y el primer concepto y la segunda con el resto de conceptos y material anexo.

³ Se refiere el autor al Piloto Coronel Jacinto "Chinto" Rodríguez, quien falleció en el primer accidente aéreo de nuestro país, ocurrido en el callejón de dolores, actual novena calle "A" el 28 de septiembre de 1929 al caer el primer avión de nuestro país llamado "Centroamerica". Iba acompañado del Lic. José Luis Balcarcel, Secretario de la Comisión de Límites; el niño Carlos Montano Novella y el Ing. Julio Montano Novella, en ese entonces Cónsul de Guatemala en Nueva York. Todos excepto el Ing. Montano, perdieron la vida en aquel accidente.

Primer accidente aéreo en Guatemala




domingo, 20 de abril de 2014

El Cristo del Hermano Pedro (La leyenda del Señor Sepultado de Santa Catarina)



El Cristo del Hermano Pedro

Rafael del Llano estaba exhausto aquella noche. Luego de un día de intenso trabajo conducía al paso, por la calle del Teatro, el landó de alquiler del cual era cochero. Era viernes. La noche de un viernes santo ya bastante avanzada. 

Después de trasladar a dos ancianas rezagadas hasta la calle del Seminario, regresaba a los establos de Schumann a rendir cuentas al patrón y guardar el landó. Como caminaba hacia el barrio de Santa Catarina, dobló en la esquina de la iglesia de la Merced y enfiló por la calle de la Esperanza.

Rafael, además de cansado, se sentía triste. Aquel ambiente impregnado de incienso y aroma a flor de corozo, pesaba sobre su espíritu, como el fanatismo místico sobre la ciudad. Silencio absoluto. Calles solitaria y oscura. Escuchaba tan sólo el ruido de herraduras del caballo que se estrellaban en el empedrado.

Atravesó la calle de La Concepción, y vio la hora en uno de los relojes de la Catedral.

─Hay razón para estar cansado ─musitó─ si son ya más de las once.

Y prosiguió su camino por la misma calle. En su mente bullía el recuerdo de los acontecimientos del día: había transportado a muchas personas a las distintas procesiones que recorrieron los barrios y las calles de la ciudad, sobre todo el Santo Entierro de Santo Domingo, a donde más gente se vio obligada a trasladar. En verdad estaba impresionado con esta última por su sobriedad, el silencio de los cargadores y la inmensa tristeza del cristo yacente. Además, era la procesión de su barrio. El vivía en el callejón del Carrocero. 

Ese año ─seguía pensando─, por primera vez en mucho tiempo, el Señor Sepultado de la iglesia de Santa Catarina no había salido en procesión. Se decía que muchas habían sido las causas: falta de dinero, de organización… en fin… ¡Qué sabía él! Su desolación era mayor aún porque además de cargarlo, le profesaba una fe inmensa.

¡Ah sí! ─se decía─, Qué milagroso es el sepultado de Santa Catarina. Recordaba que cuando niño, su abuela le había contado la historia del Señor que remontaba a Santiago de Guatemala, mucho tiempo antes del terremoto de Santa Marta.

Le había relatado que una noche el Hermano Pedro se encontraba rezando a los pies del crucifijo, en una iglesia cuyo nombre había olvidado.¹ 

Era ya muy tarde –había dicho su abuela-, pasaba la media noche… y cuando más arrobado se hallaba en su oración el Santo Hermano, escuchó la voz del crucificado que le decía:

─Pedro, hijo mío, quiero ser sepultado en el coro bajo de las Catarinas.

El Hermano, sin titubear, se dio vuelta y recibió la imagen sobre sus hombros y salió muy despacio a la oscuridad de la noche. El peso del crucificado doblegaba su espalda. Por ser la imagen más alta que él, se vio obligado a arrastrarle los pies por el empedrado de las solitarias calles de la urbe. Así después de largo y penoso recorrido, llegó al Convento e iglesia de las Catarinas. Las monjas lo esperaban con cirios encendidos a lo largo del templo. En el coro tenía ya preparada una urna que acogería al Señor. Allí lo depositó el Hermano Pedro, con sumo respeto. (Testimonio de ese milagro eran las raspaduras hechas cuando lo llevaba en hombros y que la imagen todavía presentaba después de tantos y tantos años. Rafael las había visto y aún palpado). 

Según su abuela, aquel suceso había estimulado a miles de fieles a acercarse a adorar al crucificado que había querido ser sepultado en aquel lugar. 

Después de los terremotos de Santa Marta –concluían sus recuerdos- el Señor fue trasladado a la Nueva Guatemala y colocado en una capilla de la iglesia del Convento, que las monjas Catarinas habían mandado levantar, y donde hoy se encontraba.

Abstraído en estos pensamientos, después de pasar junto al callejón del Manchén, llegó a la calle Real y la atravesó. Poco faltaba para llegar a su destino.

De golpe, las notas fúnebres de una marcha le hicieron volver en sí y buscar el lugar de donde provenía.

─¡No es posible!  ─exclamó─ la procesión de Santa Catarina… ¡Y tan tarde! ¡Pero si me dijeron que no saldría este año!

En efecto, a lo lejos veía Rafael, viniendo de la calle del Olvido y doblando la esquina del convento de las Catarinas, rumbo al templo, el anda en que descansaba la urna de oro y mármol del Señor Sepultado. Una banda de músicos marchaba tras ella. Abriendo la procesión, los ciriales llegaban ya casi hasta la puerta del templo, y luego dos columnas de cucuruchos con túnica negra y velas encendidas en las manos caminaban silenciosos y con lentitud a la vera de la calle…

¡Si camino rápido ─se dijo el cochero- alcanzaré la bendición! El anda ya está llegando a la iglesia, pues oigo ya el arrastrar de las horquillas de los cargadores y las notas de la banda… el Señor ya está en el atrio… ¡tocan la granadera...!

Y apresurando el paso de su caballo, salvó veloz las dos cuadras que aún le faltaban. Al llegar al atrio del templo su espanto fue tremendo… ¡no había nada! ¡la procesión había  desaparecido! 

Un viento fuerte se levantó y en su furia hizo tronar las campanas de la torre. El tañido se fue rebotando en el silencio de la noche.

Rafael, clavado en el coche, como una estatua, no acababa de comprender. Un sudor frío bañaba su rostro y un compulsivo temblor sacudía su cuerpo, hasta que cayó desfallecido en el pescante del landó.

El caballo, ya sin dirección y siguiendo su instinto, se encaminó a los establos de Schumann, ubicados en la calle posterior del templo.

A la mañana siguiente encontraron el landó en el patio central con el cadáver de Rafael del Llano en su interior, horriblemente crispado.

Y, desde entonces, el señor sepultado de Santa Catarina jamás volvió a salir en procesión.²


Notas:
¹ De acuerdo con la tradición oral de la ciudad de Antigua Guatemala y con las leyendas piadosas atribuidas al Hermano Pedro de San José de Betancourt, el hecho aquí narrado sucedió en la iglesia de El Calvario en La Antigua Guatemala, frente al Cristo Crucificado que se encuentra bajo el coro. 
Recuérdese que el Hermano Pedro, por ser terciario franciscano, vivió largos años en ese lugar.

² Conmemorando los 200 años del traslado de la imagen a la Nueva Ciudad de Guatemala en el Valle de la Ermita ocurrido en el año 1809, Un viernes santo 3 de abril del año 2009, El Señor Sepultado de Santa Catarina sale de nuevo a recorrer la calles y avenidas del Centro Histórico de nuestra hermosa ciudad.

Viejas Consejas:
Sobre Santos Milagrosos y Señores de los Cerros
Celso A. Lara Figueroa
© Litografías Modernas 1995 ®

lunes, 14 de abril de 2014

Jesús Nazareno de las Tres Potencias

Jesús Nazareno de las Tres Potencias
Foto: procesionesdeguatemala.com

JESÚS NAZARENO DE LAS TRES POTENCIAS
Iglesia de la Santa Cruz del Milagro, Parroquia Vieja.

Esta sagrada escultura data del tiempo de la Colonia, durante un tiempo se atribuyó al escultor Quirio Cataño sin embargo investigaciones recientes indican que es obra del maestro escultor Don Alonso de La Paz y Toledo quien la burilara en 1667.

De La Paz y Toledo no encarnaba sus obras por lo que la encarnación de dicha imagen estuvo a cargo del maestro dorador Joseph Mazariegos.

Estuvo originalmente en el Oratorio de San Felipe Nery en la muy noble y muy leal Ciudad de Santiago de Los Caballeros de Guatemala.

En 1737 se funda la Cofradía de la Santa Pasión y dan inicio sus cortejos procesionales, los cuales se realizaban el Domingo de Ramos.

Dicho cortejo procesional era organizado por caballeros de la alta sociedad, razón por la cual la sagrada imagen del Nazareno de La Escuela de Cristo también era conocida como “Jesús Nazareno de Los Nobles.”

Jesús Nazareno de las tres Potencias por el
Maestro Luis Alberto de León de León
En 1779 Es trasladada a la Nueva Guatemala, siendo llevada al nuevo templo de La Escuela de Cristo, erigido en lo que hoy es la 4a. Av. y 7ª Calle en el Centro Histórico. 

EL nuevo templo quedó establecido y de inmediato se establece la mañana del Jueves Santo para volver a sacarle en solemne procesión.

En 1882 el Gobierno Liberal de Justo Rufino Barrios suprime la orden de los Padres Filipenses, los expulsa del país y expropia el terreno que ocupaba el templo y convento ordenando que fuesen demolidos hasta sus cimientos.

Todos los bienes de la orden fueron dejados literalmente en la calle... Por lo cual personas piadosas tomaron la medida emergente de colocar temporalmente al Nazareno de Los Nobles en el templo de Santa Catalina.

El 18 de Septiembre de 1884 es trasladado a la Ermita de Nuestra Señora de la Asunción a donde había sido llevada la reliquia de La Santa Cruz del Milagro. 

Por tal motivo dicha Ermita pasó a convertirse en el templo de la Santa Cruz del milagro.

El Lunes Santo de 1896 se realiza su primer procesión en la Nueva Guatemala. 

En el año 1917 se le dio el nombre de “Cristo de los Pobres”. Título que se fue perdiendo en el tiempo...

El Resplandor estilizado que esta tricentenaria imagen porta sobre su cabeza es de un estilo muy particular conocido como “Potencia” el cual está formado por tres destellos, que representan las tres virtudes de la Santísima Trinidad; Padre “Creacion”, Hijo “Redención”, y Espíritu Santo “Santificación”.

La sagrada imagen adquirió el título de “Jesús de Las Tres Potencias” en alusión a dicho resplandor y es con este título que aún se le rinde culto de veneración.

En 1924 se forma canónicamente la hermandad de Jesús Nazareno de Las Tres Potencias, entidad encargada de su culto.

Y en el Lunes Santo 10 de Abril de 1960 se estrenó su marcha oficial “Ternura Infinita” inspiración del Presbítero Julio González Celis.

Oscar G. Ortiz 
http://www.cuaresmaysemanasanta.com/jesusdelastrespotencias.html

viernes, 11 de abril de 2014

La Marimba, Parte 2, Construcción de la Marimba

Construcción de la Marimba, Los Hermanos Rosendo Ernesto y Mario Roberto 3ra. generación de constructores.
Foto esQuisses.net

LA MARIMBA
Parte 2

CONSTRUCCIÓN DE LA MARIMBA

No es tarea fácil hacer una marimba y su fabricación constituye una industria especialmente localizada en Guatemala, de donde se exportan a México y al resto de Centroamérica.

Se usa para las teclas una madera preciosa y de gran sonoridad, el hormigo u hormiguillo (Platymiscium dimorphandrum Donn), del que vulgarmente se distinguen dos variedades, el hormigo blanco y el negro. Según nuestro músico Mario Valverde¹, debe emplearse hormigo hembra pues el hormigo macho no raja parejo, por estar lleno de nudos, debiendo las tablillas o teclas ser rajadas a machete y no cortadas con sierra, porque en el segundo caso no soportarían el golpe repetido de las baquetas. Idéntico suministra Kurt Severin²; "Tengo la convicción de que la fabricación de marimbas es uno de los trabajos más difíciles imaginables en el ramo de la construcción de instrumentos musicales pues aparte de la pericia y de la experiencia del operario, se requiere un conocimiento profundo  del material empleado, el que se encuentra en muy pocas o a la vez muy apartadas regiones únicamente. Por ejemplo, para la hechura de las tablillas, el maestro busca en las lejanas montañas de Guatemala la madera del árbol conocido con el nombre de hormigo, la que debe cortarse en cierta estación del año para que sirva a lo que se destina. Su grano o hebra debe ser finísima y recta, y después de cortada la madera, se pone a secar al aire, por lo menos durante dos años antes de que se pueda emplear en la fabricación de tablillas tonales", lo cual se hace ─agrega─ con una azuela famosísima, cuyo golpe debe calcular el maestro para que el grosor se ajuste al sonido, nota y registro que cada una debe ocupar en el instrumento, sin astillarla ni dejarle cualquier otro defecto, so pena de repetir su difícil trabajo. se afina la tablilla a golpes de azuela y luego se pule, raspándola con una concha de mar, hasta que los poros de la madera se cierran de tal modo que el tono logrado no cambie durante muchos años de uso. El doctor Jorge Castañeda Paganini³ dice al respecto: "La tarea de afinar la marimba, sea cuando se construye un instrumento o cuando, según el clima, cambia el tono de los teclados ─baja o sube─, necesitan buen conocimiento de la calidad de la madera que se usa"; rebajando el centro o cualquiera de los extremos de la tecla se cambia su tonalidad, aparte del del recurso ocasional de aditar un pedazo de cera debajo de la tecla para bajar el tono. Algunos hacen las teclas de "granadillo" (Amerimon Granadillo).

Afinando las teclas de una marimba

Las baquetas se fabrican con varillas de huitzicil, (Sandoval escribe huisisil), material empleado antes por los indígenas para sus flechas, duro y flexible, enrollándoles capas de hule (castilloa elástica), hasta dar al masillo el grosor requerido para percutir en los diversos registros de la marimba; también es variable el grado de flexibilidad de las varillas, según se destine a tocar los bajos, el centro o el tiple del instrumento. En el departamento de San Marcos se sacan las baquetas de un árbol llamado palo santo y también guachipilín (Diphysa Rubenoides), cuya ramas delgadas son muy fuertes y flexibles.

