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miércoles, 9 de julio de 2014

José Joaquín Palma Lasso




A JOSÉ JOAQUÍN PALMA LASSO

Bendito sea el providente signo
que te trajo a la patria mía;
bendito tú, hermano peregrino
que la ungiste con férvida poesía.

Aquí no fuiste extraño ni cubano,
pues la mística brillante de tu inspiración,
milagro fue que te hizo nuestro hermano
para consagrarte en el patrio corazón.

Inolvidable serás, José Joaquín Palma,
en el culto cotidiano de la historia
y en el evangelio de la fama inmortal.

porque en la profunda devoción del alma,
tu nombre resucita cubierto de gloria.
en cada nota de nuestro Himno Nacional;


¿QUÉ ES UN HIMNO?
J. J. Palma                                          

¿Qué es un himno?... una canción
que condensa, libre y fiera,
el amor, el alma entera
de un pueblo, de una nación;
es justicia, es redención,
cuando canta la igualdad;
en que los heroes se encienden
cuando iracundos defienden
su tierra y su libertad.

     Mañana, si a sus legiones
él llamara en son de guerra,
ensordeciendo la sierra,
inflamando corazones;
a los penetrantes sones
de la voz arrebatada
de su inspiración sagrada,
nuestros padres se alzarían,
¡y sus tumbas romperían
para ceñirse la espalda!

        
JOSE JOAQUÍN PALMA LASSO
1844 ─ 1911


...y bebió las mieles del parnaso para
tejer en inmortales páginas las filigranas
de sus dulce inspiración.

Este Varón, de sublime verbo y fecundo talento, cubano por cuna, llegó a Guatemala, obligado por esas iras crueles que en el alma de los autócratas engendran los cruzados de las luchas libertarias: ¡persecución, cárcel, extrañamiento, muerte!

La última escala de su amargo recorrido de exilio, fue Guatemala, ¡dulce refugio donde alivió en parte su alma dolorida.

Este fue su remanso de quietud y la tierra prometida donde su alforja de apóstol peregrino, volcó el tesoro de su talento y las diáfanas esencias de su espiritualidad; antes que extraño, Palma fue un hermano más, porque hermanas son las almas identificadas por comunes anhelos y movidas por la dinámica del santo amor a la libertad.

Quiso, y fue querido; admiró y fue admirado; y supo compensar el refugio acogedor de esta patria, con el inmortal legado de sus hermosos versos, plasmados en el más bello de los himnos.

Cuenta la historia que San Salvador de Bayamo, fue la segunda ciudad fundada por el adelantado don Diego de Velázquez, conquistador de Cuba; es una ciudad de gran abolengo y glorificada por el amor patrio e intelectualidad de sus hijos, por la exquisitez de sus vates, aptitud de sus hombres de letras, pero antes que nada, por su valiente intervención en los movimientos pro independencia cubana... y allí, en esa cuna de preclaros Varones donde un día también vieran la luz primera aquellos hombres notables que se llamaron: Carlos Manuel de Céspedes, patriota excelso que luchando ardorosamente por la libertad de su patria amada, cayó para siempre en el despeñadero de San Lorenzo; Tristán de Jesús Medina, primer orador sagrado de Cuba; allí, en esa tierra mil veces consagrada por la ideología soberana de sus dilectos hijos, nació José Joaquín Palma Lasso, el 11 de septiembre de 1844, para dicha de doña Dolores Lasso y don Pedro Palma. sus nobles progenitores.

El convento de San Francisco y el famoso colegio de San José, fueron los centros educacionales donde José Joaquín recibió la santa eucaristía de la ciencia y la prédica sugestiva y edificante de mentores talentosos como lo fueron el ilustre padre Ramírez y el prestigiado pedagogo José María Izaguirre, a quien dicho sea de paso, recordaremos con especial cariño y admiración por haber sido el primer director fundador de nuestra amada Escuela Normal para Varones, por encargo personal del presidente Justo Rufino Barrios que con tal fin le hizo venir al país.

José Joaquín poseía un espíritu altamente devoto por los encantos de la belleza y la dulzura de la inspiración; diríase que en él anidaban divinos atributos que solo esperaban el beso señorial de su hora señalada, para cobrar alas y, en vuelo extraordinario, surcar la bóveda infinita de la fama.

Todas sus inquietudes, esperanzas, ideas, tristezas y alegrías, eran trasladadas al laboratorio de su regia sensibilidad, de donde salían plasmadas en versos de olímpica sonoridad. Todo lo que escribía, fielmente reflejaba su enorme dimensión espiritual y artística; su palabra, reposada y franca, era voz de forja, de esas que arrancando de los labios, tornan al corazón en ánfora continente de hermosos evangelios y consagrantes verdades.

Ignacio Martínez Valdez, era un cubano de gran ilustración y poseído de un poder poco común para convertir a sus discípulos en devotos seguidores en los encantos del arte; Palma, que fue uno de ellos, sinceramente reconoce en Martinez Valdez, el límpido manantial  donde su alma fortaleció su sed de inspiración y donde todo su ser se extremeció al conjuro de aquella mística; el verbo de aquel gran maestro solo sabía conducir conciencias hacia el corazón mismo del parnaso, allí donde los dioses inmortales sorbieron mieles que dieron fulgor a la idea y palpitación al pensamiento.

José Joaquín, enamorado eterno del arte, también lo era de la vida; si su alma sensible ansiaba alas poderosas para sus atrevidos vuelos de conquista, menester le era a su joven y notable corazón, ese impulso divino que le permitiera tornarse en acogedor santuario de íntimos afectos: ansiaba el amor ¡y el milagro se hizo!

Una dama culta, por demás hermosa y refrenada por el sello patriótico y revolucionario que distinguía a su cubano hogar, pasó a ser la dulce compañera de vida del exquisito bardo; su nombre: Leonela del Castillo.

Al correr del tiempo, aquel hogar contaba con cuatro descendientes: José Joaquín, Zoila América Ana, Francisco y Carlos. Mientras tanto el inquieto Palma, comenzaba a descollar como hombre de letras; sus escritos merecian toda admiración y elogio y sus relaciones literarias eran selectas.

Seguro ya de sus aptitudes para el honroso arte periodístico y aguijoneando siempre por la suerte de su patria, y por el tenaz anhelo de luchar hasta lo imposible para depararle un futuro mejor, decidió editar un vocero bajo un bien delineado plan de actividades; para ello contó con la colaboración de Francisco Maceo Osorio, elemento joven y de las mismas ideas cívicas, y en 1864, sacaban a luz pública "LA REGENERACIÓN DE BAYAMO" órgano sencillo, por razones monetarias, pero de un contenido interesantísimo; en cada tema campeaba el distintivo nacionalista de Maceo Osorio y de Palma, así como su inquebrantable culto hacia la justicia, la libertad y el derecho; mas en aquellos días que vivía Cuba, constituía delito hablar de tan soberanos postulados; imperaba la opresión y la arbitrariedad, y a juicio de los mandarines, tales atrevimientos los interpretaban como un desafío o como un valladar a su insaciable sed de mando; así que el joven periódico tuvo que desaparecer para siempre, pero, para siempre dejó en las almas amantes de la libertad y de la grandeza patrias, la fecunda simiente que el poder del tiempo se encargaría de darles madurez. Tiempo más tarde, Palma aparece al lado de del insigne José Martí, en la ciudad de Kingstone, luchando valientemente por la libertad cubana.

¡Quién iba a revelarle que mientras él participaba en aquella noble misión ciudadana, allá, en su natal San Salvador de Bayamo, su Leonela amada rendía tributo a la tierra! ahora tocábale velar por la subsistencia de sus pequeños en aquel hogar atribulado por el dolor de las ausencias y protegido por la sombra bienhechora de la madre muerte.

Destierro, peregrinaje y arribo a Guatemala.

Nuevamente José Joaquín, obedeciendo a su férrea tendencia de ver libertada a su Cuba amada, pasa a engrosar filas de las fuerzas revolucionarias que protagonizaron la histórica acción armada de YARA, y en el cual también pelearon los patriotas Manuel de Céspedes y Máximo Gómez.  En Bayamo, lucha desesperadamente por la abolición de la esclavitud; pinta al rojo vivo la penosa situación por que atraviesa Cuba y llama ardorosamente a sus coterráneos para que unidos consigan esa libertad; ese patriótico llamado lo hace desde las columnas del vocero "El Cubano Libre". Las consecuencias no se hicieron esperar. A estas publicaciones, siguió una ola de persecuciones, encarcelamientos y extrañamientos; gran cantidad de valientes cubanos fueron condenados al exilio; José Joaquín Palma Lasso fue uno de ellos; su primera etapa de destierro la vivió en Jamaica, luego pasó a territorio estadounidense de donde salió rumbo a suramérica, visitando entre otros países el Perú, terminando su itinerario en Guatemala, que sería su última escala hasta la muerte. Corre el año de 1873.

Su carácter bondadoso y jovial, sus nobles sentimientos, su especial inclinación hacia la juventud, su verticalidad en el campo de la amistad, su amena charla, sus dotes literarias y tantas cualidades más que atesoraba, fueron suficientes para ganar el cariño y la admiración de quienes le trataban, y como tales factores son determinantes de supremas identificaciones, José Joaquín Palma Lasso, pronto pasó a la categoría de "hermano guatemalteco".