No menos laboriosa y delicada es la fabricación de los cajones, con tablillas de cedro o de ciprés muy lisas y pulidas, sin nudos, astilladuras u otros defectos, de forma trapezoidal para ensanchar el cajón hacia su base, la cual se cierra en forma de pirámide invertida; mas también hay cajones que se ensanchan en forma cilíndrica que copian o recuerdan los tecomates de la primitiva marimba, y que algunos llaman pumpos. El largo y diámetro de los cajones va en disminución, de los bajos al tople, como los tubos de un órgano y su recogida boca cuadrangular en la parte superior, queda suspendida por debajo del centro de la tecla correspondiente.

Cajón de marimba

Pero el secreto del sonido característico de la marimba, o charleo, proviene del mush (ombligo en lengua indígena), o sea el orificio practicado cerca de la base de los cajones cubierto por una membrana tensa adherida a los bordes por medio de un anillo de cera. Generalmente se empleó como membrana la corteza macerada de una planta textil vulgarmente llamado cheché, y todavía se usa en las marimbas del departamento de San Marcos; a la fecha la membrana es de tripa de cerdo; según Valverde, de la hembra del cerdo, "pues la del macho es demasiado ordinaria y no produce la misma vibración que es el gran secreto de nuestro instrumento para lograr su resonancia".

La armazón o "mesa" ─como le dicen los marimberos─ que sostiene el teclado y carga las cajas de resonancia, es un mueble muy lujoso, fabricado con maderas finas altamente labradas, a menudo con incrustaciones de otras maderas preciosas; y las patas son artísticamente torneadas; constituyendo el conjunto un alarde de ebanistería.

Armazón de marimba

David Vela
La Marimba
Editorial "José de Pineda Ibarra"
Ministerio de Educación Pública
1962

miércoles, 9 de abril de 2014

La Bandera y el Escudo Nacional de Guatemala

Bandera Nacional de la República de Guatemala

La Bandera y el Escudo Nacional
de Guatemala

La Bandera

La bandera de la república de Guatemala fue establecida por el gobierno del general Miguel García Granados en decreto número 12 de fecha 17 de agosto del año 1871.


La bandera es la insignia suprema de la Patria. Lleva en su centro el escudo de armas de la República y no lleva ninguna leyenda o inscripción adicional, salvo en los casos previstos por los reglamentos militares.

Los colores de la bandera son el azul (ISCC-NBS177) que significa fortaleza, justicia, verdad y lealtad y el blanco (ISCC-NBS263) que significa pureza, paz, integridad y luz. Por eso, nuestro Himno Nacional  al referirse a la bandera de la Patria dice:

"Es tu enseña pedazo de cielo
en que prende una nube su altura"

Colocados en tres franjas verticales del mismo ancho, dos azules en los extremos y una blanca en el medio. La forma de la bandera es rectangular, con dimensiones proporcionales, en relación de 5 vertical y 8 horizontal, como corresponde a la regla de oro de la proporción estética. La franja blanca lleva en el centro el escudo de armas de la República, en dimensiones proporcionales a la bandera.

Bandera significa lo mismo que pabellón nacional pero su nombre oficial el "Bandera Nacional".

La bandera mercante, es decir, la que usa la Marina de Guatemala, es la misma bandera ya descrita, pero no lleva escudo.



Escudo de Armas de la república de Guatemala

El Escudo

El escudo de armas de la República fue establecido  por el gobierno del General Miguel García Granados en el decreto número 33 de fecha 18 de noviembre de 1871.

Descripción

Se ubica sobre la franja blanca de la bandera, formando parte integrante de esta. Se podrá diseñar el escudo independiente de la bandera, pero entonces irá en campo celeste claro, conforme dispone la ley de su creación.

Los rifles del escudo, corresponden  a los Remington que se usaban en la época de la revolución liberal de Justo Rufino Barrios y Miguel Garcia Granados. en la conformación del escudo se representan con bayoneta triangular calada, de perfil, con el guardamonte hacia abajo y entrecruzadas en el centro del escudo.

Las espadas, símbolo de justicia y soberanía, se presentan desenvainadas y en oro, entrecruzadas en ángulo simétrico al de los rifles.

Enlazando esas armas van dos ramas de laurel al natural, con sus frutillos pequeños y de color verde, ligeramente más oscuro que el de las hojas; dichas ramas de laurel se entrecruzan en la parte inferior pero no llevarán atadura alguna. Las hojas inferiores de las ramas de laurel se enlazan con las empuñaduras de las espadas, las hojas siguientes hacia el extremo superior se enlazan con las culatas de los rifles, y las últimas hojas, en el extremo superior de cada rama, se enlazan con las bayonetas.

En el centro del escudo, sobre el cruce de los rifles, va desenrollando un pergamino, cuya leyenda hace inmortal la fecha del nacimiento de la Patria. Dicho pergamino tiene una vuelta y media hacia el frente en la parte superior, y una vuelta y media hacia el reverso en la inferior descansando ésta sobre las hojas de las espadas. En el pergamino figura la siguiente leyenda: en letras mayúsculas de oro, en cuatro líneas, así: en la primera LIBERTAD, en la segunda 15 DE, en la tercera SEPTIEMBRE y en la cuarta DE 1821.

En la parte superior derecha del pergamino se posa el Quetzal, símbolo supremo de la libertad. Está de perfil y se representa en sus colores propios; las plumas caudales más largas pasan sobre las armas del lado correspondiente (lado derecho del observador) y sobrepasan ligeramente las hojas inferiores del laurel.

Historia

Guatemala en su historia a contado con 6 escudos anteriores, 1 como Las Provincias Unidas del Centro de América, 1 como la posterior República Federal de Centroamérica 1 como estado miembro de dicha República Federal y 3 como estado independiente.

Escudo de las Provincias Unidas del Centro de América (1823-1825)

Escudo de la República Federal de Centroamérica (1825-1842)    

Escudo del Estado de Guatemala dentro de la Federación (1825-1843)

Como Estado Independiente:


Escudo del Estado de Guatemala (1843-1851)
Escudo de armas de Guatemala (1851-1858)
Escudo de armas de Guatemala (1858-1871)

El actual escudo de la república de Guatemala nace en la conmemoración de los 50 años de vida independiente, cuando el Presidente de la república durante esa época, el General Miguel García Granados solicita a la casa de la moneda  la elaboración de un símbolo conmemorativo.

Juan Bautista Ferner, Suizo de nacimiento, que había llegado a Guatemala para trabajar como grabador de la Casa de la Moneda durante el Gobierno de Rafael Carrera, diseñó y presentó el grabado llamado "despertando el sueño del Quetzal". Diseño que agrado en sobremanera al Presidente García Granados quien lo termina adoptando como Escudo de Armas de la República con el decreto no. 33 el 18 de noviembre de 1871.

Culto a la Bandera y al Escudo Nacionales

Como representación suprema de la Patria, la bandera de Guatemala no saluda ni rinde honores a ningún funcionario, persona o entidad particular u oficial.

En las embarcaciones mercantes nacionales, o barcos con registro guatemalteco, se izará la bandera, pero ésta no llevará escudo.

Ninguna otra bandera o insignia se colocará por encima de la bandera de Guatemala.

La bandera enarbolada deberá ondear libremente, sin que su extremo toque objeto alguno ni descanse sobre el.

La bandera se pondrá siempre en alto y libre el extremo opuesto al de amarre.

En los centros de enseñanza, públicos y privados, se rendirá culto constante a las insignias nacionales.

Al ser izada o arriada la bandera nacional, o en todo acto en que se le rinda culto. los guatemaltecos deben guardar actitud de profundo respeto, permanecerán de pie, dando frente a la bandera, con la cabeza descubierta.

En todo desfile la bandera deberá ir siempre acompañada de una guardia de honor. Si va acompañada de otra u otras, ocupará el sitio de honor.

Por ningún motivo se usará la bandera para cubrir mesa o mueble alguno; para recibir, sostener o llevar cosa u objeto; ni en anuncios comerciales o como prendas de vestir.


La Bandera y el Escudo Nacional de Guatemala
Tipografía Nacional.

martes, 25 de febrero de 2014

El Popol Vuh (Segunda Parte)



El Popol Vuh

SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO I

Ahora diremos también el nombre del padre de Hunahpú e Ixbalanqué. Dejaremos en la
sombra su origen, y dejaremos en la oscuridad el relato y la historia del nacimiento
de Hunahpú e Ixbalanqué. Sólo diremos la mitad, una parte solamente de la historia
de su padre.


He aquí la historia. He aquí el nombre de Hun-Hunahpú, así llamado. Sus padres eran Ixpiyacoc e Ixmucané. De ellos nacieron, durante la noche, Hun-Hunahpú y Vucub Hunahpú, de Ixpiyacoc e Ixmucané.

Ahora bien, Hun Hunahpú había engendrado y tenía dos hijos, y de estos dos hijos, el primero se llamaba Hunbatz y el segundo Hunchouén.

La madre de éstos se llamaba Ixbaguiyalo, así se llamaba la mujer de Hun Hunahpú. Y el otro Vucub-Hunahpú no tenía mujer, era soltero.

Estos dos hijos, por su naturaleza, eran grandes sabios y grande era su sabiduría; eran adivinos aquí en la tierra, de buena índole y buenas costumbres. Todas las artes les fueron enseñadas a Hunbatz y Hunchouén, los hijos de Hun Hunahpú. Eran flautistas, cantores, tiradores con cerbatana, pintores, escultores, joyeros, plateros: esto eran Hunbatz y Hunchouén.

Ahora bien, Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú se ocupaban solamente de jugar a los dados y a la pelota todos los días; y de dos en dos se disputaban los cuatro cuando se reunían en el juego de pelota.

Allí venía a observarlos el Voc, el mensajero de Huracán, de Chipi Caculhá, de Raxa Caculhá; pero este Voc no se quedaba lejos de la tierra, ni lejos de Xibalbá; y en un instante subía al cielo al lado de Huracán.

Estaban todavía aquí en la tierra cuando murió la madre de Hunbatz y Hunchouén.

Y habiendo ido a jugar a la pelota en el camino de Xibalbá, los oyeron Hun Camé y Vucub Camé, los Señores de Xibalbá.

-¿Qué están haciendo sobre la tierra? ¿Quiénes son los que la hacen temblar y hacen tanto ruido? ¡Que vayan a llamarlos! ¡Que vengan a jugar aquí a la pelota, donde los venceremos! Ya no somos respetados por ellos, ya no tienen consideración ni miedo a nuestra categoría, y hasta se ponen a pelear sobre nuestras cabezas, dijeron todos los de Xibalbá.

En seguida entraron todos en consejo. Los llamados Hun-Camé y Vucub Camé eran los jueces supremos. A todos los Señores les señalaban sus funciones Hun Camé y Vucub- Camé y a cada uno le señalaban sus atribuciones.

Xiquiripat y Cuchumaquic, eran los Señores de estos nombres. Éstos son los que causan los derrames de sangre de los hombres.

Otros se llamaban Ahalpuh y Ahalganá, también Señores. Y el oficio de éstos era hinchar a los hombres, hacerles brotar pus de las piernas y teñirles de amarillo la cara, lo que se llama Chuganal. Tal era el oficio de Ahalpuh y Ahalganá.

Otros eran el Señor Chamiabac y el Señor Chamiaholom alguaciles de Xibalbá, cuyas varas eran de hueso. La ocupación de éstos era enflaquecer a los hombres hasta que los volvían sólo huesos y calaveras y se morían y se los llevaban con el vientre y los huesos estirados. Tal era cal oficio de Chamiabac y Chamiaholom, así llamados.

Otros se llamaban el Señor Ahalmez y el Señor Ahaltocob. El oficio de éstos era hacer que a los hombres les sucediera alguna desgracia, ya cuando iban para la casa, o frente a ella, y que los encontraran heridos, tendidos boca arriba en el suelo y muertos. Tal era el oficio de Ahalmez y Ahaltocob, como les llamaban.

Venían en seguida otros Señores llamados Xic y Patán, cuyo oficio era causar la muerte a los hombres en los caminos, lo que se llama muerte repentina, haciéndoles llegar la sangre a la boca hasta que morían vomitando sangre. El oficio de cada uno de estos Señores era cargar con ellos, oprimirles la garganta y el pecho para que los hombres murieran en los caminos, haciéndoles llegar [la sangre] a la garganta cuando caminaban. Éste era el oficio de Xic y Patán.

Y habiéndose reunido en consejo, trataron de la manera de atormentar y castigar a Hun Hunahpú y a Vucub Hunahpú. Lo que deseaban los de Xibalbá eran los instrumentos de juego de Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, sus cueros, sus anillos, sus guantes, la corona y la máscara, que eran los adornos de Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú.

Ahora contaremos su ida a Xibalbá y cómo dejaron tras de ellos a los hijos de Hun Hunahpú, Hunbatz y Chouén, cuya madre había muerto.

Luego diremos cómo Hunbatz y Hunchouén fueron vencidos por Hunahpú e Ixbalanqué.


CAPÍTULO II

En seguida fue la venida de los mensajeros de Hun-Camé y Vucub Camé.

-Id, les dijeron, Ahpop Achih, id a llamar a Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú. "Venid con nosotros", les diréis. "Dicen los Señores que vengáis." Que vengan aquí a jugar a la pelota con nosotros, para que con ellos se alegren nuestras caras, porque verdaderamente nos causan admiración. Así, pues, que vengan, dijeron los Señores. Y que traigan acá sus instrumentos de juego, sus anillos, sus guantes, y que traigan también sus pelotas de caucho, dijeron las Señores. "Venid pronto, les diréis", les fue dicho a los mensajeros.

Y estos mensajeros eran buhos: Chabi Tucur, Huracán-Tucur, Caquix Tucur y Holom Tucur, Así se llamaban los mensajeros de Xibalbá.

Chabi Tucur era veloz como una flecha; Huracán-Tucur tenía solamente una pierna; Caquix Tucur tenía la espalda roja, y Holom Tucur solamente tenía cabeza, no tenía piernas, pero sí tenía alas.

Los cuatro mensajeros tenían la dignidad de Ah-pop Achih. Saliendo de Xibalbá llegaron rápidamente, llevando su mensaje, al patio donde estaban jugando a la pelota Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú, en el juego de pelota que se llamaba Nim-Xob Carchah. Los buhos mensajeros se dirigieron al juego de la pelota y presentaron su mensaje, precisamente en el orden en que se lo dieron Hun Camé, Vucub Camé, Ahalpuh, Ahalganá, Chamiabac, Chamiaholom, Xiquiripat, Cuchumaquic, Ahalmez, Ahaltocob, Xic y Patán, que así se llamaban los Señores que enviaban su recado por medio de los buhos.

-¿De veras han hablado así los Señores Hun-Camé y Vucub-Camé? -Ciertamente han hablado así, y nosotros os tenemos que acompañar.

-"Que traigan todos sus instrumentos para el juego", han dicho los Señores.

-Está bien, dijeron los jóvenes. Aguardadnos, sólo vamos a despedirnos de nuestra madre.

Y habiéndose dirigido hacia su casa, le dijeron a su madre, pues su padre ya era muerto: - Nos vamos, madre nuestra, pero en vano será nuestra ida. Los mensajeros del Señor han venido a llevarnos. "Que vengan", han dicho, según manifiestan los enviados.

-Aquí se quedará en prenda nuestra pelota, agregaron. En seguida la fueron a colgar en el hueco que hacía el techo de la casa. Luego dijeron: -Ya volveremos a jugar. Y dirigiéndose a Hunbatz y Hunchouén les dijeron.

-Vosotros ocupaos de tocar la flauta y de cantar, de pintar, de esculpir; calentad nuestra casa y calentad el corazón de vuestra abuela.

Cuando se despidieron de su madre, se enterneció Ixmucané y echó a llorar. -No os aflijáis, nosotros nos vamos, pero todavía no hemos muerto, dijeron al partir Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú.

En seguida se fueron Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú y los mensajeros los llevaban por el camino. Así fueron bajando por el camino de Xibalbá, por unas escaleras muy inclinadas. Fueron bajando hasta que llegaron a la orilla de un río que corría rápidamente entre los barrancos llamados Nu zivan cul y Cuzivan, y pasaron por ellos. Luego pasaron por el río que corre entre jícaros espinosos. Los jícaros eran innumerables, pero ellos pasaron sin lastimarse.

Luego llegaron a la orilla de un río de sangre y lo atravesaron sin beber sus aguas; llegaron a otro río solamente de agua y no fueron vencidos. Pasaron adelante hasta que llegaron a donde se juntaban cuatro caminos y allí fueron vencidos, en el cruce de los cuatro caminos.

De estos cuatro caminos, uno era rojo, otro negro, otro blanco y otro amarillo. Y el camino negro les habló de esta manera: -Yo soy el que debéis tomar porque yo soy el camino del Señor. Así habló el camino.

Y allí fueron vencidos. Los llevaron por el camino de Xibalbá y cuando llegaron a la sala del consejo de los Señores de Xibalbá, ya habían perdido la partida.

Ahora bien, los primeros que estaban allí sentados eran solamente muñecos, hechos de palo, arreglados por los de Xibalbá.

A éstos los saludaron primero

-¿Cómo estáis, Hun Camé?, le dijeron al muñeco.

-¿Cómo estáis, Vucub Camé?, le dijeron al hombre de palo. Pero éstos no les respondieron. Al punto soltaron la carcajada los Señores de Xibalbá y todos los demás Señores se pusieron a reír ruidosamente, porque sentían que ya los habían vencido, que habían vencido a Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú. Y seguían riéndose.

Luego hablaron Hun Camé y Vucub Camé : -Muy bien, dijeron. Ya vinisteis. Mañana preparad la máscara, vuestros anillos y vuestros guantes, les dijeron.

-Venid a sentaros en nuestro banco, les dijeron. Pero el banco que les ofrecían era de piedra ardiente y en el banco se quemaron. Se pusieron a dar vueltas en el banco, pero no se aliviaron y si no se hubieran levantado se les habrían quemado las asentaderas.

Los de Xibalbá se echaron a reír de nuevo, se morían de la risa; se retorcían del dolor que les causaba la risa en las entrañas, en la sangre y en los huesos, riéndose todos los Señores de Xibalbá.

-Idos ahora a aquella casa, les dijeron; allí se os llevará vuestra raja de ocote y vuestro cigarro y allí dormiréis.

En seguida llegaron a la Casa Oscura. No había más que tinieblas en el interior de la casa.

Mientras tanto, los señores de Xibalbá discurrían lo que debían hacer.

-Sacrifiquémoslos mañana, que mueran pronto, pronto, para que sus instrumentos de juego nos sirvan a nosotros para jugar, dijeron entre sí los Señores de Xibalbá.

Ahora bien, su ocote era una punta redonda de pedernal del que llaman zaquitoc; éste es el pino de Xibalbá. Su ocote era puntiagudo y afilado y brillante como hueso; muy duro era el pino de los de Xibalbá.

Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú entraron a la Casa Oscura. Allí fueron a darles su ocote, un solo ocote encendido que les mandaban Hun Camé y Vucub Camé, junto con un cigarro para cada uno, encendido también, que les mandaban los Señores. Esto fueron a darles a Hun Hunahpú y Vucub-Hunahpú.

Éstos se hallaban en cuclillas en la oscuridad cuando llegaron los portadores del ocote y los cigarros. Al entrar, el ocote alumbraba brillantemente.

-Que enciendan su ocote y sus cigarros cada uno; que vengan a devolverlos al amanecer, pero que no los consuman, sino que los devuelvan enteros; esto es lo que os mandan decir los Señores. Así les dijeron. Y así fueron vencidos. Su ocote se consumió, y asimismo se consumieron los cigarros que les habían dado.

Los castigos de Xibalbá eran numerosos; eran castigos de muchas maneras.

El primero era la Casa Oscura, Quequma ha, en cuyo interior sólo había tinieblas.

El segundo la Casa donde tiritaban, Xuxulim ha, dentro de la cual hacía mucho frío. Un viento frío e insoportable soplaba en su interior.

El tercero era la Casa de los tigres, Balami ha, así llamada, en la cual no había más que tigres que se revolvían, se amontonaban, gruñían y se mofaban. Los tigres estaban encerrados dentro de la casa.

Zotzi ha, la Casa de los murciélagos, se llamaba el cuarto lugar de castigo. Dentro de esta casa no había más que murciélagos que chillaban, gritaban y revoloteaban en la casa. Los murciélagos estaban encerrados y no podían salir.

El quinto se llamaba la Casa de las Navajas, Chayin ha, dentro de la cual solamente había navajas cortantes y afiladas, calladas o rechinando las unas con las otras dentro de la casa.

Muchos eran los lugares de tormento de Xibalbá; pero no entraron en ellos Hun Hunahpú y Vucub-Hunahpú. Solamente mencionamos los nombres de estas casas de castigo.

Cuando entraron Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú ante Hun-Camé y Vucub Camé, les dijeron éstos:

-¿Dónde están mis cigarros? ¿Dónde está mi raja de ocote que os dieron anoche?

-Se acabaron, Señor.

-Está bien. Hoy será el fin de vuestros días.

Ahora moriréis. Seréis destruidos, os haremos pedazos y aquí quedará oculta vuestra memoria. Seréis sacrificados, dijeron Hun Camé y Vucub Camé.

En seguida los sacrificaron y los enterraron en el Pucbal Chah, así llamado. Antes de enterrarlos le cortaron la cabeza a Hun-Hunahpú y enterraron al hermano mayor junto con el hermano menor.

-Llevad la cabeza y ponedla en aquel árbol que está sembrado en el camino, dijeron Hun Camé y Vucub Camé. Y habiendo ido a poner la cabeza en el árbol, al punto se cubrió de frutas este árbol que jamás había fructificado antes de que pusieran entre sus ramas la cabeza de Hun Hunahpú. Y a esta jícara la llamamos hoy la cabeza de Hun Hunahpú, que así se dice.

Con admiración contemplaban Hun Camé y Vucub-Camé el fruto del árbol. El fruto redondo estaba en todas partes; pero no se distinguía la cabeza de Hun Hunahpú; era un fruto igual a los demás frutos del jícaro. Así aparecía ante todos los de Xibalbá cuando llegaban a verla.

A juicio de aquéllos, la naturaleza de este árbol era maravillosa, por lo que había sucedido en un instante cuando pusieron entre sus ramas la cabeza de Hun Hunahpú. Y los Señores de Xibalbá ordenaron: -¡Que nadie venga a coger de esta fruta! ¡Que nadie venga a ponerse debajo de este árbol!, dijeron, y así dispusieron impedirlo todos los de Xibalbá.

La cabeza de Hun Hunahpú no volvió a aparecer, porque se había vuelto la misma cosa que el fruto del árbol que se llama jícaro. Sin embargo, una muchacha oyó la historia maravillosa. Ahora contaremos cómo fue su llegada.


CAPÍTULO III

Ésta es la historia de una doncella, hija de un Señor llamado Cuchumaquic.

Llegaron [estas noticias] a oídos de una doncella, hija de un Señor. El nombre del padre era Cuchumaquic y el de la doncella Ixquic. Cuando ella oyó la historia de los frutos del árbol, que fue contada por su padre, se quedó admirada de oírla.

-¿Por qué no he de ir a ver ese árbol que cuentan?, exclamó la joven. Ciertamente deben ser sabrosos los frutos de que oigo hablar. A continuación se puso en camino ella sola y llegó al pie del árbol que estaba sembrado en Pucbal Chah.

-¡Ah! , exclamó, ¿qué frutos son los que produce este árbol? ¿No es admirable ver cómo se ha cubierto de frutos? ¿Me he de morir, me perderé si corto uno de ellos?, dijo la doncella.

Habló entonces la calavera que estaba entre las ramas del árbol y dijo: ¿Qué es lo que quieres? Estos objetos redondos que cubren las ramas del árbol no son más que calaveras. Así dijo la cabeza de Hun Hunahpú dirigiéndose a la joven. ¿Por ventura los deseas?, agregó.

-Sí los deseo, contestó la doncella.

-Muy bien, dijo la calavera. Extiende hacia acá tu mano derecha.

-Bien, replicó la joven, y levantando su mano derecha, la extendió en dirección a la calavera.

En ese instante la calavera lanzó un chisguete de saliva que fue a caer directamente en la palma de la mano de la doncella. Miróse ésta rápidamente y con atención la palma de la mano, pero la saliva de la calavera ya no estaba en su mano.

-En mi saliva y mi baba te he dado mi descendencia (dijo la voz en el árbol). Ahora mi cabeza ya no tiene nada encima, no es más que una calavera despojada de la carne. Así es la cabeza de los grandes príncipes, la carne es lo único que les da una hermosa apariencia.

Y cuando mueren espántanse los hombres a causa de los huesos. Así es también la naturaleza de los hijos, que son como la saliva y la baba, ya sean hijos de un Señor, de un hombre sabio o de un orador. $u condición no se pierde cuando se van, sino se hereda; no se extingue ni desaparece la imagen del Señor, del hombre sabio o del orador, sino que la dejan a sus hijas y a los hijos que engendran. Esto mismo he hecho yo contigo. Sube, pues, a la superficie de la tierra, que no morirás. Confía en mi palabra que así será, dijo la
cabeza de Hun-Hunahpú y de Vucub Hunahpú.

Y todo lo que tan acertadamente hicieron fue por mandato de Huracán, Chipi Caculhá y Raxa Caculhá. Volvióse en seguida a su casa la doncella después que le fueron hechas todas estas advertencias, habiendo concebido inmediatamente los hijos en su vientre por la sola virtud de la saliva. Y así fueron engendrados Hunahpú e Ixbalanqué.

Llegó, pues, la joven a su casa y después de haberse cumplido seis meses, fue advertido su estado por su padre, el llamado Cuchumaquic. Al instante fue descubierto el secreto de la joven por el padre, al observar que tenía hijo.

Reuniéronse entonces en consejo todos los Señores Hun Camé y Vucub Camé con Cuchumaquic.

-Mi hija está preñada, Señores; ha sido deshonrada, exclamó el Cuchumaquic cuando compareció ante los Señores.

-Está bien, dijeron éstos. Oblígala a declarar la verdad, y si se niega a hablar, castígala; que la lleven a sacrificar lejos de aquí.

-Muy bien, respetables Señores, contestó. A continuación interrogó a su hija:

-¿De quién es el hijo que tienes en el. vientre, hija mía? Y ella contestó: -No tengo hijo, señor padre, aún no he conocido varón.

-Está bien, replicó. Positivamente eres una ramera. Llevadla a sacrificar, señores Ahpop Achih; traedme el corazón dentro de una jícara y volved hoy mismo ante los Señores, les dijo a los buhos.

Los cuatro mensajeros tomaron la jícara y se marcharon llevando en sus brazos a la joven y llevando también el cuchillo de pedernal para sacrificarla.

Y ella les dijo: -No es posible que me matéis, ¡oh mensajeros!, porque no es una deshonra lo que llevo en el vientre, sino que se engendró solo cuando fui a admirar la cabeza de Hun-Hunahpú que estaba en Pucbal Chah. Así, pues, no debéis sacrificarme, ¡oh mensajeros!, dijo la joven, dirigiéndose a ellos.

-¿Y qué pondremos en lugar de tu corazón? Se nos ha dicho por tu padre: "Traedme el corazón, volved ante los Señores, cumplid vuestro deber y atended juntos a la obra, traedlo pronto en la jícara, poned el corazón en el fondo de la jícara." ¿Acaso no se nos habló así? ¿Qué le daremos entre la jícara? Nosotros bien quisiéramos que no murieras, dijeron los mensajeros.

-Muy bien, pero este corazón no les pertenece a ellos. Tampoco debe ser aquí vuestra morada, ni debéis tolerar que os obliguen a matar a los hombres. Después serán ciertamente vuestros los verdaderos criminales y míos serán en seguida Hun Camé y Vucub Camé. Así, pues, la sangre y sólo la sangre será de ellos y estará en su presencia. Tampoco puede ser que este corazón sea quemado ante ellos.