Guatemala no fue para Palma un terruño provisional para vivir su exilio; hizo de ella una segunda patria; la amó con el amor que postraba su corazón al recuerdo de su inolvidable Cuba; se unió a los sentimientos patrios de los guatemaltecos; su talento, púsolo al servicio de la cultura nacional y su trabajo honrado y eficiente, lo hizo merecedor a ocupar cargos oficiales. Fungió como director de nuestra Biblioteca Nacional, dándole una organización paralela a las más avanzadas normas en ese ramo; su inspiración, plasmada en inigualables versos y en expresivas poesías, quedó contenida en un bello libro cuyo quilate artístico fue valorado por opiniones de reconocidos hombres de letras como los bardos José Santos Chocano y Rubén Darío; fue entusiasta y fecundo colaborador del periodismo guatemalense, centroamericano y caribeño; en el famoso semanario que dirigía Enrique Gómez Carrillo y Rubén Darío, el famoso "Correo de la Tarde", también lució la pluma de Palma; sirvió la cátedra de literatura Española en nuestra Facultad de Derecho y valiosos artículos fueron su colaboración para la revista de dicho centro universitario; formó parte del personal de la secretaría de Relaciones Exteriores, y al momento de su muerte, servía el merecido cargo de cónsul de su amada Cuba, hecha república libre, ante nuestro gobierno.

Su palabra cálida y exquisita, su presta facilidad de improvisar, lo trascendente de sus temas y su personalidad sólida, era el alma de los actos lírico-literarios con que se deleitaban los círculos sociales de la época, y de las acostumbradas "tertulias" celebradas en casas particulares; supo brindar su estímulo sincero y su espontánea dirección literaria, a todos los jóvenes que gustaban de las bellas artes.

Pero no por vivir en Guatemala rodeado de cariños y altas estimas, José Joaquín se olvidaba de su dolido terruño; antes bien sufría al recordar el martirio de su oprimida patria y encontraba alivio en su propia ansia de verla libre algún día, en su férrea voluntad de luchar por ese sagrado ideal, en su credo de autonomista y en su deseo de ver a esa patria querida: "libre de las duras cadenas" y "alzarle en un trono de amor", y seguramente fue ese torbellino de recuerdos lastimeros y ardientes ideales, lo que fue haciendo brotar en aquel cerebro privilegiado, uno a uno, ese palpitar de sonoros versos que es nuestro sacrosanto himno nacional.

La felicidad que sueña para su Cuba del alma, seguramente le inspiró el "Guatemala Feliz" con que inicia el bello poema; si José Joaquín intuye el rompimiento de cadenas de su patria; sabe que en no lejano día, allá, en su lar antillano, ya no habrán "cobardes que laman el yugo", ni menos "tiranos que escupan su faz",  y así, en cada una de esas expresivas imágenes: "nubes de nítida albura", el arado, la espada, el ande soberbio, la ruda pelea, invasión extranjera, remontar hasta el cielo, el cóndor, etcétera, son voces escapadas de su plegaria devota que noche a noche musita solitario ante el ara de su cuba lejana y que con la misma devoción las ofrenda ante el tabernáculo de su hospitalaria Guatemala, y es  esa hermosa circunstancia, la que nos impulsa a querer y evocar por siempre al inspirado aeda , no como a un simple amigo visitante, sino con legitimidad de hermano, de guatemalteco auténtico, porque supo identificarse en todo momento con nuestros propios ideales y sentimientos y porque así lo dice en el torrente de sonoridades inmortales que plasmadas en el himno civico, nos legara como divina compensa del refugio que aquí encontró a su paso peregrino.

Nace el Himno Nacional Guatemalteco.

Sabemos ya que durante el periodo comprendido entre 1887 y 1897, en Guatemala se cantó como primer himno nacional ─sin declaratoria oficial─ el "Himno Popular", escrito por el recordado licenciado y poema totonicapanense, Ramón Pereira Molina y con la música del insigne Alvarez Ovalle.

Como el poema mencionado no fuera del agrado del presidente, general José María Reyna Barrios, por considerarlo inexpresivo y falto de ese ardor y virilidad que debe caracterizar al espíritu patrio, dispuso que se abriera una encuesta literaria con la finalidad de seleccionar la mejor adaptada a los requisitos que se puntualizarían como básicos, y que por tanto, mereciera declararse oficialmente como letra de nuestro himno nacional.

Doce fueron las composiciones que se recibieron para concursar.

Por su parte, el Ministerio de Instrucción Pública encomendó la delicada tarea de calificar, estudiar y dictaminar al respecto, a tres ciudadanos de reconocida competencia intelectual y literaria; sus nombres: Francisco Castañeda, literato; José Joaquín Palma, poeta cubano y José Laonard, quienes al final, calificaron como la más apropiada, por su estilo y contenido, la que aparecía firmada con el seudónimo de "ANÓNIMO", rindiendo inmediatamente informe a donde correspondía.

Texto del informe rendido por el jurado calificador del concurso literario, integrado por los señores F. Castañeda, J. Joaquín Palma y José Leonard.

"Guatemala, 27 de Octubre de 1896.
Señor ministro de Instrucción Pública.
Presente.
En cumplimiento a la honrosa comisión con que usted se sirvió favorecernos, encargándonos de la calificación de los "himnos nacionales" presentados a esta secretaría, en virtud del concurso abierto por el acuerdo de 24 de julio último, hemos examinado las doce composiciones que con tal objeto tuvo usted a bien enviarnos con fecha 15 del actual. Animados de los mejores deseos, y con la mira de hacer la designación requerida por el mencionado acuerdo, nos hemos reunido varias veces, y después de largo y detenido examen, tenemos la honra de manifestar a usted que, a nuestro juicio, el himno que empieza con las palabras "Guatemala feliz" y lleva al pie la de "Anónimo" entre paréntesis, es el que mejor responde a las condiciones de la convocatoria y merece, por lo tanto, el premio ofrecido. Así tenemos la honra de emitir el informe que la secretaría de su digno cargo nos pidió, escribiéndonos con toda consideración y aprecio, el señor ministro, muy atentos y seguros servidores. 
José Leonard, J. J. Palma, F. Castañeda".

En vista de este informe, el ministro de Instrucción Pública lo hizo del conocimiento del mandatario Reyna Barrios, quien en acuerdo especial lo declaró himno nacional.

Por ser de innegable importancia para todo guatemalteco, transcribimos el acuerdo presidencial que declara la legitimidad oficial de la letra del himno patrio:

"Palacio del poder ejecutivo: Guatemala, 28 de Octubre de 1896.


Visto el informe emitido por el jurado que se designó para examinar las composiciones literarias, presentadas al concurso abierto por el acuerdo de 24 de julio del corriente año.

El Presidente de la República:

ACUERDA:

Que sea tenido como Himno Nacional el siguiente que mereció la primacía en la calificación:

¡Guatemala feliz!... ya tus aras
no ensangrienta feroz el verdugo;
ni hay cobardes que laman el yugo
ni tiranos que escupan tu faz.
Si mañana a tu suelo sagrado
lo profana invasión extranjera,
tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá.

CORO

Tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá;
que tu pueblo con ánima fiera
antes muerto que esclavo será.

*

De tus viejas y duras cadenas
tú fundiste con mano iracunda
el arado que el suelo fecunda
y la espada que salva el honor.
Nuestros padres lucharon un día
encendidos en patrio ardimiento;
te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor.

*

Te arrancaron del potro sangriento
y te alzaron un trono de amor,
que de patria al enérgico acento
muere el crimen y se hunde el error.

*

Es tu enseña pedazo de cielo
entre nubes de nítida albura,
y ¡ay de aquél que con mano perjura
sus colores se atreva a manchar!
Que tus hijos valientes y altivos
ven con gozo en la ruda pelea
el torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar.

CORO

El torrente de sangre que humea
del acero al vibrante chocar,
que es tan sólo el honor su presea
y el altar de la patria su altar.

*

Recostada en el ande soberbio,
de dos mares al ruido sonoro,
bajo el ala de grana y de oro,
te adormeces del bello quetzal;
Ave indiana que vive en tu escudo,
paladión que protege tu suelo;
¡ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real!

CORO

¡Ojalá que remonte su vuelo
más que el cóndor y el águila real,
y en sus alas levante hasta el cielo,
Guatemala, tu nombre inmortal!


(Anónimo)

Publíquese. Reyna Barrios. El Secretario de Estado en el Despacho de Instrucción Pública. Manuel Cabral.

Esta bella letra hímnica, refleja con exactitud magnificante, al patriota viril de profundo credo literario que encarnaba el dilecto bayamés; diríase que en cada verso, en cada verso, en cada estrofa, había volcado la diafanidad de su ternura y el oro de su inspiración.

El gobierno de la República organizó un acto para homenajear a los vencedore en el evento de letra y música, legal y oficialmente investidos como 'Himno Nacional de Guatemala" y a la vez, condecorarlos públicamente.

Pero a aquella importante reunión, solo hizo acto de presencia nuestro inolvidable Rafael Alvarez Ovalle, no así la persona autora de la bella composición literaria. Su nombre quedaba en el misterio.

Esta inesperada como rara circunstancia, engendró curiosidad en todos los círculos y abundaron las conjeturas en torno a la paternidad de tan bello poema; varios nombres de ciudadanos, dueños de merecido prestigio en el mundo de las letras, fueron barajados; habían opiniones que señalaban, como autor, al propio ministro de Instrucción Pública, licenciado Manuel Cabral; otro sector se inclinaba por el vate Manuel Valle; no faltando quien lo atribuyera a la pluma de Francisco Lainfiesta y de Manuel Paz y finalmente se aseguraba que el legítimo autor, era cierto poeta extranjero.

Los años iban pasando y aquel misterioso anonimato seguía igual.

Por fin, en 1910, para pueblo y gobierno de Guatemala, queda despejada aquella incógnita que por más de catorce años diera margen a dudas y curiosidad. Ahora todos sabrían en que el autor de nuestra letra hímnica, era nada menos que "El Trovador de Bayamo", José Joaquín Palma Lasso.

Sí, "El poeta de la amistad, del hogar y de la patria", como lo llamaba su connacional, el eximio José Martí, era el autor; valga decir que, algunos de los amigos íntimos de Palma, sabían de esa paternidad, pero en nombre de la franca amistad que los vinculaba, habíanle prometido guardar el secreto.

Descubrimiento del Autor "Anónimo" del Canto Patrio y Ceremonias de Reconocimiento.

Llegado el momento en que serios quebrantos de salud tenían postrado al poeta, y reconociendo él mismo que su fin estaba cercano, dispuso, en uno de esos momentos de conmoción espiritual que preceden a la muerte, cuando Dios absorbe la atención y la conciencia hace balance de acciones, hacer la trascendente confesión, primero a sus hijos y luego al grupo de amigos preferidos. La noticia llegó al pueblo y al gobierno, con la rapidez del rayo.

El licenciado Manuel Estrada Cabrera, presidente de la República, emitió con fecha 15 de septiembre de 1910, un decreto en el que disponía:

"Que en las minervalias del corriente año, se otorgue una medalla de oro que llevará en el anverso: el escudo de la República y en el reverso, esta leyenda: El Gobierno de Guatemala, al inspirado poeta José Joaquín Palma, autor de la letra del Himno Nacional".

El acto en homenaje al gran Palma, se celebró en el salón de actos de la Facultad de Medicina, coincidiendo con los festejos minervalios con que clausura su labor anual.

El licenciado Manuel Cabral, en su carácter de ministro de Instrucción Pública, dio lectura al acuerdo oficial antedicho.

A continuación, el propio presidente Estrada Cabrera, ocupó la tribuna para exaltar la personalidad distinguida de José Joaquín Palma, que por su grave estado de salud no pudo recibir el homenaje.

Como su representante, envió a su hijo, Carlos Palma, quien con palabra emocionada, patentizó a las altas autoridades oficiales, el significativo acto celebrado en honor de su padre.

Finalmente, el presidente Cabrera, encomendó a los doctores José Azurdia y Julian Rosales y a los licenciados Manuel Cabral y Juan Melgar, acudieran a la casa del poeta Palma, para entregarle en propias manos, copia del decreto por el cual el gobierno le rendia homenje, y colocar en su pecho la medalla de oro respectiva.

Los cuatro distinguidos profesionales fueron llevados, por familiares del poeta, hasta su lecho de enfermo; con la brevedad que el caso demandaba, la misión fue cumplida; Palma, notoriamente emocionado y medio incorporado, recibió aquella demostración  de justo reconocimiento y patria gratitud.

Pero el homenaje que indudablemente revistió caracteres solemnes y de legítima gratitud cívica, fue el que se le tributo la noche del 23 de julio de 1911, por iniciativa de los renombrados hombres de letras, don Manuel Valle y José Vicente Martínez, y el cual el pueblo de Guatemala, sin distingo alguno, acudió ferviente y sincero, a la cita con el deber de la gratitud y la justicia.

Los intelectuales Valle y Martínez, sabedores de que don José Joaquín había entrado en crisis de suma gravedad y que le quedaban contados los días de vida, se dieron a la noble tarea de organizar una pública manifestación de cariño y admiración para aquel cubano que tanto amó a Guatemala.

Los intelectuales guatemaltecos y los más connotados periodistas, como resultado de varias sesiones celebradas en el teatro Colón, acordaron, entre otras cosas:

"Que se entregue al poeta, una corona de laurel, hecha en oro y plata.

Que para el simbólico acto, se invitara a los institutos y escuelas nacionales de ambos sexos, para que entonaran el himno nacional en el instante de coronar al poeta.

Que se nombre a un comité ejecutivo para elaborar el programa respectivo".

Este comité quedó integrado por las siguientes personas: licenciado Manuel Valle, redactor del diario oficial "El Guatemalteco"; licenciado Virgilio Rodríguez Beteta, director del "Diario de Centro América"; Antonio Palomo, director de la revista "Pasatiempo" y Francisco Castañeda, director de la revista "Centro América", vocero de la Oficina internacional centroamericana.

Asimismo fue electo por unanimidad, el licenciado José Rodríguez Cerna, para hacer uso de la palabra en el momento en que el propio comité ejecutivo procediera a coronar al poeta.

Aprobose asimismo, que sería entregado a Palma, un álbum conteniendo las actas referentes a su homenaje y un diploma conmemorativo.

"Que las ediciones periodísticas del día lunes 24, fueran dedicadas al homenaje a Palma, y que forme un folleto con todos los escritos, poesías, discursos, artículos, etcétera, relativos al homenaje, eligiéndose para la dirección de dicho trabajo, al director del rotativo "El Nacional", doctor Eduardo Aguirre Velásquez".

Y llegó el día del gran homenaje. El punto de reunion fue la plazuela del teatro Colón. Con fervor ciudadano la gente comenzó a llenar aquél lugar, y una vez reunidos: Magisterio nacional, literatos,periodistas, comité ejecutivo, institutos, escuelas normales, escuelas primarias, municipalidad en pleno, delegaciones de facultades y agrupaciones científicas, literarias, sociales, empleados públicos, comercio y público en general, se organizó el importante desfile, iniciando la marcha hacia la casa donde vivía el bardo bayamés, 10a calle poniente No. 27.

El desfile llevó este orden:

Banda marcial de Guatemala, miembros de la prensa e invitados especiales, Instituto nacional central para señoritas, Escuela práctica para señoritas, Escuela de artes femeniles, Escuela práctica para caballeros, Instituto nacional central para varones, Compañía "Estrada Cabrera" de la escuela primaria No. 1,  público en general.

Aquel torrente humano enfiló por la novena calle oriente, sexta avenida sur y décima calle poniente; durante su recorrido, escuchábanse nutridos aplausos y vivas a Palma.

A las nueve de la noche, la compacta multitud se encontraba frente a la casa del poeta enfermo, formando impresionante cuadro; seguidamente, el comité ejecutivo en cuerpo, hizo su ingreso a la mansión , siendo recibidos por Carlos y Zoila América Ana, hijos de don José Joaquín y por un grupo de amigos particulares del poeta. Una vez reunidos en la sala, fue el licenciado Manuel Valle, quien con su acostumbrada elocuencia, puso en las manos de Zoila América Ana, la bellísima corona de plata y oro, expresándole que en esa forma el periodismo de Guatemala, patentizaba su cariño, su admiración y su gratitud a su amado padre, por los simbólicos versos que engarzados en milagro de amor patrio, constituyen la letra de nuestro himno nacional; este instante de la entrega se hizo profundamente emotivo y solemne, pues en la calle, a los acordes de la banda marcial, se dejó escuchar el sagrado himno patrio.

Seguidamente el licenciado Carlos Rodríguez Cerna, con su habitual exquisitez tribunicia, pronunció meritisima elocución exaltativa al ilustre cubano y portadora de la gratitud de los guatemaltecos.

Carlos Palma, hijo mayor del aeda con su voz entrecortada por lo emotivo del momento, agradeció en nombre de su padre, a la prensa, pueblo y gobierno, las distintas muestras de afecto con que han glorificado su nombre. Tocó su turno al gran bardo José Santos Chocano, quien declamó magistralmente un significativo soneto compuesto especialmente para Palma. Afuera, las notas de una marcha, ejecutada por el cuerpo de banda, indicaban que el acto había llegado al final.

Por deseo personal del gran poeta Palma, las personas integrantes de comité ejecutivo, señores Manuel Valle, Virgílio Rodrígez Beteta. J. Antonio Palomo y Francisco Castañeda, amigos íntimos de él, fueron invitados a pasar a la alcoba de enfermo, pues quería verlos; esta preciosa oportunidad la aprovecharon para entregarle en propias manos, el álbum, la corona y el diploma, amorosa ofrenda con que el pueblo consagraba sus sienes geniales con los bálsamos de la gratitud; el licenciado Manuel Valle, el predilecto amigo de Palma, con frases conmovidas y lacónicas, hízole entrega de la ofrenda; don José Joaquín, ya sin fuerzas para incorporarse del lecho, alargó sus débiles manos para recibir la corona, luego las llevó a su pecho como respuesta de gratitud y de aquellos ojos azules y expresivos, dos lágrimas rubricaron aquel mensaje de alma, más elocuente y enternecedor, en ese momento, que si hubiese fluido de sus labios; finalmente estrechó entre sus temblorosas manos, una a una, las de sus entrañables amigos, que hondamente impresionados por el dolor de la escena, abandonaron silenciosamente la alcoba de aquel amigo hermano que días después volverían a ver reposando en lecho de ataúd.