Recoged el producto de este árbol, dijo la doncella. El jugo rojo brotó del árbol, cayó en la jícara y en seguida se hizo una bola resplandeciente que tomó la forma de un corazón hecho con la savia que corría de aquel árbol encarnado. Semejante a la sangre brotaba la savia del árbol, imitando la verdadera sangre. Luego se coaguló allí dentro la sangre o sea la savia del árbol rojo, y se cubrió de una capa muy encendida como de sangre al coagularse dentro de la jícara, mientras que el árbol resplandecía por obra de la doncella.
Llamábase Árbol rojo de granada pero [desde entonces] tomó el nombre de Árbol de la Sangre porque a su savia se le llama la Sangre.

-Allá en la tierra seréis amados y tendréis lo que os pertenece, dijo la joven a los buhos.

-Está bien, niña. Nosotros nos iremos allá, subiremos a servirte; tú, sigue tu camino mientras nosotros vamos a presentar la savia en lugar de tu corazón ante los Señores, dijeron los mensajeros.

Cuando llegaron a presencia de los Señores, estaban todos aguardando.

-¿Se ha terminado eso?, preguntó Hun Camé.

-Todo está concluido, Señores. Aquí está el corazón en el fondo de la jícara.

-Muy bien. Veamos, exclamó Hun Camé. Y cogiéndolo con los dedos lo levantó, se rompió la corteza y comenzó a derramarse la sangre de vivo color rojo.

-Atizad bien el fuego y ponedlo sobre las brasas, dijo Hun-Camé.

En seguida lo arrojaron al fuego y comenzaron a sentir el olor los de Xibalbá, y levantándose todos se acercaron y ciertamente sentían muy dulce la fragancia de la sangre.

Y mientras ellos se quedaban pensativos, se marcharon los buhos, los servidores de la doncella, remontaron el vuelo en bandada desde el abismo hacia la tierra y los cuatro se convirtieron en sus servidores.

Así fueron vencidos los Señores de Xibalbá. Por la doncella fueron engañados todos.


CAPÍTULO IV

Ahora bien, estaban con su madre Hunbatz y Hunchouén cuando llegó la mujer
llamada Ixquic.

Cuando llegó, pues, la mujer Ixquic ante la madre de Hunbatz y Hunchouén, llevaba a sus hijos en el vientre y faltaba poco para que nacieran Hunahpú e Ixbalanqué, que así fueron llamados.

Al llegar la mujer ante la anciana, le dijo la mujer a la abuela: -He llegado, señora madre; yo soy vuestra nuera y vuestra hija, señora madre. Así dijo cuando entró a la casa de la abuela.

-¿De dónde vienes tú? ¿En dónde están mis hijos? ¿Por ventura no murieron en Xibalbá? ¿No ves a éstos a quienes les quedaron su descendencia y linaje y que se llaman Hunbatz y Hunchouén? ¡Sal de aquí! ¡Vete!, gritó la vieja a la muchacha.

-Y sin embargo, es la verdad que soy vuestra nuera; ha tiempo que lo soy. Pertenezco a Hun-Hunahpú. Ellos viven en lo que llevo, no han muerto Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú: volverán a mostrarse claramente, mi señora suegra. Y así, pronto veréis su imagen en lo que traigo, le fue dicho a la vieja.

Entonces se enfurecieron Hunbatz y Hunchouén. Sólo se entretenían en tocar la flauta y cantar, en pintar y esculpir, en lo que pasaban todo el día, y eran el consuelo de la vieja.

Habló luego la vieja y dijo

-No quiero que tú seas mi nuera, porque lo que llevas en el vientre es fruto de tu deshonestidad. Además, eres una embustera: mis hijos de quienes hablas ya son muertos.

Luego agregó la abuela: -Esto que te digo es la pura verdad; pero en fin, está bien, tú eres mi nuera, según he oído. Anda, pues, a traer la comida para los que hay que alimentar. Anda a cosechar una red grande [de maíz] y vuelve en seguida, puesto que eres mi nuera, según lo que oigo, le dijo a la muchacha.

-Muy bien, replicó la joven, y se fue en seguida para la milpa que poseían Hunbatz y Hunchouén. El camino había sido abierto por ellos y la joven lo tomó y así llegó a la milpa; pero no encontró más que una mata de maíz; no había dos, ni tres, y viendo que sólo había una mata con su espiga, se llenó de angustia el corazón de la muchacha.

-¡Ay, pecadora, desgraciada de mí! ¿A dónde he de ir a conseguir una red de maíz, como se me ha ordenado?, exclamó. Y en seguida se puso a invocar al Chahal de la comida para que llegara y se la llevase.

¡Ixtoh, Ixcanil, Ixcacau, vosotras las que cocéis el maíz; y tú Chahal, guardián de la comida de Hunbatz y Hunchouén!, dijo la muchacha. Y a continuación cogió las barbas, los pelos rojos de la mazorca y los arrancó, sin cortar la mazorca. Luego los arregló en la red como mazorcas de maíz y la gran red se llenó completamente.

Volvióse en seguida la joven; los animales del campo iban cargando la red, y cuando llegaron, fueron a dejar la carga a un rincón de la casa, como si ella la hubiera llevado. Llegó entonces la vieja y luego que vio el maíz que había en la gran red, exclamó

-¿De dónde has traído todo este maíz? ¿Por ventura acabaste con nuestra milpa y te la has traído toda para acá? Iré a ver al instante, dijo la vieja, y se puso en camino para ir a ver la milpa. Pero la única mata de maíz estaba allí todavía y asimismo se veía el lugar donde había estado la red al pie de la mata. La vieja regresó entonces a toda prisa a su casa y dijo a la muchacha:

-Ésta es prueba suficiente de que realmente eres mi nuera. Veré ahora tus obras, aquéllos que llevas [en el vientre] y que también son sabios, le dijo a la muchacha.

-Muy bien, replicó la joven, y se fue en seguida para la milpa que poseían Hunbatz y Hunchouén. El camino había sido abierto por ellos y la joven lo tomó y así llegó a la milpa; pero no encontró más que una mata de maíz; no había dos, ni tres, y viendo que sólo había una mata con su espiga, se llenó de angustia el corazón de la muchacha.

-¡Ay, pecadora, desgraciada de mí! ¿A dónde he de ir a conseguir una red de maíz, como se me ha ordenado?, exclamó. Y en seguida se puso a invocar al Chahal de la comida para que llegara y se la llevase.

¡Ixtoh, Ixcanil, Ixcacau, vosotras las que cocéis el maíz; y tú Chahal, guardián de la comida de Hunbatz y Hunchouén!, dijo la muchacha. Y a continuación cogió las barbas, los pelos rojos de la mazorca y los arrancó, sin cortar la mazorca. Luego los arregló en la red como mazorcas de maíz y la gran red se llenó completamente.

Volvióse en seguida la joven; los animales del campo iban cargando la red, y cuando llegaron, fueron a dejar la carga a un rincón de la casa, como si ella la hubiera llevado. Llegó entonces la vieja y luego que vio el maíz que había en la gran red, exclamó:

-¿De dónde has traído todo este maíz? ¿Por ventura acabaste con nuestra milpa y te la has traído toda para acá? Iré a ver al instante, dijo la vieja, y se puso en camino para ir a ver la milpa. Pero la única mata de maíz estaba allí todavía y asimismo se veía el lugar donde había estado la red al pie de la mata. La vieja regresó entonces a toda prisa a su casa y dijo a la muchacha:

-Ésta es prueba suficiente de que realmente eres mi nuera. Veré ahora tus obras, aquéllos que llevas [en el vientre] y que también son sabios, le dijo a la muchacha.


CAPÍTULO V

Contaremos ahora el nacimiento de Hunahpú e Ixbalanqué. Aquí, pues, diremos cómo
fue su nacimiento.

Cuando llegó el día de su nacimiento, dio a luz la joven que se llamaba Ixquic; pero la abuela no los vio cuando nacieron. En un instante fueron dados a luz los dos muchachos llamados Hunapú e Ixbalanqué. Allá en el monte fueron dados a luz.

Luego llegaron a la casa, pero no podían dormirse.

-¡Anda a botarlos afuera!, dijo la vieja, porque verdaderamente es mucho lo que gritan. Y en seguida fueron a ponerlos sobre un hormiguero. Allí durmieron tranquilamente. Luego los quitaron de ese lugar y los pusieron sobre las espinas.

Ahora bien, lo que querían Hunbatz y Hunchouén era que murieran allí mismo en el hormiguero, o que murieran sobre las espinas. Deseábanlo así a causa del odio y de la envidia que por ellos sentían Hunbatz y Hunchouén.

Al principio se negaban a recibir en la casa a sus hermanos menores; no los conocían y así se criaron en el campo.

Hunbatz y Hunchouén eran grandes músicos y cantores; habían crecido en medio de muchos trabajos y necesidades y pasaron por muchas penas, pero llegaron a ser muy sabios. Eran a un tiempo flautistas, cantores, pintores y talladores; todo lo sabían hacer.

Tenían noticia de su nacimiento y sabían también que eran los sucesores de sus padres, los que fueron a Xibalbá y murieron allá. Grandes sabios eran, pues, Hunbatz y Hunchouén y en su interior sabían todo lo relativo al nacimiento de sus hermanos menores. Sin embargo, no demostraban su sabiduría, por la envidia que les tenían, pues sus corazones estaban llenos de mala voluntad para ellos, sin que Hunahpú e Ixbalanqué
los hubieran ofendido en nada.

Estos últimos se ocupaban solamente de tirar con cerbatana todos los días; no eran amados de la abuela ni de Hunbatz, ni de Hunchouén. No les daban de comer; solamente cuando ya estaba terminada la comida y habían comido Hunbatz y Hunchouén, entonces llegaban ellos. Pero no se enojaban, ni se encolerizaban y sufrían calladamente, porque sabían su condición y se daban cuenta de todo con claridad. Traían sus pájaros cuando venían cada día y Hunbatz y Hunchouén se los comían, sin darle nada a ningunos de los
dos, Hunahpú e Ixbalanqué.

La sola ocupación de Hunbatz y Hunchouén era tocar la flauta y cantar.

Y una vez que Hunahpú e Ixbalanqué llegaron sin traer ninguna clase de pájaros, entraron [en la casa] y se enfureció la abuela.

-¿Por qué no traéis pájaros?, les dijo a Hunahpú e Ixbalanqué.

Y ellos contestaron: -Lo que sucede, abuela nuestra, es que nuestros pájaros se han quedado trabados en el árbol y nosotros no podemos subir a cogerlos, querida abuela. Si nuestros hermanos mayores así lo quieren, que vengan con nosotros y que vayan a bajar los pájaros, dijeron.

-Está bien, dijeron los hermanos mayores, contestando, iremos con vosotros al amanecer.

Consultaron entonces los dos entre sí la manera de vencer a Hunbatz y Hunchouén.

Solamente cambiaremos su naturaleza, su apariencia; cúmplase así nuestra palabra, por los muchos sufrimientos que nos han causado. Ellos deseaban que muriésemos, que nos perdiéramos nosotros, sus hermanos menores. En su interior nos tenían como muchachos. Por todo esto los venceremos y daremos un ejemplo. Así iban diciendo entre ellos mientras se dirigían al pie del árbol llamado Canté. Iban acompañados de sus hermanos mayores y tirando con la cerbatana. No era posible contar los pájaros que cantaban sobre el árbol y sus hermanos mayores se admiraban de ver tantos pájaros. Había pájaros, pero ni uno solo caía al pie del árbol.

-Nuestros pájaros no caen al suelo. Id a bajarlos, les dijeron a sus hermanos mayores.

-Muy bien, contestaron éstos. Y en seguida subieron al árbol, pero el árbol aumentó de tamaño y su tronco se hinchó. Luego quisieron bajar Hunbatz y Hunchouén, pero ya no pudieron descender de la cima del árbol.

Entonces exclamaron desde lo alto del árbol: ¿Qué nos ha sucedido, hermanos nuestros? ¡Desgraciados de nosotros! Este árbol nos causa espanto de sólo verlo, ¡oh hermanos nuestros!, dijeron desde la cima del árbol. Y Hunahpú e Ixbalanqué les contestaron: Desatad vuestros calzones, atadlos debajo del vientre, dejando largas las puntas y tirando de ellas por detrás de ese modo podréis andar fácilmente. Así les dijeron sus hermanos menores.

-Está bien, contestaron, tirando la punta de sus ceñidores, pero al instante se convirtieron éstos en celas y ellos tomaron la apariencia de monos. En seguida se fueron sobre las ramas de los árboles, por entre los montes grandes y pequeños y se internaron en el bosque, haciendo muecas y columpiándose en las ramas de los árboles.

Así fueron vencidos Hunbatz y Hunchouén por Hunahpú e Ixbalanqué ; y sólo por arte de magia pudieron hacerlo.

Volviéronse éstos a su casa y al llegar hablaron con su abuela y con su madre, diciéndoles: -¿Qué será, abuela nuestra, lo que les ha sucedido a nuestros hermanos mayores, que de repente se volvieron sus caras como caras de animales? Así dijeron.

-Si vosotros les habéis hecho algún daño a vuestros hermanos, me habéis hecho desgraciada y me habéis llenado de tristeza. No hagáis semejante cosa a vuestros hermanos, ¡oh hijos míos!, dijo la vieja a Hunahpú e Ixbalanqué.

Y ellos le dijeron a su abuela:

-No os aflijáis, abuela nuestra. Volveréis a ver la cara de nuestros hermanos; ellos volverán, pero será una prueba difícil para vos, abuela. Y tened cuidado de no reíros. Y ahora, ¡a probar su suerte!, dijeron.

En seguida se pusieron a tocar la flauta, tocando la canción de Hunahpú Qoy. Luego cantaron, tocaron la flauta y el tambor, tomando sus flautas y su tambor. Después sentaron junto a ellos a su abuela y siguieron tocando y llamando con la música y el canto, entonando la canción que se llama Hunahpú-Qoy.

Por fin llegaron Hunbatz y Hunchouén y al llegar se pusieron a bailar; pero cuando la vieja vio sus feos visajes se echó a reír al verlos la vieja, sin poder contener la risa, y ellos se fueron al instante y no se les volvió a ver la cara.