Fallecimiento de el "Cantor de la patria"

Corre el primer día del mes de agosto de 1911; el estado del poeta se ha agravado hasta la agonía; sus acongojados hijos prodíganle los cuidados postreros; en sus rostros, dibújanse las inconfundibles huellas que marca el dolor de las irreparables pérdidas, especialmente en Zoila América Ana, que ha sido la compañera inseparable y abnegada de la enferma ancianidad de su padre amantísimo; aquel cansado organismo resiste todavía el curso de la noche; es hasta las 12 meridiano del día 2 del dicho mes, que "El Cantor de la Patria", cristianamente emprende su viaje eterno; si, José Joaquín Palma Lasso, acababa de morir. Momentos más tarde, la infausta noticia llenaba de consternación a todos los sectores del país; la casa mortuoria se torna insuficiente para contener a la muchedumbre que acude a patentizar su pena y su dolor a los dolidos familiares y a ver por última vez aquel rostro amigo del poeta muerto. Millares de personas desfilaron durante día y niche, ante el ataúd que contenía los despojos del poeta, envueltos en la insignia de la estrella solitaria, dada su alta condición diplomática, ya que al momento de su deceso, desempeñaba el cargo de cónsul de su patria Cuba, ante el gobierno de Guatemala, su patria adoptiva.

Inmediatamente el presidente Estrada Cabrera, acuerda:

"Que una comisión del gobierno presente sentido pésame a la familia del distinguido extinto; 

Que la Secretaría de Gobernación y Justicia y de Relaciones Exteriores, inviten para asistir a la conducción del cadáver al cementerio General; 

Que al entierro asistan, el Gobierno y funcionarios del Estado;

Que la oración fúnebre a nombre del gobierno, sea encomendada al Ministerio de Relaciones Exteriores, y

Que los gastos fúnebres sea erogados del erario nacional".

Por medio de elegantes esquelas, invitaban al sepelio: el Consulado de Cuba, la familia Palma y las secretarías de Gobernación y Relaciones Exteriores. El entierro, solemne y con acompañamiento numeroso, se llevó a cabo a las 10 horas del día 3 de agosto de 1911.

Colocado el féretro, en imponente catafalco en el salón de duelo de la necrópolis, el doctor Luis Toledo Herrarte, en sentida oración fúnebre y en nombre del gobierno, exaltó la personalidad del ilustre Varón bayamés, así como el dolor que embargaba a la nación por su fallecimiento. Don Arturo Ubico hablo en nombre del pueblo de Guatemala; varias personas más, ocuparon la fúnebre tribuna para expresar su pena por la pérdida de aquel patriota cubano que, a base de cariño, rectitud y amor a Guatemala, conquistó el afecto de todo el pueblo. A las 12 meridiano, la tierra noble de Guatemala recibía en su cálida entraña, los despojos de su cantor José Joaquín Palama Lasso.

Con fecha 2 de septiembre de 1944, el primer designado a la presidencia de la república, en ejercicio del alto cargo, emitió un decreto extraordinario por el que se disponía celebrar solemnemente el primer centenario del nacimiento del insigne bayamés, el 11 de septiembre, con algunos actos importantes, mas, los sucesos de esos días, no permitieron llevarlos a feliz término. Solamente nuestra ilustre Universidad Nacional, realizó su programa respectivo en el Paraninfo Universitario por invitación del rector del Alma Mater, Doctor Carlos Federico Mora, habiendo asistido estudiantes, intelectuales, periodistas, autoridades universitarias, escolares, etcétera, invitado de honor, fue el doctor Calixto García, encargado de negocios de Cuba. Tocó al licenciado David Vela hacer la exaltación de Palma, habiendo cumplido su cometido con la exquisitez que singularizan sus intervenciones culturales.

Terminada la ceremonia, el licenciado José Joaquín Palma, nieto del recordado poeta, agradeció el homenaje, y finalmente la concurrencia, en devoto cortejo se dirigió a la casa No. 27 de la décima calle poniente, residencial donde falleciera Palma y a los acordes de los himnos de Cuba y Guatemala, fue descubierta una placa conmemorativa, con esta leyenda: "El Poeta J. J. Palma, autor de nuestro Himno Nacional, nació el 11 de Septiembre de 1844 y falleció en esta casa el 2 de Agosto de 1911. Homenaje de Guatemala en el primer centenario de su nacimiento".

Dolorosa Repatriación de los Restos de José Joaquín Palma Lasso.

En 1951, el gobierno cubano presidido por el doctor Carlos Prío Socarrás, gestionó ante el gobierno de Guatemala, la repatriación de los restos de Palma Lasso, pues es justo ─decía─ que sus sagradas cenizas reposen en suelo cubano, ya que fue luchador auténtico de la revolución libertadora.

No obstante lo justo de tal reclamación, varios sectores ciudadanos, manifestaron públicamente su descontento al respecto; el gobierno nuestro, queriendo actuar con entero apego al respecto , pidió opinión a los familiares del extinto Palma, quienes sí estuvieron anuentes con la petición cubana. En tal virtud, oficialmente el gobierno encomendó: la entrega y despedida de los sagrados restos, al Ministerio de Educación, y a la oficina de Protocolo de Relaciones Exteriores, la elaboración del programa general de dichos actos.

El día lunes 16 de abril de 1951, después de ser incinerado los restos del gran Palma, en presencia de familiares, ministro de Cuba y comisión nombrada para el efecto, la urna cineraria fue colocada sobre un armón de artillería y solemnemente conducida al seno del Congreso Nacional, donde fue colocado en hermoso catafalco ornado de negros cortinajes, rodeado de dorados candelabros y vistosas ofrendas florales enviadas por dependencias oficiales, cuerpo diplomático, círculos sociales y pueblo de Guatemala; durante 24 horas, ante esa urna continente de las santas cenizas del poeta, montaron guardia de honor: el gabinete en pleno, señores diputados, cuerpo diplomático, y consular acreditado en el país, compañia de caballeros cadetes, delegaciones escolares particulares y nacionales, magisterio nacional, miembros universitarios, miembros de la Sociedad de Geografía e Historia, periodistas, intelectuales, etcétera, y la guardia permanente estuvo formada por unidades del ejército y por pelotones de la guardia civil.

Por su parte el gobierno cubano envió una comisión de 120 personas, para recibir las preciadas cenizas del inolvidable Palma; la numerosa comitiva llegó a Guatemala, en cinco aviones del ejército cubano; figuraban en ella: el ministro de Educación Pública de Cuba, doctor Aureliano Sánchez Arango, uno de los interesados en la repatriación de los restos de tan ilustre coterráneo; coronel Alfredo Lima, representante del consejo de veteranos de la independencia; doctor Enrique Guay Calcó, consultor del Ministerio de Estado; doctor José Garcia Baylleres, doctor Miguel Ángel Carbonell, presidente de la Academia nacional de artes y letras; Rogelio y Francisco Palma, hijos del notable poeta Palma; doctor Emetrio Santovenia, presidente de la Academia nacional de historia; Alfredo Marrero, alcalde de la ciudad de Bayamo; periodistas, escritores, fotógrafos, soldados de la fuerza armada cubana y 48 alumnos de ambos sexos, de los principales planteles educativos de Cuba.

El gobierno de Guatemala, queriendo perpetuar más la memoria del insigne vate bayamés, con toda solemnidad inauguró el mismo día 16 por la tarde, la escuela tipo federación de Pamplona, con el nombre de "José Joaquín Palma"; la directora nombrada para atender dicho centro educacional, señorita profesora Elvira Escobar Quintana, en conceptuoso discurso, exaltó la personalidad del "Poeta de la amistad, de la patria y el hogar", celebrando a la vez la atinada disposición gubernativa de haber dado tan significativo nombre a dicho centro centro escolar.

El director de cultura del Ministerio de Educación Pública de Cuba, doctor Raúl Roa García, pronunció palabras de agradecimiento por tan valioso homenaje a la memoria del desaparecido poeta; el coro internormal, tuvo a su cargo la interpretación de los himnos de Cuba y Guatemala; punto sobresaliente del programa, fue la entonación, por vez primera, del himno a "José Joaquín Palma", compuesto en honor al inspirado vate bayamés, por el profesor de música, Raúl Marchena; como punto final, fue descubierta una placa de bronce, simbólica, donde aparecen la letra y música de nuestro sagrado himno, con copias auténticas de las firmas de Alvarez Ovalle y Palma.

Asimismo la radiodifusión y periodismo de la República, rindieron homenaje a la memoria de Palma, en elocuentes artículos, piezas poéticas y emotivos programas, y a la luz pública, salió una nueva reedición del libro "POESÍAS", escrito por el propio poeta Palma.

Al día siguiente, martes 17 de abril, en ceremonia celebrada en el seno del Congreso Nacional, el coronel Alfredo Lima y el doctor Aureliano Sánchez Arango, en significativas alocuciones, exaltaron los méritos indiscutibles de José Joaquín Palma Lasso, en el campo de las letras y en el patriotismo puro, sin olvidar desde luego, reconocer el profundo amor que el extinto profesó a su patria adoptiva Guatemala. Estuvo presente en ese acto fúnebre la distinguida señora Zoila América Ana Palma de Figueroa, hija amantísima en cuyos brazos expirara, 40 años atrás, en 1911, el inmortal poeta bayamés. El emotivo acto terminó con el discurso pronunciado por el diputado Marco Antonio Villamar Contreras, dando la despedida a los restos del aeda, en nombre del pueblo de Guatemala.

Inmediatamente después, la urna cineraria fue levantada del catafalco, por los ministros de Educación Pública de Cuba y Guatemala, doctor Sánchez Arango y licenciado Héctor Morgan García, por el presidente del congreso y el ministro de Relaciones Exteriores, licenciado Manuel Galich; como adiós postrero a las veneradas cenizas, el público reunido entonó el himno nacional de Guatemala, con su letra original; luego la urna fue colocada en un armón de artillería tirado por un jeep del ejército escoltado por una sección motorizada de la Guardia de Honor y acompañado de un piquete de tropa con la insignia patria de luto.