-¡Ya lo veis, abuela! Se han ido para el bosque. ¿Qué habéis hecho, abuela nuestra? Sólo cuatro veces podemos hacer esta prueba y no faltan más que tres. Vamos a llamarlos con la flauta y con el canto, pero procurad contener la risa. ¡Que comience la prueba!, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

En seguida se pusieron de nuevo a tocar. Hunbatz y Huchouén volvieron bailando y llegaron hasta el centro del patio de la casa, haciendo monerías y provocando a risa a su abuela hasta que ésta soltó la carcajada. Realmente eran muy divertidos cuando llegaron con sus caras de mono, sus anchas posaderas, sus colas delgadas y el agujero de su vientre todo lo cual obligaba a la vieja a reírse.

Luego se fueron otra vez a los montes. Y Hunahpú e Ixbalanqué dijeron: -¿Y ahora qué hacemos, abuela? Sólo esta tercera vez probaremos.

Tocaron de nuevo la flauta y volvieron los monos bailando. La abuela contuvo la risa. Luego subieron sobre la cocina; sus ojos despedían una luz roja, alargaban y se restregaban los hocicos y espantaban de las muecas que se hacían uno al otro.

En cuanto la abuela vio todo esto se echó a reír violentamente; pero ya no se les volvieron a ver las caras, a causa de la risa de la vieja.

-Ya sólo esta vez los llamaremos, abuela, para que salgan acá por la cuarta vez, dijeron los muchachos. Volvieron, pues, a tocar la flauta, pero ellos no regresaron la cuarta vez, sino que se fueron a toda prisa para el bosque.

Los muchachos le dijeron a la abuela: -Hemos hecho todo lo posible, abuelita; primero vinieron, luego probamos a llamarlos de nuevo. Pero no os aflijáis; aquí estamos nosotros, vuestros nietos; a nosotros debéis vernos, ¡oh madre nuestra!, ¡oh nuestra abuela!, como el recuerdo de nuestros hermanos mayores, de aquéllos que se llamaron y tenían por nombre Hunbatz y Hunchouén, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

Aquéllos eran invocados por los músicos y los cantores, por las gentes antiguas. Invocábanlos también los pintores y talladores en tiempos pasados. Pero fueron convertidos en animales y se volvieron monos porque se ensoberbecieron y maltrataron a sus hermanos.

De esta manera sufrieron sus corazones; así fue su pérdida y fueron destruidos Hunbatz y Hunchouén y se volvieron animales. Habían vivido siempre en su casa; fueron músicos y cantores e hicieron también grandes cosas cuando vivían con la abuela y con su madre.


CAPÍTULO VI

Comenzaron entonces sus trabajos, para darse a conocer ante su abuela y ante su madre.
Lo primero que harían era la milpa. Vamos a sembrar la milpa, abuela y madre nuestra,
dijeron. No os aflijáis; aquí estamos nosotros, vuestros nietos, nosotros los que estamos
en lugar de nuestros hermanos, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

En seguida tomaron sus hachas, sus piochas y sus azadas de palo y se fueron, llevando cada uno su cerbatana al hombro. Al salir de su casa, le encargaron a su abuela que les llevara su comida.

-A mediodía nos traeréis la comida, abuela, le dijeron.

-Está bien, nietos míos, contestó la vieja.

Poco después llegaron al lugar de la siembra. Y al hundir el azadón en la tierra, éste labraba la tierra, el azadón hacía el trabajo por sí solo.

De la misma manera clavaban el hacha en el tronco de los árboles y en sus ramas y al punto caían y quedaban tendidos en el suelo todos los árboles y bejucos. Rápidamente caían los árboles, cortados de un solo hachazo.

Lo que había arrancado el azadón era mucho también. No se podían contar las zarzas ni las espinas que habían cortado con un solo golpe del azadón. Tampoco era posible calcular lo que habían arrancado y derribado en todos los montes grandes y pequeños.

Y habiendo aleccionado a un animal llamado Ixmucur, lo hicieron subir a la cima de un gran tronco y Hunahpú e Ixbalanqué le dijeron: -Observa cuando venga nuestra abuela a traernos la comida y al instante comienza a cantar y nosotros empuñaremos la azada y el hacha.

-Está bien, contestó Ixmucur.

En seguida se pusieron a tirar con la cerbatana; ciertamente no hacían ningún trabajo de labranza.

Poco después cantó la paloma e inmediatamente corrió uno a coger la azada y el otro a coger el hacha. Y envolviéndose la cabeza, el uno se cubrió de tierra las manos intencionalmente y se ensució asimismo la cara como un verdadero labrador, y el otro adrede se echó astillas de madera sobre la cabeza como si efectivamente hubiera estado cortando los árboles.

Así fueron vistos por su abuela. En seguida comieron, pero realmente no habían hecho trabajo de labranza y sin merecerla les dieron su comida. Luego se fueron a su casa. -Estamos verdaderamente cansados, abuela, dijeron al llegar, estirando sin motivo las piernas y los brazos ante su abuela.

Regresaron al día siguiente, y al llegar al campo encontraron que se habían vuelto a levantar todos los árboles y bejucos y que todas las zarzas y espinas se habían vuelto a unir y enlazar entre sí.

-¿Quién nos ha hecho este engaño?, dijeron. Sin duda lo han hecho todos los animales pequeños y grandes, el león, el tigre, el venado, el conejo, el gato de monte, el coyote, el jabalí, el pisote, los pájaros chicos, los pájaros grandes; éstos fueron los que lo hicieron y en una sola noche lo ejecutaron.

En seguida comenzaron de nuevo a preparar el campo y a arreglar la tierra y los árboles cortados. Luego discurrieron acerca de lo que habían de hacer con los palos cortados y las hierbas arrancadas.

-Ahora velaremos nuestra milpa; tal vez podamos sorprender al que viene a hacer todo este daño, dijeron discurriendo entre sí. Y a continuación regresaron a la casa.

-¿Qué os parece, abuela, que se han burlado de nosotros? Nuestro campo que habíamos labrado se ha vuelto un gran pajonal y bosque espeso. Así lo hallamos cuando llegamos hace un rato, abuela, le dijeron a su abuela y a su madre. Pero volveremos allá y velaremos, porque no es justo que nos hagan tales cosas, dijeron.

Luego se vistieron y en seguida se fueron de nuevo a su campo de árboles cortados y allí se escondieron, recatándose en la sombra.

Reuniéronse entonces todos los animales, uno de cada especie se juntó con todos los demás animales chicos y animales grandes. Y era media noche en punto cuando llegaron hablando todos y diciendo así en sus lenguas: "¡Levantaos, árboles! ¡Levantaos, bejucos!"

Esto decían cuando llegaron y se agruparon bajo los árboles y bajo los bejucos y fueron acercándose hasta manifestarse ante sus ojos [de Hunahpú e Ixbalanqué].

Eran los primeros el león y el tigre, y quisieron cogerlos, pero no se dejaron. Luego se acercaron al venado y al conejo y sólo les pudieron coger las colas. solamente se las arrancaron. La cola del venado les quedó entre las manos y por esta razón el venado y el conejo llevan cortas las colas.

El gato de monte, el coyote, el jabalí y el pisote tampoco se entregaron. Todos los animales pasaron frente a Hunahpú e Ixbalanqué, cuyos corazones ardían de cólera porque no los podían coger.

Pero, por último, llegó otro dando saltos al llegar, y a éste, que era el ratón, al instante lo atraparon y lo envolvieron en un paño. Y luego que lo cogieron, le apretaron la cabeza y lo quisieron ahogar, y le quemaron la cola en el fuego, de donde viene que la cola del ratón no tiene pelo; y así también le quisieron pegar en los ojos los dos muchachos Hunahpú e Ixbalanqué.

Y dijo el ratón: -Yo no debo morir a vuestras manos. Y vuestro oficio tampoco es el de sembrar milpa.

-¿Qué nos cuentas tú ahora?, le dijeron los muchachos al ratón.

-Soltadme un poco, que en mi pecho tengo algo que deciros y os lo diré en seguida, pero antes dadme algo de comer, dijo el ratón.

-Después te daremos tu comida, pero habla primero, le contestaron.

-Está bien. Sabréis, pues, que los bienes de vuestros padres Hun-Hunahpú y Vucub Hunahpú, así llamados, aquéllos que murieron en Xibalbá, o sea los instrumentos con que jugaban, han quedado y están allí colgados en el techo de la casa: el anillo, los guantes y la pelota. Sin embargo, vuestra abuela no os los quiere enseñar porque a causa de ellos murieron vuestros padres.

-¿Lo sabes con certeza?, le dijeron los muchachos al ratón. Y sus corazones se alegraron grandemente cuando oyeron la noticia de la pelota de goma. Y como ya había hablado el ratón, le señalaron su comida al ratón.

-Ésta será la comida: el maíz, las pepitas de chile, el frijol, el pataxte, el cacao: todo esto te pertenece, y si hay algo que esté guardado u olvidado, tuyo será también, ¡cómelo!, le fue dicho al ratón por Hunahpú e Ixbalanqué.

-Magnífico, muchachos, dijo aquél; pero ¿qué le diré a vuestra abuela si me ve?

-No tengas pena, porque nosotros estamos aquí y sabremos lo que hay que decirle a nuestra abuela. ¡Vamos!, lleguemos pronto a esta esquina de la casa, llega pronto a donde están esas cosas colgadas; nosotros estaremos mirando al desván de la casa y atendiendo únicamente a nuestra comida, le dijeron al ratón.

Y habiéndolo dispuesto así durante la noche, después de consultarlo entre sí, Hunahpú e Ixbalanqué llegaron a mediodía. Cuando llegaron llevaban consigo al ratón, pero no lo enseñaban; uno de ellos entró directamente a la casa y el otro se acercó a la esquina y de allí hizo subir al instante al ratón.

En seguida pidieron su comida a su abuela. -Preparad nuestra comida, queremos un chilmol, abuela nuestra, dijeron. Y al punto les prepararon la comida y les pusieron delante un plato de caldo.

Pero esto era sólo para engañar a su abuela y a su madre. Y habiendo hecho que se consumiera el agua que había en la tinaja: -Verdaderamente nos estamos muriendo de sed; id a traernos de beber, le dijeron a su abuela.

-Bueno, contestó ella y se fue. Pusiéronse entonces a comer, pero la verdad es que no tenían hambre; sólo era un engaño lo que hacían. Vieron entonces en su plato de chile cómo el ratón se dirigía rápidamente hacia la pelota que estaba colgada del techo de la casa. Al ver esto en su chilmol, despacharon a cierto Xan, el animal llamado Xan, que es como un mosquito, el cual fue al río y perforó la pared del cántaro de la abuela, y aunque ella trató de contener el agua que se salía, no pudo cerrar la picadura hecha en el cántaro.

-¿Qué le pasa a nuestra abuela? Tenemos la boca seca por falta de agua, nos estamos muriendo de sed, le dijeron a su madre y la mandaron fuera. En seguida fue el ratón a cortar [la cuerda que sostenía] la pelota, la cual cayó del techo de la casa junto con el anillo, los guantes y los cueros. Se apoderaron de ellos los muchachos y corrieron al instante a esconderlos en el camino que conducía al juego de la pelota.

Después de esto se encaminaron al río, a reunirse con su abuela y su madre, que estaban atareadas tratando de tapar el agujero del cántaro. Y llegando cada uno con su cerbatana, dijeron cuando llegaron al río: -¿Qué estáis haciendo? Nos cansamos [de esperar] y nos vinimos, les dijeron.

-Mirad el agujero de mi cántaro que no se puede tapar, dijo la abuela. Al instante lo taparon y juntos regresaron, marchando ellos delante de su abuela.

Y así fue el hallazgo de la pelota.


CAPÍTULO VII

Muy contentos se fueron a jugar al patio del juego de pelota; estuvieron jugando solos
largo tiempo y limpiaron el patio donde jugaban sus padres.

Y oyéndolos, los Señores de Xibalbá dijeron: -¿Quiénes son esos que vuelven a jugar sobre nuestras cabezas y que nos molestan con el tropel que hacen? ¿Acaso no murieron Hun Hunahpú y Vucub-Hunahpú, aquellos que se quisieron engrandecer ante nosotros? ¡Id a llamarlos al instante!

Los mensajeros de Xibalbá invitan a los jugadores de pelota, Diego Rivera

Así dijeron Hun Camé, Vucub Camé y todos los Señores. Y enviándolos a llamar dijeron a sus mensajeros: -Id y decidles cuando lleguéis allá: "Que vengan, han dicho los Señores; aquí deseamos jugar a la pelota con ellos, dentro de siete días queremos jugar; así dijeron los Señores, decidles cuando lleguéis", fue la orden que dieron a los mensajeros. Y éstos vinieron entonces por el camino ancho de los muchachos que conducía directamente a su casa; por él llegaron los mensajeros directamente ante la abuela de aquéllos. Comiendo estaba cuando llegaron los mensajeros de Xibalbá.

-Que vengan, con seguridad, dicen los Señores, dijeron los mensajeros de Xibalbá. Y señalaron el día los mensajeros de Xibalbá: Dentro de siete días los esperan, le dijeron a Ixmucané.

-Está bien, mensajeros, ellos llegarán, respondió la vieja. Y los mensajeros se fueron de regreso.

Entonces se llenó de angustia el corazón de la vieja. ¿A quién mandaré que vaya a llamar a mis nietos? ¿No fue de esta misma manera como vinieron los mensajeros de Xibalbá en ocasión pasada, cuando vinieron a llevarse a sus padres?, dijo su abuela, entrando sola y afligida a su casa.

Y en seguida le cayó un piojo en la falda. Lo cogió y se lo puso en la palma de la mano, y el piojo se meneó y echó a andar.

-Hijo mío, ¿te gustaría que te mandara a que fueras a llamar a mis nietos al juego de pelota?, le dijo al piojo. "Han llegado mensajeros ante vuestra abuela", dirás; "que vengan dentro de siete días, que vengan, dicen los mensajeros de Xibalbá; así lo manda decir vuestra abuela", le dijo ésta al piojo.

Al punto se fue el piojo contoneándose. Y estaba sentado en el camino un muchacho llamado Tamazul, o sea el sapo.

-¿A dónde vas?, le dijo el sapo al piojo.

-Llevo un mandado en mi vientre, voy a buscar a los muchachos, le contestó el piojo al Tamazul.

-Está bien, pero veo que no te das prisa, le dijo el sapo al piojo. ¿No quieres que te trague? Ya verás cómo corro yo, y así llegaremos rápidamente.

-Muy bien, le contestó el piojo al sapo. En seguida se lo tragó el sapo. Y el sapo caminó mucho tiempo, pero sin apresurarse. Luego encontró a su vez una gran culebra, que se llamaba Zaquicaz.

-¿A dónde vas, joven Tamazul?, díjole al sapo Zaquicaz.

-Voy de mensajero, llevo un mandado en mi vientre, le dijo el sapo a la culebra.

-Veo que no caminas aprisa. ¿No llegaré yo más pronto?, le dijo la culebra al sapo. -¡Ven acá!, contestó. En seguida Zaquicaz se tragó al sapo. Y desde entonces fue ésta la comida de las culebras, que todavía hoy se tragan a los sapos.

Iba caminando aprisa la culebra y habiéndola encontrado el Vac, que es un pájaro grande, al instante se tragó el gavilán a la culebra. Poco después llegó al juego de pelota. Desde entonces fue ésta la comida de los gavilanes, que devoran a las culebras en los campos.

Y al llegar el gavilán, se paró sobre la cornisa del juego de pelota, donde Hunahpú e Ixbalanqué se divertían jugando a la pelota. Al llegar, el gavilán se puso a gritar: ¡Vac có! ¡Vac-có! [¡Aquí está el gavilán!], decía en su graznido. ¡Aquí está el gavilán!

-¿Quién está gritando? ¡Vengan nuestras cerbatanas!, exclamaron. Y disparándole en seguida al gavilán, le dirigieron el bodoque a la niña del ojo, y dando vueltas se vino al suelo. Corrieron a recogerlo y le preguntaron: -¿Qué vienes a hacer aquí?, le dijeron al gavilán.

-Traigo un mensaje en mi vientre. Curadme primero el ojo y después os diré, contestó el gavilán.

-Muy bien, dijeron ellos, y sacando un poco de la goma de la pelota con que jugaban, se la pusieron en el ojo al gavilán. Lotzquic le llamaron ellos y al instante quedó curada perfectamente por ellos la vista del gavilán.

-Habla, pues, dijeron al gavilán. Y en seguida vomitó una gran culebra.

-Habla tú, le dijeron a la culebra.

-Bueno, dijo ésta y vomitó al sapo.

-¿Dónde está tu mandado que anunciabas?, le dijeron al sapo.

-Aquí está el mandado en mi vientre, contestó el sapo. Y en seguida hizo esfuerzos, pero no pudo vomitar; solamente se le llenaba la boca como de baba, y no le venía el vómito. Los muchachos ya querían pegarle.

-Eres un mentiroso, le dijeron, dándole de puntapiés en el trasero, y el hueso del anca le bajó a las piernas. Probó de nuevo, pero sólo la baba le llenaba la boca. Entonces le abrieron la boca al sapo los muchachos y una vez abierta, buscaron dentro de la boca. El piojo estaba pegado a los dientes del sapo; en la boca se había quedado, no lo había tragado, sólo había hecho como que se lo tragaba. Así quedó burlado el sapo, y no se conoce la clase de comida que le dan; no puede correr y se volvió comida de culebras.

-¡Habla!, le dijeron al piojo, y entonces dijo el mandado: -Ha dicho vuestra abuela, muchachos:

"Anda a llamarlos; han venido mensajeros de Hun-Camé y Vucub Camé para que vayan a Xibalbá, diciendo: 'Que vengan acá dentro de siete días para jugar a la pelota con nosotros, que traigan también sus instrumentos de juego, la pelota, los anillos, los guantes, los cueros, para que se diviertan aquí', dicen los Señores." "De veras han venido", dice vuestra abuela. Por eso he venido yo. Porque de verdad dice esto vuestra abuela y llora y se lamenta vuestra abuela, por eso he venido.

-¿Será cierto?, dijeron los muchachos para sus adentros, cuando oyeron esto. Y yéndose al instante llegaron al lado de su abuela; sólo fueron a despedirse de su abuela.

-Nos vamos, abuela, solamente venimos a despedirnos. Pero ahí queda la señal que dejamos de nuestra suerte: cada uno de nosotros sembraremos una caña, en medio de nuestra casa la sembraremos: si se secan, esa será la señal de nuestra muerte. ¡Muertos son! , diréis, si llegan a secarse. Pero si retoñan: ¡Están vivos!, diréis, ¡oh abuela nuestra! Y vos, madre, no lloréis, que ahí os dejamos la señal de nuestra suerte, dijeron.

Y antes de irse, sembró una [caña] Hunahpú y otra Ixbalanqué; las sembraron en la casa y no en el campo, ni tampoco en tierra húmeda, sino en tierra seca; en medio de su casa las dejaron sembradas.


CAPÍTULO VIII

Marcharon entonces, llevando cada uno su cerbatana, y fueron bajando en dirección a
Xibalbá. Bajaron rápidamente los escalones y pasaron entre varios ríos y barrancas.
Pasaron entre unos pájaros y estos pájaros llamábanse Molay.

Pasaron también por un río de podre y por un río de sangre, donde debían ser destruidos según pensaban los de Xibalbá; pero no los tocaron con sus pies, sino que los atravesaron sobre sus cerbatanas.

Salieron de allí y llegaron a una encrucijada de cuatro caminos. Ellos sabían muy bien cuáles eran los caminos de Xibalbá: el camino negro, el camino blanco, el camino rojo y el camino verde. Así, pues, despacharon a un animal llamado Xan. Éste debía ir a recoger las noticias que lo enviaban a buscar. -Pícalos uno por uno; primero pica al que está sentado en primer término y acaba picándolos a todos, pues ésa es la parte que te corresponde, chupar la sangre de los hombres en los caminos, le dijeron al mosquito.

-Muy bien, contestó el mosquito. Y en seguida se internó por el camino negro y se fue directamente hacia los muñecos de palo que estaban sentados primero y cubiertos de adornos. Picó al primero, pero éste no habló; luego picó al otro, picó al segundo que estaba sentado, pero éste tampoco habló.

Picó después al tercero; el tercero de los que estaban sentados era Hun Camé. -¡Ay!, dijo cuando lo picaron.

-¿Qué es eso, Hun Camé? ¿Qué es lo que os ha picado? ¿No sabéis quién os ha picado?, dijo el cuarto de los Señores que estaban sentados.

-¿Qué hay, Vucub Camé? ¿Qué os ha picado, dijo el quinto sentado.

-¡Ay! ¡Ay!, dijo entonces Xiquiripat. Y Vucub-Camé le preguntó: -¿Qué os ha picado? Y dijo cuando lo picaron, el sexto que estaba sentado: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Cuchumaquic?, le dijo Xiquiripat. ¿Qué es lo que os ha picado? Y dijo el séptimo sentado cuando lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué hay, Ahalpuh?, le dijo Cuchumaquic. ¿Qué os ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el octavo de los sentados: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Chamiabac?, le dijo Ahalcaná. ¿Qué ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el noveno de los sentados: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Chamiabac?, le dijo Ahalcaná. ¿Qué os ha picado? Y dijo, cuando lo picaron, el décimo de los sentados: -¡Ay!

-¿Qué pasa, Chamiaholom?, dijo Chamiabac. ¿Qué os ha picado? Y dijo el undécimo sentado cuando lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué sucede?, le dijo Chamiaholom. ¿Qué os ha picado? Y dijo el duodécimo de los sentados cuando lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué es eso, Patán?, le dijeron. ¿Qué os ha picado? Y dijo el decimotercero de los sentados cuando lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué pasa, Quicxic?, le dijo Patán. ¿Qué os ha picado? Y dijo el decimocuarto de los sentados cuando a su vez lo picaron: -¡Ay!

-¿Qué os ha picado, Quicrixcac?, le dijo Quicré.

Así fue la declaración de sus nombres, que fueron diciéndose todos los unos a los otros; así se dieron a conocer al declarar sus nombres, llamándose uno a uno cada jefe. Y de esta manera dijo su nombre cada uno de los que estaban sentados en su rincón.

Ni un solo de los nombres se perdió. Todos acabaron de decir su nombre cuando los picó un pelo de la pierna de Hunahpú que éste se arrancó. En realidad, no era un mosquito el que los picó y fue a oír los nombres de todos de parte de Hunahpú e Ixbalanqué.

Continuaron su camino [los muchachos] y llegaron a donde estaban los de Xibalbá.

-Saludad al Señor, al que está sentado, les dijo uno para engañarlos.

-Ése no es Señor, no es más que un muñeco de palo, dijeron, y siguieron adelante. En seguida comenzaron a saludar:

-¡Salud, Hun Camé! ¡Salud, Vucub Camé! ¡Salud, Xiquiripat! ¡Salud, Cuchumaquic!

¡Salud, Ahalpuh! ¡Salud, Ahalcaná! ¡Salud, Chamiabac! ¡Salud, Chamiaholom! ¡Salud, Quicxic! ¡Salud, Patán! ¡Salud, Quicré! ¡Salud, Quicrixcac!, dijeron llegando ante ellos. Y enseñando todos la cara les dijeron sus nombres a todos, sin que se les escapara el nombre de uno solo.

Pero lo que éstos deseaban era que no descubrieran sus nombres.

-Sentaos aquí, les dijeron, esperando que se sentaran en el asiento [que les indicaban].

-Éste no es asiento para nosotros, es sólo una piedra ardiente, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué, y no pudieron vencerlos.

-Está bien, id a aquella casa, les dijeron. Y a continuación entraron en la Casa Oscura. Y allí tampoco fueron vencidos.


CAPÍTULO IX

Ésta era la primera prueba de Xibalbá. Al entrar allí [los muchachos], pensaban los de
Xibalbá que sería el principio de su derrota. Entraron desde luego en la Casa Oscura;
en seguida fueron a llevarles sus rajas de pino encendidas y los mensajeros de Hun
Camé le llevaron también a cada uno su cigarro.

-Éstas son sus rajas de pino, dijo el Señor; que devuelvan este ocote mañana al amanecer junto con los cigarros, y que los traigan enteros, dice el Señor. Así hablaron los mensajeros cuando llegaron.

-Muy bien contestaron ellos. Pero, en realidad, no [encendieron] la raja de ocote, sino que pusieron una cosa roja en su lugar, o sea unas plumas de la cola de la guacamaya, que a los veladores les pareció que era ocote encendido. Y en cuanto a los cigarros, les pusieron luciérnagas en la punta a los cigarros.

Toda la noche los dieron por vencidos.

-Perdidos son, decían los guardianes. Pero el ocote no se había acabado y tenía la misma apariencia, y los cigarros no los habían encendido y tenían el mismo aspecto.

Fueron a dar parte a los Señores.

-¿Cómo ha sido esto? ¿De dónde han venido? ¿Quién los engendró? ¿Quién los dio a luz? En verdad hacen arder de ira nuestros corazones, porque no está bien lo que nos hacen. Sus caras son extrañas y extraña su manera de conducirse, decían ellos entre sí.

Luego los mandaron a llamar todos los Señores.

-¡Ea! ¡Vamos a jugar a la pelota, muchachos!, les dijeron. Al mismo tiempo fueron interrogados por Hun Camé y Vucub-Camé.

-¿De dónde venís? ¡Contadnos, muchachos!, les dijeron los de Xibalbá.

-¡Quién sabe de dónde venimos! Nosotros lo ignoramos, dijeron únicamente, y no hablaron más.

-Está bien. Vamos a jugar a la pelota, muchachos, les dijeron los de Xibalbá.

-Bueno, contestaron.

-Usaremos esta nuestra pelota, dijeron los de Xibalbá.

-De ninguna manera usaréis ésa, sino la nuestra, contestaron los muchachos.

-Ésa no, sino la nuestra será la que usaremos, dijeron los de Xibalbá.

-Está bien, dijeron los muchachos.

-Vaya por un gusano dril, dijeron los de Xibalbá.

-Eso no, sino que hablará la cabeza del león, dijeron los muchachos.

-Eso no, dijeron los de Xibalbá.

-Está bien, dijo Hunahpú.

Entonces los de Xibalbá arrojaron la pelota, la lanzaron directamente al anillo de Hunahpú. En seguida, mientras los de Xibalbá echaban mano del cuchillo de pedernal, la pelota rebotó y se fue saltando por todo el suelo del juego de pelota.

-¿Qué es esto?, exclamaron Hunahpú e Ixbalanqué. ¿Nos queréis dar la muerte? ¿Acaso no nos mandasteis llamar? ¿Y no vinieron vuestros propios mensajeros? En verdad, ¡desgraciados de nosotros! Nos marcharemos al punto, les dijeron los muchachos.

Eso era precisamente lo que querían que les pasara a los muchachos, que murieran inmediatamente y allí mismo en el juego de pelota y que así fueran vencidos. Pero no fue así, y fueron los de Xibalbá los que salieron vencidos por los muchachos.

-No os marchéis, muchachos, sigamos jugando a la pelota, pero usaremos la vuestra, les dijeron a los muchachos.

-Está bien, contestaron, y entonces metieron la pelota [en el anillo de Xibalbá], con lo cual terminó la partida.

Y lastimados por sus derrotas dijeron en seguida los de Xibalbá:

-¿Cómo haremos para vencerlos? Y dirigiéndose a los muchachos les dijeron: -Id a juntar y a traer. nos temprano cuatro jícaras de flores. Así dijeron los de Xibalbá a los muchachos.

-Muy bien. ¿Y qué clase de flores?, les preguntaron los muchachos a los de Xibalbá.

-Un ramo de chipilín colorado, un ramo de chipilín blanco, un ramo de chipilín amarillo y un ramo de Carinimac, dijeron los de Xibalbá.

-Está bien, dijeron los muchachos.

Así terminó la plática; igualmente fuertes y enérgicas eran las palabras de los muchachos. Y sus corazones estaban tranquilos cuando se entregaron los muchachos para que los vencieran.

Los de Xibalbá estaban felices pensando que ya los habían vencido.

-Esto nos ha salido bien. Primero tienen que cortarlas, dijeron los de Xibalbá. -¿A dónde irán a traer las flores?, decían en sus adentros.