El imponente cortejo fúnebre inició la marcha hacia el aeropuerto internacional de La Aurora; llegados a ese lugar, la urna fue colocada en enlutado catafalco preparado al  efecto en uno de los hangares de la fuerza aérea; seguidamente el licenciado Héctor Morgan García, ministro de Educación de Guatemala, en elocuente alocución fúnebre, hizo entrega oficial de aquellos sagrados restos, a la delegación cubana; finalmente hermosas palabras de admiración, gratitud y despedida para el inspirado vate, fueron pronunciadas por los licenciados Juan José Orozco Posadas y José García Bauer.

La urna fue conducida hacia la aeronave del Ministerio de Educación Pública de Cuba, piloteada por el propio ministro Sánchez Arango, y cuando eran las trece horas con quince minutos, las cinco naves cubanas, emprendían vuelo de retorno a Cuba, al tiempo que se les despedía con salvas de artillería y fúnebres acordes interpretados por la banda marcial; una escuadrilla de aviones de Guatemala escoltó hasta el Atlántico, a la comitiva cubana, en una de cuyas naves, iba la delegación designada por nuestro gobierno para acompañar los restos de Palma hasta su patria antillana; tal comitiva la formaban maestros, periodistas, escritores, militares, etcétera.

Los restos de Palma llegaron a su solar patrio, al caer la tarde de ese día, siendo recibidos con las formalidades de ley, en el aeropuerto militar de "Rancho Boyeros", por el ciudadano presidente de Cuba, doctor Carlos Prio Socarrás, ministros de Estado, cuerpo diplomático y consular, altos jefes militares, intelectuales, periodistas, escolares de todos los niveles, magisterio y público invitado. Miles de escolares portando banderas de Cuba y Guatemala, escoltaron la urna hasta ser colocada en imponente túmulo dispuesto en el Salón de los Pasos Perdidos. La primera guardia de honor ante aquellos restos sacros, fue hecha por el presidente Prío Socarrás y su gabinete, luego tomaron parte altos jefes militares, representantes de las distintas dependencias gubernamentales, agrupaciones sociales, cívicas, políticas, magisterio, escolares y público.

Dada la trascendencia nacional del suceso, el gobierno decretó días de duelo el 17 y 18 de abril.

Días antes de la llegada de los amados restos, el gobierno de la República, en simbólico acuerdo, había declarado "Monumento Nacional", la casa en donde nació el ilustre patricio; el día 18, la misma nave de Educación  Pública, emprendía vuelo nuevamente, con su reliquia simbólica, hacia la ciudad de Bayamo, ciudad cuna de José Joaquín Palma Lasso.

Significativos honores le fueron tributados por bayameses y los restos de aquel coterráneo ilustre, bajaban a la madre tierra que le vio nacer, ungidos por la gratitud de un pueblo que en ese instante supremo, lo investía con el título eterno de "Hijo Predilecto de Bayamo" y "Mayor general del ejército Cubano".

Antes de ser inhumadas las preciosas cenizas del poeta y patriota, nuestro inspirado vate Humberto Hernandez Cobos, integrante de la delegación guatemalteca, tributó las más exquisitas rosas de su lírica, al recuerdo y exaltación del hijo inmortal de Bayamo; y así, las santas cenizas del insigne autor de la letra del himno nacional de Guatemala, José Joaquín Palma Lasso, iniciaron su reposo final, bajo la protección solemne del hermoso monumento con que la oriental ciudad de Bayamo, rendía culto a uno de sus más preciados hijos.




Nosotros, constritos en el recinto de las remembranzas sublimes, tributamos salmos de gratitud y de cordial recordación a José Joaquín Palma Lasso, en nombre de la Guatemala a quien él llamara "Tierra de su adopción y de sus afectos".

Ojalá que estas líneas divulgativas en torno al eximio vate antillano, en cumplimiento de su civico deber, coadyuven a mantener vivo su recuerdo en el corazón de todos los guatemaltecos, y que las notas vibrantes de nuestro bendito himno nacional, sean la clarinada bíblica que resucite en la conciencia ciudadana a Rafael Alvarez Ovalle y a José Joaquín Palma Lasso, alarifes olímpicos que con mística de verbo y magia de pentagrama, fortalecieron aquellas alas patrióticas que superando vuelos de águilas y cóndores, alzaron hasta un trono de cielo, el nombre inmortal de Guatemala.

Anexo.

Nuestros exquisitos poetas doctor Werner Ovalle López y Alberto Velásquez, volcaron en sentidas estrofas, su admiración y cariño, su pesar y su culto, hacia ese Varón inmortal que con la maravilla de su numen ungió el santo nombre de la patria, y la cálida entraña de nuestra tierra consagró con el magno presente temporal de sus despojos patriarcales.

I
VIDA
(Bayamo, Cuba, 11 de septiembre de 1844)

Allá en Cuba, en Bayamo, con la frente
poblada de aleluyas y amapolas
sereno entre las alas y las olas
nació José Joaquín independiente.

Sobre sus sienes anidó un torrente
de antiguas golondrinas españolas,
y trajo entre las venas las corolas
de su alta libertad pura y presente.

Nació poeta, con el pulso herido
por un clavel de amor americano
sencillo y vigoroso y encendido,
 y en Guatemala el corazón indiano
robó a José Joaquín todo el latido
de su sonoro corazón cubano!


II
PASIÓN
(Llega a Guatemala en 1873)

Labios con savia de cañaverales
donde junto a la frase del patriota
fluía la poesía gota a gota
entre lentos suicidios de maizales.
Labios selváticos y minerales
que al encender su biología rota
hicieron otra patria con ignota
conjugación de espumas y quetzales.
Solo, como su isla originaria,
quiso llevar en peregrinas venas
una infinita llama libertaria,
y aun viviendo cívicas cadenas
halló esta tierra revolucionaria
entre sones, orquídeas y colmenas!


III
MUERTE
(Guatemala, 2 de agosto de 1911)

José Joaquín no amo la tierra inerte
sino la sed celeste de los ríos
y esa ahogada nostalgia de bohíos
que lo hiciera poeta hasta la muerte.

José Joaquín: decapitada suerte
con su himno azul y con sus desafíos;
con alma tuya van los versos míos
hasta la gloria de tu nombre fuerte.

José Joaquín: poeta y caballero
maya y cubano, libre, iluminado:
tu corazón fue cadiz y lucero.

Ahora existes tierno y apagado
con tus cenizas de jazmin viajero
y tu alto clima de crucificado!


IV
GLORIFICACION
(23 de julio de 1911, Guatemala)

José Joaquín: el verbo te inaugura
doloroso y quemante como brasa.
Queda en nosotros con tu carne pura;
vive con tu ecuación en nuestra casa
dale al himno que amaste la estatura
de tu nombre sin reja y sin mordaza,
dale a tu corazón la arquitectura
de la orquídea sin muro ni amenaza,
y siembra en tu canción la levadura
del son que naca y el quetzal que pasa!

Oye, José Joaquín, oye mis venas,
en tu cubanidad y en tus altares;
ni desechas espumas, ni cadenas,
ni soledad, ni garras militares,
ni perros rubios, ni águilas morenas,
ni anticuadas tendencias yugulares,
han de borrar tus certidumbres plenas
o tus altos afanes populares.

Oye José Joaquín, oye mis venas,
en tu cubanidad y en tus pesares!
Oye José Joaquín, amigo mío.
Si al fin te vas, te irás sin equipaje.
Dejas aquí tu lengua y tu rocio.
Tu soledad, tu sangre y tu paisaje.
Tu mar de luz, tu introspectivo río,
y hasta aquella serena sed de viaje
hecha flor de canción en tu albedrío:
si al fin te vas, te irás sin equipaje!

José Joaquín de Cuba iluminada,
Palma de Guatemala estremecida:
doble patriota con su doble espada
de doble capitán con doble vida:
aquí mi sangre desencadena
llora con llanto rojo tu partida,
ý hay un sabor de luto y puñalada
en el silencio de la patria herida...

José Joaquín de Cuba iluminada,
Palma de Guatemala estremecida!


Y este es el bellísimo poema escrito, con imágenes sublimes y olímpicos acentos, por nuestro inspirado y muy querido bardo, don Alberto Velásquez:


ADIÓS PALMA
"Yo soy un pobre viajero
desconocido y sombrío,
que hasta en aquel pueblo mío
era casi un extranjero".

─ J. J. Palma
Vengo a decirte adiós, bardo de los ojos azules,
que en el Bayamo un día lanzaste el natal vagido
y bajo nuestro cielo partiste a la Eternidad.
En nombre de Guatemala ─tuya y mía y tan nuestra─
debo dejar un beso de amor sobre tus cenizas
hoy que tu madre Cuba, tras ocho lustros de olvido,
te arranca a la otra madre que te entrañó para siempre.

Mayor que el de mi país no es el derecho cubano
sobre el patrimonio imponderable de tu reliquia.
SI HASTA EN AQUEL PUEBLO TUYO ERAS CASI UN EXTRANJERO,
nunca en éste lo fuiste, que te brindó su regazo
para que en él plantaras tu tienda de peregrino
cuando eras un árbol sin hojas y un bosque sin aves.
Si aquél te dio con la vida la alondra de tu numen,
te dio este suelo y cielo para el hogar y el ensueño,
mantillo para tu laurel, prez para tu decoro,
cripta para tus huesos dolientes y patriarcales.

Patria no son tan solo la cuna y el abolengo,
la raíz ancestral, el cordón, la ley y la sangre;
 lo es el jirón de tierra en que se cumple el destino,
en donde cada día amanece nuestra esperanza
y en donde un día amanece también nuestro sepulcro.
Eso fue Guatemala para tu afán de poeta,
un arcadia, un crepúsculo, un pan y un vaso de vino.
Frente a estos horizontes restañaste tus heridas,
te abriste paso a través de las tinieblas del alma
y alcanzaste el don sacro de la luz, que se hizo aureola
sobre tu testa y lampo de bondad en tus pupilas.

Fuiste el aeda bello, fuiste el patriarca armonioso,
tu ventura de exilio se te transformó en conquista
sin más luz y escudo que tu lira y tus cantares.
Le diste cultura, y mi nación te hizo ciudadano;
le forjaste su Himno y mi patria te hizo patricio;
sucumbiste, y mi patria se abrió para recogerte
y mi pueblo se hizo mago para resucitarte.
Mas ya que Cuba quiere glorificar tu memoria
nos arrancamos tu raíz con dolor dadivoso,
sufrimos estoicamente la cruel desgarradura
y dejamos que te lleven en alas de un velivolo,
sobre el mar que surcarás crucificado de angustia,
a la que hoy pueblo libre, era entonces tierra de siervos.

No te recibirá Cuba como a un advenedizo,
que al hijo un desagravio y al poeta un jubileo
debe quien te levanta del polvo guatemalense.
Bien está que reposes en seno de patria digna,
tú que saliste huyendo de la ignominia de antaño.
Sus brazos de poeta Martí bajará a tenderte,
reencontrarás las lágrimas puras de tu adolescencia,
te ungirás con la sangre de los héroes bravíos
y al rumor de las palmas y de los lauros excelsos
dormirás en la historia de tu nación combativa.
Di a tu país que otro vínculo indisoluble y eterno
se ha forjado este día de consternación inmensa.
Si Martí forjó aquel de La Niña de Guatemala,
en la oquedad que dejas crecerá un sauce de Cuba.
Una doncella y un árbol ─jeroglíficos bellos─
nuestra afinidad canten en el idioma caribe,
sustenten nuestra esperanza en el futuro del mundo
y salven nuestra fe de las acechanzas siniestras
poniéndonos a Dios por cima de todos los credos,
huésped divino del libro y el arado y la lira
en la penumbra vecina al alba de nuestra América.

¡Ave, Maestro de las trovas y los madrigales,
poeta de la amistad, del amor y de la patria!
Te acogiste a la mía, romántica, ingenua, hermosa,
cuando era ser poeta un privilegio de príncipes.
Las mujeres te amaron, fueron tras tu imán los hombres
y la juventud se dejó crecer alas de ensueño
cuando asistió a la cátedra de tus abejas errantes.
Eran los días de las serenatas en las rejas,
y más de una suspirante musa de carne y hueso
atisbó tu capa española a la luz de la luna
y aquel sombrero de alas anchas sobre tu sonrisa.
Fuiste una palma, ho Palma de los más santos amores,
palma de mano abierta para la dádiva dulce.
Dejaste oír tus lágrimas por el paria explotado
y tus apóstrofes contra los señores feudales.
Cantaste las maravillas de ese país fantástico,
alabaste a mi tierra como se alaba a una novia
y atenuaste tus congojas en su sedante seno.
Guatemala fue tuya, se te entregó plenamente
y tú olvidaste en ella tus nómades avatares.

Es verdad que no tienes en mi patria un monumento,
mas tampoco lo tiene Diéguez y Bernal Díaz.
Ni el héroe ni el santo se ven exaltar en simbolos,
pues mi patria aún no se ufana de perpetuar sus glorias
ni ha aprendido la solemne razón de las estatuas;
pero en los corazones tienes vida perdurable,
reminiscencias tuyas hay en los cívicos ritos
y el Quetzal ha incrustado tu pedrería en sus plumas.

¡Bardo, adiós! ¡Adiós para siempre José Joaquín Palma!
Te reclaman las hélices del aeronavío.
El amor de Guatemala y el pabellón de Cuba
te envuelven para el viaje sobre las ondas etéreas.
Suene el clarín su desolado toque de silencio,
desaten su alegría las plañideras campanas,
sus broncos monosílabos suelte el cañón gemebundo
y una gran lágrima viertan los ojos de mi patria
sobre la urna que lleva tus bienamados despojos.

ALBERTO VELAZQUEZ

ARCÓN PATRIO
Arnoldo J. Cozar
Tomo II
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación de Guatemala, C.A.
1965

jueves, 8 de mayo de 2014

José de Pineda Ibarra y la Imprenta en Guatemala



I

INTRODUCCIÓN

Con motivo de cumplirse el tricentenario de la muerte del impresor que laboró en Guatemala, José de Pineda Ibarra, acaecida en Santiago de Guatemala, el 2 de octubre de 1680, el Comité encargado de conmemorar dicho acontecimiento, considera de gran importancia y utilidad divulgar los hechos conocidos más sobresalientes en el trascendental quehacer de dicho impresor.

De allí emana la razón de redactar en brevísima semblanza, para darla a conocer al público en general y particularmente a los estudiantes, toda vez que no es fácil tener a mano los datos biográficos de este impresor a quien tanto deben varias generaciones que cotidianamente se superan a través de la letra impresa en nuestro medio, herencia de quien, entre más abnegado, más desconocido es en nuestro medio.

Recordemos que en el siglo XVII el milagro de la difusión de la cultura a través de la imprenta debía sentirse todavía relativamente cercano en el tiempo. Juan Gutenberg había creado la imprenta de tipos móviles a mediados del siglo XV, en Maguncia hacia 1440. De Alemania, este sistema de impresión se extendió por el resto de Europa con relativa rapidez, habiendo penetrado en España aproximadamente en 1468.

En 1539 cruza el Atlántico para establecerse la primera imprenta en la ciudad de México; a Lima, llega en 1584 y a Puebla, en la Nueva España, en 1640. Guatemala fue, por consiguiente, la cuarta ciudad, de las posesiones españolas en América que contó con imprenta según veremos más adelante, pues la obtuvo en 1660.

Lo que creemos digno de señalar, es la enorme e incalculable relevancia que la imprenta tuvo para la difusión de la cultura. Si por un momento pensamos en los meses de trabajo que a un copista le tomaba reproducir a mano un ejemplar de cualquier obra, es preciso notar la diferencia operada mediante el uso de la imprenta, por medio de la cual se podía reproducir el número de copias que se deseara en un tiempo admirablemente más corto, haciendo llegar la cultura a muchos lugares a precios más asequibles, porque las copias hechas por los amanuenses únicamente podían pagarlas determinadas instituciones o personas de amplios recursos económicos. Es por ello que nunca será suficiente insistir en los beneficios que la imprenta ha aportado a la humanidad, facilitando que la cultura, en el más amplio sentido del término, pudiera llegar a mayor cantidad de personas, lo cual es aún más verídico cuando los recursos tecnológicos cada vez más han simplificado, a la vez que tecnificado y acelerado la publicación de la impresión de libros, revistas y periódicos que circulan diariamente por millones, llevando todo tipo de información al público lector en todo el mundo, amén de material didáctico y libros de primeras letras que llegan a conocimiento de la niñez.


Fotografía de la réplica de una imprenta del
siglo XVII que se encuentra en el Museo
del Libro Antiguo, Antigua Guatemala

II

INTRODUCCIÓN DE LA IMPRENTA
EN GUATEMALA

El Reino de Guatemala vivió en el siglo XVII un periodo de gran florecimiento cultural, característico de una sociedad que habia madurado lo suficiente para producir obras de gran interés en muchos campos de la ciencia y el arte. Pudiera decirse que Guatemala comenzaba a encontrarse a sí misma, lo cual puede percibirse en la arquitectura, en la escultura, en la pintura, en la historia, en la lingüística y en la literatura. De allí que la presencia de la imprenta en Guatemala fuera vista como algo ineludible y lógico, siendo el obispo fray Payo Enríquez de Rivera el factor final y decisivo para la obtención de este importante beneficio cultural para Guatemala.

En todo caso, sabemos que muchas instituciones y personas particulares en Guatemala habían tratado de obtener una prensa de imprimir en el Reino. Sin embargo, fue fray Payo quien tomó la decisión de aportar el dinero necesario para comprar dicho tórculo y contratar al primer maestro impresor, aprovechando la experiencia y conexión que en tal campo tenía el fraile franciscano, residente en Guatemala, fray Francisco de Borja, miembro de una familia ilustre de impresores en España y la Nueva España.

Efectivamente, se comisiona a este personaje para marchar a Puebla, ciudad en donde su familia tenía establecido un taller de imprenta; compró la prensa y contrató al impresor a mediados de marzo de 1660, costando el tórculo $1538 y un real, dinero que recibió José de Pineda Ibarra de fray Borja, quien debería proporcionarle posteriormente el dinero necesario para trasladarse él y su familia, asi como la prensa, a lomo de mula, desde Puebla hasta Guatemala. De esa manera José de Pineda Ibarra viajó trabajosamente, en pleno periodo de lluvias, desde el altiplano central de México, en Puebla, hasta la ciudad de Guatemala, a donde llega el 16 de julio de 1660.




III

JOSÉ DE PINEDA IBARRA

El primer impresor venido a Guatemala, nació en la ciudad de México hacia 1629, hijo legítimo de Diego Ibarra y Juana Muñiz de Pineda, ambos posiblemente criollos o españoles americanos, pertenecientes a la clase media de la época. Su aprendizaje lo realizó en la imprenta de doña Paula de Benavides, viuda del también impresor Bernardo Calderón, así como en el conocido taller de Hipólito de Rivera. Posteriormente marcha a Puebla, ciudad en la que había un cierto auge tipográfico, en donde contrae matrimonio con María Montez Ramirez, natural de esa población, llegando a tener el grado de maestro impresor, debiendo contar con prestigio y experiencia, desde el momento en que fué escogido por fray Francisco de Borja para contratarlo y traerlo a Guatemala.