-Con seguridad nos daréis mañana temprano nuestras flores; id, pues, a cortarlas, les dijeron a Hunahpú e Ixbalanqué los de Xibalbá.

-Está bien, contestaron. De madrugada jugaremos de nuevo a la pelota, dijeron y se despidieron.

Y enseguida entraron los muchachos en la Casa de las Navajas, el segundo lugar de tormento de Xibalbá. Y lo que deseaban los Señores era que fuesen despedazados por las navajas, y fueran muertos rápidamente; así lo deseaban sus corazones.

Pero no murieron. Les hablaron en seguida a las navajas y les advirtieron:

-Vuestras serán las carnes de todos los animales, les dijeron a los cuchillos. Y no se movieron más, sino que estuvieron quietas todas las navajas.

Así pasaron la noche en la Casa de las Navajas, y llamando a todas las hormigas, les dijeron: -Hormigas cortadoras, zompopos, ¡venid e inmediatamente id todas a traernos todas las clases de flores que hay que cortar para los Señores!

-Muy bien, dijeron ellas, y se fueron todas las hormigas a traer las flores de los jardines de Hun-Camé y Vucub Camé.

Previamente les habían advertido [los Señores] a los guardianes de las flores de Xibalbá:

-Tened cuidado con nuestras flores, no os las dejéis robar por los muchachos que las irán a cortar. Aunque cómo podrían ser vistas y cortadas por ellos? De ninguna manera. ¡Velad, pues, toda la noche!

-Está bien, contestaron. Pero nada sintieron los guardianes del jardín. Inútilmente lanzaban sus gritos subidos en las ramas de los árboles del jardín. Allí estuvieron toda la noche, repitiendo sus mismos gritos y cantos.

-¡Ixpurpuvec! ¡Ixpurpuvec!, decía el uno en su grito.

-¡Puhuyú! ¡Puhuyú!, decía en su grito el llamado Puhuyú.

Dos eran los guardianes del jardín de Hun Camé y Vucub-Camé. Pero no sentían a las hormigas que les robaban lo que estaban cuidando, dando vueltas y moviéndose cortando las flores, subiendo sobre los árboles a cortar las flores y recogiéndolas del suelo al pie de los árboles.

Entre tanto los guardias seguían dando gritos, y no sentían los dientes que les cortaban las colas y las alas.

Y así acarreaban entre los dientes las flores que bajaban, y recogiéndolas se marchaban llevándolas con los dientes.

Pronto llenaron las cuatro jícaras de flores, y estaban húmedas [de rocío] cuando amaneció. En seguida llegaron los mensajeros para recogerlas. -Que vengan, ha dicho el Señor, y que traigan acá al instante lo que han cortado, les dijeron a los muchachos.

-Muy bien, contestaron. Y llevando las flores en las cuatro jícaras, se fueron, y cuando llegaron a presencia del Señor y los demás Señores, daba gusto ver las flores que traían. Y de esta manera fueron vencidos los de Xibalbá.

Sólo a las hormigas habían enviado los muchachos [a cortar las flores], y en una noche las hormigas las cogieron y las pusieron en las jícaras.

Al punto palidecieron todos los de Xibalbá y se les pusieron lívidas las caras a causa de las flores. Luego mandaron llamar a los guardianes de las flores. -¿Por qué os habéis dejado robar nuestras flores? Éstas que aquí vemos son nuestras flores, les dijeron a los guardianes.

-No sentimos nada, Señor. Nuestras colas también han sufrido, contestaron. Y luego les rasgaron la boca en castigo de haberse dejado robar lo que estaba bajo su custodia.

Así fueron vencidos Hun Camé y Vucub Camé por Hunahpú e Ixbalanqué. Y éste fue el principio de sus obras.

Desde entonces trae partida la boca el mochuelo, y así hendida la tiene hoy.

En seguida bajaron a jugar a la pelota y jugaron también tantos iguales. Luego acabaron de jugar y quedaron convenidos para la madrugada siguiente. Así dijeron los de Xibalbá.

-Está bien, dijeron los muchachos al terminar.


CAPÍTULO X

Entraron después en la Casa del Frío. No es posible describir el frío que hacía. La casa
estaba llena de granizo, era la mansión del frío. Pronto, sin embargo, se quitó el frío
porque con troncos viejos lo hicieron desaparecer los muchachos.

Así es que no murieron; estaban vivos cuando amaneció. Ciertamente lo que querían los de Xibalbá era que murieran; pero no fue así, sino que cuando amaneció estaban llenos de salud, y salieron de nuevo cuando los fueron a buscar los mensajeros.

-¿Cómo es eso? ¿No han muerto todavía?, dijo el Señor de Xibalbá. Admirábanse de ver las obras de Hunalipú e Ixbalanqué.


En seguida entraron en la Casa de los Tigres. La casa estaba llena de tigres. -¡No nos mordáis! Aquí está lo que os pertenece, les dijeron a los tigres. Y en seguida les arrojaron unos huesos a los animales. Y éstos se precipitaron sobre los huesos.

-¡Ahora sí se acabaron! Ya les comieron las entrañas. Al fin se han entregado. Ahora les están triturando los huesos. Así decían los guardas, alegres todos por este motivo.

Pero no murieron. Igualmente buenos y sanos salieron de la Casa de los Tigres.

-¿De qué raza son éstos? ¿De dónde han venido?, decían todos los de Xibalbá.

Luego entraron en medio del fuego a una Casa de Fuego, donde sólo fuego había, pero no se quemaron. Sólo ardían las brasas y la leña. Y asimismo estaban sanos cuando amaneció. Pero lo que querían [los de Xibalbá] era que murieran allí dentro, donde habían pasado. Sin embargo, no sucedió así, con lo cual se descorazonaron los de Xibalbá.

Pusiéronlos entonces en la Casa de los Murciélagos. No había más que murciélagos dentro de esta casa, la casa de Camazotz, un gran animal, cuyos instrumentos de matar eran como una punta seca, y al instante perecían los que llegaban a su presencia.

Estaban, pues, allí dentro, pero durmieron dentro de sus cerbatanas. Y no fueron mordidos por los que estaban en la casa. Sin embargo, uno de ellos tuvo que rendirse a causa de otro Camazotz que vino del cielo y por el cual tuvo que hacer su aparición.

Estuvieron apiñados y en consejo toda la noche los murciélagos y revoloteando: Quilitz, quilitz, decían; así estuvieron diciendo toda la noche. Pararon un poco, sin embargo, y ya no se movieron los murciélagos y se estuvieron pegados a la punta de una de las cerbatanas.

Dijo entonces Ixbalanqué a Hunahpú: -¿Comenzará ya a amanecer?, mira tú.

-Tal vez sí, voy a ver, contestó éste.

Y como tenía muchas ganas de ver afuera de la boca de la cerbatana, y quería ver si había amanecido, al instante le cortó la cabeza Camazotz y el cuerpo de Hunahpú quedó decapitado.

Nuevamente preguntó Ixbalanqué: -¿No ha amanecido todavía? Pero Hunahpú no se movía. -¿A dónde se ha ido Hunahpú? ¿Qué es lo que has hecho? Pero no se movía, y permanecía callado.

Entonces se sintió avergonzado Ixbalanqué y exclamó: -¡Desgraciados de nosotros! Estamos completamente vencidos.

Fueron en seguida a colgar la cabeza sobre el juego de pelota por orden expresa de Hun Camé y Vucub Camé, y todos los de Xibalbá se regocijaron por lo que había sucedido a la cabeza de Hunahpú.


CAPÍTULO XI

En seguida llamó [Ixbalanqué] a todos los animales, al pisote, al jabalí, a todos los
animales pequeños y grandes, durante la noche, y a la madrugada les preguntó
cuál era su comida.

-¿Cuál es la comida de cada uno de vosotros?, pues yo os he llamado para que escojáis vuestra comida, les dijo Ixbalanqué.

-Muy bien, contestaron. Y en seguida se fueron a tomar cada uno lo suyo, y se marcharon todos juntos. Unos fueron a tomar las cosas podridas; otros fueron a coger hierbas; otros fueron a recoger piedras. Otros fueron a recoger tierra. Variadas eran las comidas de los animales [pequeños] y de los animales grandes.

Detrás de ellos se había quedado la tortuga, la cual llegó contoneándose a tomar su comida. Y llegando al extremo [del cuerpo] tomó la forma de la cabeza de Hunahpú, y al instante le fueron labrados los ojos.

Muchos sabios vinieron entonces del cielo. El Corazón del Cielo, Huracán, vinieron a cernerse sobre la Casa de los Murciélagos.

Y no fue fácil acabar de hacerle la cara, pero salió muy buena; la cabellera también tenía una hermosa apariencia, y asimismo pudo hablar.

Pero como ya quería amanecer y el horizonte se teñía de rojo, -¡Oscurece de nuevo, viejo!, le fue dicho al zopilote.

-Está bien, contestó el viejo, y al instante oscureció el viejo. "Ya oscureció el zopilote", dice ahora la gente.

Y así, durante la frescura del amanecer, comenzó su existencia.

-¿Estará bien?, dijeron. ¿Saldrá parecido a Hunahpú?

-Está muy bien, contestaron. Y efectivamente, parecía de hueso la cabeza, se había transformado en una cabeza verdadera.

Luego hablaron entre sí y se pusieron de acuerdo: No juegues tú a la pelota; haz únicamente como que juegas; yo solo lo haré todo, le dijo Ixbalanqué.

En seguida le dio sus órdenes a un conejo: -Anda a colocarte sobre el juego de pelota; quédate allí entre el encinal, le fue dicho al conejo por Ixbalanqué ; cuando te llegue la pelota sal corriendo inmediatamente, y yo haré lo demás, le fue dicho al conejo cuando se le dieron estas instrucciones durante la noche.

En seguida amaneció y los dos muchachos estaban buenos y sanos. Luego bajaron a jugar a la pelota. La cabeza de Hunahpú estaba colgada sobre el juego de pelota.

-¡Hemos triunfado! ¡ Habéis labrado vuestra propia ruina; os habéis entregado!, les decían. De esta manera provocaban a Hunahpú.

-Pégale a la cabeza con la pelota, le decían. Pero no lo molestaban con esto, él no se daba por entendido.

Luego arrojaron la pelota los Señores de Xibalbá. Ixbalanqué le salió al encuentro; la pelota iba derecho al anillo, pero se detuvo, rebotando, pasó rápidamente por encima del juego de pelota y de un salto se dirigió hasta el encinal.

El conejo salió al instante y se fue saltando; y los de Xibalbá corrían persiguiéndolo. Iban haciendo ruido y gritando tras el conejo. Acabaron por irse todos los de Xibalbá.

En seguida se apoderó Ixbalanqué de la cabeza de Hunahpú; se llevó de nuevo la tortuga y fue a colocarla sobre el juego de pelota. Y aquella cabeza era verdaderamente la cabeza de Hunahpú y los dos muchachos se pusieron muy contentos.

Corrieron, pues, los de Xibalbá a buscar la pelota y habiéndola encontrado entre las encinas, los llamaron, diciendo:

-Venid acá. Aquí está la pelota, nosotros la encontramos, dijeron, y la tenían colgando.

Cuando regresaron los de Xibalbá exclamaron -¿Qué es lo que vemos?

Luego comenzaron nuevamente a jugar. Tantos iguales hicieron por ambas partes.

En seguida Ixbalanqué le lanzó una piedra a la tortuga; ésta se vino al suelo y cayó en el patio del juego de pelota hecha mil pedazos como pepitas, delante de los Señores.

-¿Quién de vosotros irá a buscarla? ¿Dónde está el que irá a traerla?, dijeron los de Xibalbá.

Y así fueron vencidos los Señores de Xibalbá por Hunahpú e Ixbalanqué. Grandes trabajos pasaron éstos, pero no murieron, a pesar de todo lo que les hicieron.


CAPÍTULO XII

He aquí la memoria de la muerte de Hunahpú e Ixbalanqué. Ahora contaremos la
manera como murieron.

Habiendo sido prevenidos de todos los sufrimientos que les querían imponer, no murieron de los tormentos de Xibalbá, ni fueron vencidos por todos los animales feroces que había en Xibalbá.

Mandaron llamar después a dos adivinos que eran como profetas; llamábanse Xulú y Pacam y eran sabios, y les dijeron:

-Se os preguntará por los Señores de Xibalbá acerca de nuestra muerte, que están concertando y preparando por el hecho de que no hemos muerto, ni nos han podido vencer, ni hemos perecido en sus tormentos, ni nos han atacado los animales. Tenemos el presentimiento en nuestro corazón de que usarán la hoguera para darnos muerte. Todos los de Xibalbá se han reunido, pero la verdad es que no moriremos. He aquí, pues, nuestras instrucciones sobre lo que debéis decir:

-Si os vinieren a consultar acerca de nuestra muerte y que seamos sacrificados, ¿qué diréis entonces vosotros, Xulú y Pacam? Si os dijeren: "¿No será bueno arrojar sus huesos en el barranco?" "¡No conviene -diréis- porque resucitarán después!" Si os dijeren: "¿No será bueno que los colguemos de los árboles?", contestaréis: "De ninguna manera conviene, porque entonces también les volveréis a ver las caras". Y cuando por tercera vez os digan: "¿Será bueno que arrojemos sus huesos al río?"; si así os fuere dicho por ellos: "Así conviene que mueran -diréis-; luego conviene moler sus huesos en la piedra, como se muele la harina de maíz; que cada uno sea molido [por separado]; en seguida arrojadlos al río, allí donde brota la fuente, para que se vayan por todos los cerros pequeños y grandes." Así les responderéis cuando pongáis en práctica el plan que os hemos aconsejado, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué. Y cuando se despidieron de ellos, ya tenían conocimiento de su muerte. Hicieron entonces una gran hoguera, una especie de horno hicieron los de Xibalbá y lo llenaron de ramas gruesas.

Luego llegaron los mensajeros que habían de acompañarlos, los mensajeros de Hun Camé y de Vucub-Camé.

-"¡Que vengan! Id a buscar a los muchachos, id allá para que sepan que los vamos a quemar." Esto dijeron los Señores, ¡oh muchachos!, exclamaron los mensajeros.

-Está bien, contestaron. Y poniéndose rápidamente en camino, llegaron junto a la hoguera. Allí quisieron obligarlos a divertirse con ellos.

-¡Tomemos nuestra chicha y volemos cuatro veces cada uno [encima de la hoguera], muchachos!, les fue dicho por Hun Camé.

-No tratéis de engañarnos, contestaron. ¿Acaso no tenemos conocimiento de nuestra muerte, ¡oh Señores!, y de que eso es lo que aquí nos espera? Y juntándose frente a frente, extendieron ambos los brazos, se inclinaron hacia el suelo y se precipitaron en la hoguera, y así murieron los dos juntos.

Todos los de Xibalbá se llenaron de alegría y dando muchas voces y silbidos, exclamaban: -¡Ahora sí los hemos vencidos! ¡Por fin se han entregado!

En seguida llamaron a Xulú y Pacam, a quienes [los muchachos] habían dejado advertidos, y les preguntaron qué debían hacer con sus huesos, tal como ellos les habían pronosticado. Los de Xibalbá molieron entonces sus huesos y fueron a arrojarlos al río. Pero éstos no fueron muy lejos, pues asentándose al punto en el fondo del agua, se convirtieron en hermosos muchachos. Y cuando de nuevo se manifestaron, tenían en verdad sus mismas caras.


CAPÍTULO XIII

Al quinto día volvieron a aparecer y fueron vistos en el agua por la gente. Tenían ambos
la apariencia de hombres peces cuando los vieron los de Xibalbá, después de buscarlos
por todo el río.

Y al día siguiente se presentaron dos pobres, de rostro avejentado y aspecto miserable, vestidos de harapos, y cuya apariencia no los recomendaba. Así fueron vistos por los de Xibalbá.

Y era poca cosa lo que hacían. Solamente se ocupaban en bailar el baile del Puhuy [lechuza o chotacabra], el baile del Cux [comadreja] y el del Iboy [armadillo], y bailaban también el Ixtzul [ciempiés] y el Chitic [el que anda sobre zancos].

Además, obraban muchos prodigios. Quemaban las casas como si de veras ardieran y al punto las volvían a su estado anterior. Muchos de los de Xibalbá los contemplaban con admiración.

Luego se despedazaban a sí mismos; se mataban el uno al otro; tendíase como muerto el primero a quien habían matado, y al instante lo resucitaba el otro. Los de Xibalbá miraban con asombro todo lo que hacían, y ellos lo ejecutaban como el principio de su triunfo sobre los de Xibalbá.

Llegó en seguida la noticia de sus bailes a oídos de los Señores Hun Camé y Vucub Camé. Al oírla exclamaron: -¿Quiénes son esos dos huérfanos? ¿Realmente os causan tanto placer?

-Ciertamente son muy hermosos sus bailes y todo lo que hacen, contestó el que había llevado la noticia a los Señores.

Contentos de oír esto, enviaron entonces a sus mensajeros a que los llamaran con halagos. -"Que vengan acá, que vengan para que veamos lo que hacen, que los admiremos y nos maravillen. Esto dicen los Señores." Así les diréis a ellos, les fue dicho a los mensajeros.

Llegaron éstos en seguida ante los bailarines y les comunicaron la orden de los Señores.

-No queremos, contestaron, porque francamente nos da vergüenza. ¿Cómo no nos ha de dar vergüenza presentarnos en la casa de los Señores con nuestra mala catadura, nuestros ojos tan grandes y nuestra pobre apariencia? ¿No estáis viendo que no somos más que unos [pobres] bailarines? ¿Qué les diremos a nuestros compañeros de pobreza que han venido con nosotros y desean ver nuestros bailes y divertirse con ellos? ¿Por ventura podríamos hacer lo mismo con los Señores? Así, pues, no queremos ir, mensajeros, dijeron Hunahpú e Ixbalanqué.

Con el rostro abrumado de contrariedad y de pena se fueron al fin; pero por algún tiempo no querían caminar y los mensajeros tuvieron que pegarles varias veces en la cara cuando se dirigían a la residencia de los Señores.

Llegaron, pues, ante los Señores, con aire encogido e inclinando la frente; llegaron prosternándose, haciendo reverencias y humillándose. Se veían extenuados, andrajosos, y su aspecto era realmente de vagabundos cuando llegaron.

Preguntáronles enseguida por su patria y por su pueblo; preguntáronles también por su madre y su padre.

-¿De dónde venís?, les dijeron.

-No lo sabemos, señor No conocemos la cara de nuestra madre ni la de nuestro padre: éramos pequeños cuando murieron, contestaron, y no dijeron una palabra más.

-Está bien. Ahora haced [vuestros juegos] para que os admiremos. ¿Qué deseáis? Os daremos vuestra recompensa, les dijeron.

-No queremos nada; pero verdaderamente tenemos mucho miedo, le dijeron al Señor.

-No os aflijáis, no tengáis miedo. ¡Bailad! Y haced primero la parte en que os matáis; quemad mi casa, haced todo lo que sabéis. Nosotros os admiraremos, pues eso lo que desean nuestros corazones. Y para que os vayáis después, pobres gentes, os daremos vuestra recompensa, les dijeron.

Entonces dieron principio a sus cantos y a sus bailes. Todos los de Xibalbá llegaron y se juntaron para verlos. Luego representaron el baile del Cux, bailaron el Puhuy y bailaron el Iboy.

Y les dijo el Señor: -Despedazad a mi perro y que sea resucitado por vosotros, les dijo.

-Está bien, contestaron, y despedazaron al perro. En seguida lo resucitaron. Verdaderamente lleno de alegría estaba el perro cuando fue resucitado, y movía la cola cuando lo revivieron.

El Señor les dijo entonces: -¡Quemad ahora mi casa! Así les dijo. Al momento quemaron la casa del Señor, y aunque estaban juntos todos los Señores dentro de la casa, no se quemaron. Pronto volvió a quedar buena y ni un instante estuvo perdida la casa de Hun Camé.

Maravilláronse todos los Señores Y asimismo sus bailes les causaban mucho placer.

Luego les fue dicho por el Señor: -Matad ahora a un hombre, sacrificadlo, pero que no muera, dijeron.

-Muy bien, contestaron. Y cogiendo a un hombre, lo sacrificaron en seguida, y levantando en alto el corazón de este hombre, lo suspendieron a la vista de los Señores.

Maravilláronse de nuevo Hun Camé y Vucub Camé. Un instante después fue resucitado el hombre por ellos [por los muchachos] y su corazón se alegró grandemente cuando fue resucitado.

Los Señores estaban asombrados. -¡Sacrificaos ahora a vosotros mismos, que lo veamos nosotros! ¡Nuestros corazones desean verdaderamente vuestros bailes!, dijeron los Señores.

-Muy bien, Señor, contestaron. Y a continuación se sacrificaron. Hunahpú fue sacrificado por Ixbalanqué; uno por uno fueron cercenados sus brazos y sus piernas, fue separada su cabeza y llevada a distancia, su corazón arrancado del pecho y arrojado sobre la hierba. Todos los Señores de Xibalbá estaban fascinados. Miraban con admiración, y sólo uno estaba bailando, que era Ixbalanqué.

-¡Levántate!, dijo éste, y al punto volvió a la vida. Alegráronse mucho [los jóvenes] y los Señores se alegraron también. En verdad, lo que hacían alegraba el corazón de Hun- Camé y Vucub Camé y éstos sentían como si ellos mismos estuvieran bailando.

Sus corazones se llenaron enseguida de deseo y ansiedad por los bailes de Hunahpú e Ixbalanqué. Dieron entonces sus órdenes Hun Camé y Vucub-Camé.

-¡Haced lo mismo con nosotros! ¡Sacrificadnos!, dijeron. ¡Despedazadnos uno por uno!, les dijeron Hun Camé y Vucub Camé a Hunahpú e Ixbalanqué.

-Está bien; después resucitaréis. ¿Acaso no nos habéis traído para que os divirtamos a vosotros, los Señores, y a vuestros hijos y vasallos?, les dijeron a los Señores.

Y he aquí que primero sacrificaron al que era su jefe y Señor, el llamado Hun Camé, rey de Xibalbá.

Y muerto Hun Camé, se apoderaron de Vucub-Camé. Y no los resucitaron.

Los de Xibalbá se pusieron en fuga luego que vieron a los Señores muertos y sacrificados. En un instante fueron sacrificados los dos. Y esto se hizo para castigarlos. Rápidamente fue muerto el Señor Principal. Y no lo resucitaron.

Y un Señor se humilló entonces, presentándose ante los bailarines. No lo habían descubierto, ni lo habían encontrado. -¡Tened piedad de mí!, dijo cuando se dio a conocer.

Huyeron todos los hijos y vasallos de Xibalbá a un gran barranco, y se metieron todos en un hondo precipicio. Allí estaban amontonados cuando llegaron innumerables hormigas que los descubrieron y los desalojaron del barranco. De esta manera los sacaron al camino y cuando llegaron se postraron y se entregaron todos, se humillaron y llegaron afligidos.

Así fueron vencidos los Señores de Xibalbá. Sólo por un prodigio y por su transformación pudieron hacerlo.


CAPÍTULO XIV

En seguida dijeron sus nombres y se ensalzaron a sí mismos ante todos los de Xibalbá.

-Oíd nuestros nombres. Os diremos también los nombres de nuestros padres. Nosotros somos Ixhunahpú e Ixbalanqué, éstos son nuestros nombres. Y nuestros padres son aquéllos que matasteis y que se llamaban Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú. Nosotros, los que aquí veis, somos, pues, los vengadores de los dolores y sufrimientos de nuestros padres. Por eso nosotros sufrimos todos los males que les hicisteis. En consecuencia, os acabaremos a todos vosotros, os daremos muerte y ninguno escapará, les dijeron.

Al instante cayeron de rodillas, todos los de XibaIbá.

-¡Tened misericordia de nosotros, Hunahpú e Ixbalanqué ! Es cierto que pecamos contra vuestros padres que decís y que están enterrados en Pucbal-Chah, dijeron.

-Está bien. Ésta es nuestra sentencia, la que os vamos a comunicar. Oídla todos vosotros los de Xibalbá:

-Puesto que ya no existe vuestro gran poder ni vuestra estirpe, y tampoco merecéis misericordia, será rebajada la condición de vuestra sangre. No será para vosotros el juego de pelota. Solamente os ocuparéis de hacer cacharros, apastes y piedras de moler maíz. Sólo los hijos de las malezas y del desierto hablarán con vosotros. Los hijos esclarecidos, los vasallos civilizados no os pertenecerán y se alejarán de vuestra presencia. Los pecadores, los malos, los tristes, los desventurados, los que se entregan al vicio, ésos son los que os acogerán. Ya no os apoderaréis repentinamente de los hombres, y tened presente la humildad de vuestra sangre. Así les dijeron a todos los de Xibalbá.

De esta manera comenzó su destrucción y comenzaron sus lamentos. No era mucho su poder antiguamente. Sólo les gustaba hacer el mal a los hombres en aquel tiempo. En verdad no tenían antaño la condición de dioses. Además, sus caras horribles causaban espanto. Eran los Enemigos, los Buhos. Incitaban al mal, al pecado y a la discordia.

Eran también falsos de corazón, negros y blancos a la vez, envidiosos y tiranos, según contaban. Además, se pintaban y untaban la cara.

Así, fue, pues, la pérdida de su grandeza y la decadencia de su imperio.

Y esto fue lo que hicieron Hunahpú e Ixbalanqué.

Mientras tanto la abuela lloraba y se lamentaba frente a las cañas que ellos habían dejado sembradas. Las cañas retoñaron, luego se secaron cuando los quemaron en la hoguera; después retoñaron otra vez. Entonces la abuela encendió el fuego y quemó copal ante las cañas en memoria de sus nietos. Y el corazón de su abuela se llenó de alegría cuando por segunda vez, retoñaron las cañas. Entonces fueron adoradas por la abuela y ésta las llamó el Centro de la Casa, Nicah (el centro) se llamaron.

Cañas vivas en la tierra llana (Cazam Ah Chatam Uleu) fue su nombre. Y fueron llamadas el centro de la Casa y el Centro, porque en medio de su casa sembraron ellos las cañas. Y se llamó Tierra Allanada, Cañas Vivas en la Tierra Llana, a las cañas que sembraron. Y también las llamó Cañas Vivas porque retoñaron. Este nombre les fue dado  por Ixmucané a las que dejaron sembradas Hunahpú e Ixbalanqué para que fueran recordados por su abuela.

Ahora bien, sus padres, los que murieron antiguamente, fueron Hun Hunahpú y Vucub Hunahpú. Ellos vieron también las caras de sus padres allá en Xibalbá y sus padres hablaron con sus descendientes, los que vencieron a los de Xibalbá.

Y he aquí cómo fueron honrados sus padres por ellos. Honraron a Vucub Hunahpú; fueron a honrarlo al Sacrificadero del juego de pelota. Y asimismo quisieron hacerle la cara. Buscaron allí todo su ser, la boca, la nariz, los ojos. Encontraron su cuerpo, pero muy poco pudieron hacer. No pronunció su nombre el Hunahpú. Ni pudo decirlo su boca.

Y he aquí cómo ensalzaron la memoria de sus padres, a quienes habían dejado y dejaron allá en el Sacrificadero del juego de pelota: "Vosotros seréis invocados", les dijeron sus hijos, cuando se fortaleció su corazón. "Seréis los primeros en levantaron y seréis adorados los primeros por los hijos esclarecidos, por los vasallos civilizados. Vuestros nombres no se perderán. ¡Así será!", dijeron a sus padres y se consoló su corazón. "Nosotros somos los vengadores de vuestra muerte, de las penas y dolores que os causaron."

Así fue su despedida, cuando ya habían vencido a todos los de Xibalbá.

Luego subieron en medio de la luz y al instante se elevaron al cielo. Al uno le tocó el sol y al otro la luna. Entonces se iluminó la bóveda del cielo y la faz de la tierra. Y ellos moran en el cielo.

Entonces subieron también los cuatrocientos muchachos a quienes mató Zipacná, y así se volvieron compañeros de aquéllos y se convirtieron en estrellas del cielo.

FIN SEGUNDO LIBRO