Una vez establecidos en Guatemala tanto él como la imprenta, muy pronto, pues en noviembre del propio año 1660, salió el primer impreso conocido que se haya editado en Guatemala, siendo éste un sermón predicado por fray Francisco de Quiñónez, el 4 de octubre del mismo año. En 1661 nació, ya en Guatemala, el único hijo que le sobreviviera y heredara el taller de imprenta, siendo este Antonio de Pineda Ibarra.

De la documentación conocida podemos sacar en conclusión que debió dedicarse no solamente a la impresión, sino también a la encuadernación y a la venta de obras religiosas, literarias e históricas, tanto nuevas como de segunda mano, así como a vender la obras impresas de su propio taller. Vivió y trabajó en una casa que estaba situada en los portales junto al Ayuntamiento, que había adquirido a censo de las monjas de Santa Catalina, y aproximadamente en donde se encuentra colocada una placa conmemorativa de bronce. Al otorgar su testamento el 31 de agosto de 1680, dice estar en cama y enfermo; habiendo fallecido, como ya hemos dicho, el 2 de octubre del mismo año. Del aludido testamento se desprende la pobreza en que murió este primer impresor, así como en lo relacionado con la imprenta; manifiesta textualmente lo siguiente:

"Item, declaro que dejo una imprenta aviada de todo lo necesario para trabajar y toda la herramienta que es menester para encuadernar, la cual dejo a mi hijo, el dicho Antonio de Pineda, para que gozando los frutos de ella, vaya pagando lo que pudiera de lo que debo".

De los datos anteriormente apuntados, podemos también colegir que José de Pineda Ibarra vivió poco más de cincuenta años, de los cuales veinte transcurrieron en Guatemala, habiendo llegado a ésta en su juventud, cuando frisaba los treinta años, es decir, en un momento de plenitud física e intelectual, que le capacitaron para realizar la tarea cultural que ocupó.

Infortunadamente se desconoce cómo era físicamente nuestro primer impresor, circunstancia muy usual en esa época, ya que únicamente los grandes personajes llegaban a ser retratados, por consiguiente, toda representación suya es totalmente imaginativa. Lo único que puede aportar algún dato adicional sobre su persona es la firma de complejo trazo que conocemos por alguno de los documentos por él signados, si bien la firma de su hijo Antonio es aún más complicada, como característica del periodo barroco.




IV

ACTIVIDAD DE LA IMPRENTA
DE LA FAMILIA PINEDA IBARRA

Los trabajos de impresión del primer taller editorial de Guatemala abarcaron poco más de 60 años, que corren desde 1660 hasta la muerte de Antonio Pineda Ibarra, ocurrida en 1721, desconociéndose, a partir de ese momento, el destino que tuvo el primer tórculo venido a Guatemala, pero que debemos suponer que fuera adquirido por algunos de los dueños de nuestros talleres abiertos a partir de 1715. De dicha prensa salieron importantes obras tales como Explicatio apologética, voluminosa obra de 755 folios, redactada por fray Payo Enríquez de Rivera en 1663; La Thomasiada, obra poética escrita por Diego Sáenz de Ovecurri, publicada en 1667, que consta de 261 folios. También alcanzó bastante difusión el Manual para administrar los santos sacramentos de don Nicolás Alvarez de Vega, que alcanzó dos ediciones, una de 1665, otra en 1689. Aparte de los libros, el grueso del trabajo realizado consistió en cartillas, catecismos y novenas, para lo cual los Pineda Ibarra obtuvieron una concesión de 1660 a 1667 y otra a partir de 1711; en suma, José de Pineda Ibarra llegó a publicar 69 impresos y su hijo 41, que hacen un total de 110 impresos. Asimismo, entre otras cosas, imprimían tarjetas de graduación universitaria, en las que se hacía constar los temas sobre los cuales versaría el examen de los graduados, la fecha y hora en que sostendrían la prueba; también figuraban los nombres de las autoridades universitarias y de las personas a quienes se dedicaba el acto académico.

Aparte de lo anterior ya hemos dicho que también vendían libros nuevos y usados, realizaban trabajos de encuadernación, tanto de las propias publicaciones como por encargo de particulares, lo que los hizo ser editores, impresores y libreros.

Vale la pena mencionar que los caracteres de letra utilizados en este primer taller, fueron de tipo renacentista, para cuando se había revivido las elegantes letras de tipo romano que dentro de su sobriedad guardaban gran elegancia y belleza que se siguieron usando en pleno barroco. Alguno de los trabajos, particularmente las tarjetas de graduación iban acompañadas de pequeños grabados hechos en madera que debieron ser diseñados por artistas guatemaltecos anónimos.




Luis Lujan Muñoz
Semblanza de José de Pineda Ibarra
Editorial José de pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1980

miércoles, 7 de agosto de 2013

José Milla y Vidaurre "Salomé Jil"


José Milla y Vidaurre "Salomé Jil"

A JOSÉ MILLA Y VIDAURRE

Tuviste la gloria de traspasar los Andes
en alas de tu numen florido;
fuiste grande entre los grandes
y de la patria: su hijo bien nacido.

Tu arte, florilegio y pedrería,
 forjó en milagro de amor profundo
altivo trono para la patria mía
y letras de oro para la admiración del mundo.

Tus libros, abrazo de historia y de leyenda
arrullan el alma con místico acento,
son majestad y beso, relámpago y ala;

para el aeda, tu genio es loada senda,
para la posterioridad: regio monumento
y plegaria de amor para Guatemala.


JOSÉ MILLA Y VIDAURRE
1822 - 1882
Y los dioses generosos pusieron mieles
en sus labios, fulgor de aurora en su
mente y sacramentaron su pluma con
mística de inmortales alfabetos...

Esta vez nuestras páginas divulgativas se honran y se engalanan al evocar a otro hijo amado de esta Guatemala veneranda; sentimos que en nuestro corazón bullen esas linfas que en milagro de fe y de amor, se tornan vino consagrante para solemnizar la santa eucaristía del recuerdo; nuestro pensamiento se torna plegaria admirativa y nuestra espiritualidad vibra emocionada, para plasmar en verbo y adjetivo, el divino evangelio musitado en el recinto de los héroes caídos; en fin, experimentamos complacidos, este palpitar diverso en que , ideas, culto, sentimiento y gratitud, se engarzan en hilos de unidad, para ofrendarlo en ara de las sublimes evocaciones.

¡Sean pues, aquellas claras linfas, aquel devoto evangelio y aquel engarce palpitante, la trina armonía que nos permita llenar los ámbitos patrios y los corazones ciudadanos, con esa euritmia majestuosa que vibra en el nombre de José Milla y Vadaurre!

Guatemala ha sido venero de consagrados literatos cuyas obras maestras perpetuarán por siempre su nombre señorial; nuestro campo literario está repleto de nombres insignes que han merecido los honores de propios y extraños; nombres que en alas de su fama, han llevado las exquisiteces de su inspiración a lejanos lares; diríase que la  dulce mística de las musas, regó en este surco bienamado, sus más diáfanas esencias para que brotaran las lozanas rosas del ensueño, los lises de la pureza y las perpetuas siemprevivas.

José Milla y Vidaurre, es una de esas flores "símbolo"; apasionado por la lectura y por los grandes autores de todos los tiempos, fue fortaleciendo su ansia literaria desde juveniles años, hasta culminar con esa floración de obras maestras, donde nuestras costumbres, pasados y trascendentes sucesos históricos, personajes, intrigas, etcétera, aparecen fielmente perfilados y embellecidos por su delicada inspiración, por la majestad de su genio imaginativo, por la perfecta trama, por el fantástico encajamiento y naturalidad con el que relaciona a personajes ficticios y reales, en fin son obras que tienen el mágico poder de transportarnos a sus maravillosos escenarios y experimentar sus profundas emociones, sorpresas y peligros de sus intrigantes episodios, y todo, engalanado con la espléndida pedrería de su magistral lenguaje; si, Milla y Vidaurre, fue todo un maestro para manejar la mística delicada del idioma.

La óptima producción literaria de José Milla y Vidaurre, es tesoro inagotable para las letras guatemalenses y perpetua heredad para nuestra bella Guatemala.

Fue en céntrica mansión situada en la 9a. calle oriente, entre 10a. y 11a. avenidas de la Nueva Guatemala de la Asunción, donde un 4 de agosto de 1822, los esposos don Justo Milla, pundoroso coronel del ejército hondureño, y doña Mercedes Vudaurre de Milla, descendiente de distinguida familia citadina, celebraron el advenimiento de José.

Como intuidos del brillante futuro para el cual venía predestinado por aquel niño, le rodearon de cuidados y esmeros que propiciarán el feliz desenvolvimiento de sus innatas pertenencias.

Pero la fatalidad, alerta siempre para truncar destinos,  vino a desquiciar aquellos anhelos hogareños, con la súbita muerte de doña Mercedes, cuando José apenas frisaba  en sus seis abriles.

¡A tan temprana hora de la vida, el pequeño sufría el más inmenso de los pesares! ¡perder a la madre, es tanto como perder el punto de apoyo de la vida!

El sino adverso siguió su embate de amargura para aquella tierna alma; circunstancias de índole política, dieron lugar al extrañamiento del coronel Milla, pasando a vivir su exilio a la república mexicana, donde habría de morir más tarde, con el dolor de no haber estrechado por vez última a su amado hijo.

Huérfano José, tomáronlo bajo su tutela sus tíos maternos, erigiéndose a la vez en su noble tutor el ilustre prócer, canónigo doctor José María Castilla, que por entonces fungía como rector del colegio Seminario.

Fue en ese centro educacional, donde Milla y Vidaurre, inició y terminó sus estudios, egresando como digno profesional, ávido de triunfos y poseedor de un talento singular que abríalo hecho descollar en cualquier campo de actividad, pero ya el suyo: "las letras", estaba decidido desde sus años mozos cuando en escolares ensayos demostró sus aptitudes literarias.

La lectura era su deleite principal; pues -decía- algún provecho deja; conforme fue consolidando su juicio y vocación literarios, aquella pasión por la lectura, pronto se torno selectiva; ahora, solo ocupaba su atención, el afanoso estudio de renombrados clásicos españoles como notable escritor Nicolás Fernández Moratín y el fecundo vate Manuel José Quintana; luego enriqueció su acervo literario, en las inmortales páginas del poeta Quinto Horacio; de Alfonso de Lamartine, gran poeta y político francés; fue admirador ferviente de William Shakespeare, el más notable poeta dramático inglés, dueño de refinadas cualidades, gracioso terrible, satírico, apasionado y burlesco y autor de obras universalmente admiradas como "Otelo", "Romeo y Julieta", "Ricardo III", "Hamlet", "El mercader de Venecia", "El rey Lear", etcétera; completaron su fuente nutricia: "Guillermo Tell", "María Estuardo", "Don Carlos", etcétera, obras escritas por el poeta trágico y gran historiador alemán, Federico Schiller.

Egresó del Seminario a los 20 años de edad, sólidamente preparado para interpretar y plasmar los imperativos del pensamiento, con esa inspiración y maestría que lo hizo inmortal.

Sus ya reconocidos méritos literarios, le llevaron al seno de la benemérita Sociedad Económica de Amigos del País, en cuya mesa directiva sirvió con esmero el puesto de secretario, y fue entonces que su entusiasmo le permitió publicar, como órgano informativo de esa entidad, "La Revista", dando brillo a sus páginas, con amenos e interesantes tópicos literarios de su fecunda pluma.

Pero como en su espíritu anidaba un torbellino de inquietudes dilectas, hizo del pueblo mismo, un excelente campo de actividad; observó y estudió profunda y minuciosamente nuestro costumbrismo aun en sus aspectos más íntimos y naturales que luego plasmó en primorosos y amenos capítulos engalanados con chispeantes ocurrencias.

Su aguda observación, unido al dominio magistral que tenía del idioma castellano, así como de algunos dialectos nativos, darían años más tarde como fruto notable, esa gracia, esa flexibilidad, esa amenidad y ese quilate literario y cultural inigualables a sus obras, verdadero monumento de las letras nacionales.

Mas, de pronto su devota tarea literaria entró en receso, debido a que el gobierno de la República lo designó para desempeñar la oficialía mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores; tiempo después pasó a servir la secretaria de la hermandad de la caridad del Hospital General, finalmente, y en calidad de secretario especial, acompañó al presidente Rafael Carrera en su visita oficial que hiciera a Costa Grande y pueblos de Los Altos.

Nuestro ilustre Pepe Milla, al igual que el inolvidable Pepe Batres Montúfar, gustaba de lanzar sus toquecitos satíricos a cuantas gentes los merecían; de su pluma brotaron muchos versos de esta clase, que hicieron época por su sal y pimienta.

 De notables fueron calificados éstos, escritos contra el propio presidente Carrera:

"Hijo de la miseria y de la nada,
tiranuelo opresor de un pueblo inerme,
zorra cobarde que acomete osada
a un gallinero que tranquilo duerme."

Terminadas sus actividades en el campo oficial, vuelve Pepe a su campo dilecto; por sus innegables dotes literarias, fue nombrado redactor del diario oficial y como era de esperar, su labor fue magnífica y caracterizada por lo novedoso de sus trabajos en los que ya se adivinaba al futuro gran literato que tanta gloria diera a Guatemala.

Y otra vez los cargos gubernamentales, viniéronlo  a distanciar del activismo literario; lo encontramos primero desempeñando la subsecretaria general del gobierno, luego como consejero de Estado y otras veces ocupando una curul en la asamblea nacional.

En 1,858, el gobierno le confía el cumplimiento de una delicada misión especial ante la legación de Guatemala en los Estados Unidos de América y desempeñada por nuestro insigne filólogo, Antonio José de Irisarri.

En ese mismo año casó con la señorita Mercedes Vidaurre, prima suya y en cuyo hogar nacieron seis hijos; con el correr del tiempo, uno de ellos, Pedro Milla, honrando la heredad literaria de su padre, tuvo a su cargo la dirección del diario "La República".

Tres años después -1,861- salió a la luz pública su rotativo "Hoja de Avisos" en cuyas páginas aparecieron por primera vez, los amenos capítulos de "Cuadros de Costumbres" escritos con admirable exactitud descriptiva de caracteres, fecundidad de ideas y exquisitez de lenguaje. Desafortunadamente ese importante periódico dejó de circular en 1,862.

Pasados 2 años -1,864- volvió a la brega periodística, publicando "La Semana", donde continuó la serie capitular de "Cuadros de Costumbres", al tiempo que se publicaban los primeros de "los Nazarenos", Ël Visitador", Libro sin nombre" y "La Hija del Adelantado"; ornaron también aquellas páginas, algunas de sus poesías jocoserias, entre las que descollaron: "Risas y Lágrimas", "Las Canas", "Los deseos Cumplidos" y "La conciencia", además, anecdotas, cuentos, temas historicos, biografias de guatemaltecos ilustres, etcétera.

En páginas inmortales y con esa amenidad propia de su genio, plasmó los dicharachos y refranes, idioma y costumbres de nuestro pueblo.

Tuvo a su cargo la cátedra de Literatura Española en nuestra Facultad de Derecho, y cuentan que un grupo de jóvenes amantes de los encantos literarios, solían reunirse, al caer de las tardes, en la casa del inspirado maestro, para recibir de él y en forma gratuita, dentro de un clima de cordialidad, amenas y jugosas explicaciones; revisaba los trabajos de sus discípulos, insistiéndoles en las reglas del bien decir, del arte poético, y para mejor ilustración, hablábales extensamente de la prosa y verso de los más prestigiosos clásicos españoles, aspecto éste, en que era versado profundamente.

En esta forma, noble y apostólica, Pepe Milla regaba la simiente de su mística literaria en el surco promisorio de la juventud dilecta, para que un día no lejano, se produjera la milagrosa floración de nuevos valores literarios.

Los movimientos políticos de 1,871, encabezados por Garcia Granados y Justo Rufino Barrios y que culminaron con la caída del gobierno presidido por el mariscal Vicente Cerna, obligaron a nuestro gran Pepe Milla a abandonar el suelo patrio rumbo a Norteamérica primero y luego hacia Europa.

Visitó Italia, Inglaterra, y Francia; en cada uno de esos países fue admirado por sus refinadas dotes personales, por su talento y por sus brillantes aptitudes como escritor.

Durante su permanencia en Paris, entabló amistad con el señor Mourgues, destacado miembro de la Unión de prensa hispanoamericana y director gerente del rotativo parisiense "Correo de Ultramar", habiendo merecido el honor de ser redactor de planta de tan importante diario; tuvo asimismo como dilecto amigo al connotado hombre de ciencia M. Littre que en 1,839 fuera director del diario parisina "El Nacional".

Su estadía en Europa le permitió, al calor de viejos recuerdos de su lejana Guatemala y con las esencias de su arte divino, comenzar a escribir los agradables capítulos de "Un viaje al otro mundo pasando por otras partes" y de paso dar vida a su célebre y popular personaje "Juan Chapín", representativo del ambiente guatemalense.

Una vez retornado a su querida Guatemala, el gobierno de la República tomando en cuenta su ilustración y valiosos méritos literarios, tuvo a bien encomendarle un trabajo serio, delicado, nada menos que escribir la Historia de Centro América, desde su descubrimiento hasta su fecha de independencia. La tarea era ardua pero él la aceptó gustoso confiado en su capacidad y en sus conocimientos históricos.

Como esta labor reclamaba tranquilidad, eligió para centro de sus actividades literarias, su hacienda "Quesada", situada en apacibles terrenos de Jutiapa.(1)

El primer tomo de tan interesante historia, fue editado por la imprenta "Progreso", de Francisco Lainfiesta, en 1,879; el tomo segundo no pudo ser terminado debido al sentido deceso del insigne escritor, siendo encomendada su terminación, al competente hombre de letras, don Agustín Gómez Carrillo. Con anterioridad, había publicado su obra "Memorias de un Abogado". En 1,880, el "Diario de Centro América", engalanó sus columnas publicando capítulos de  "El canasto del Sastre" y los de su última novela, "Historia de un Pepe".

La lectura de toda la producción literaria de Pepe Milla, produce una sensación avasalladora en la que alternan: enseñanza, ejemplo, gusto exquisito, maestría en el perfecto manejo idiomático, y ante todo, esa creación grandiosa de sus célebres personajes; seguramente que las obras bellísimas de Milla, serán de vigencia eterna y no habrá ser alguno que al leerlas, no se sienta transportado a las épocas y lares de sus intrigantes acontecimientos.

José Milla y Vidaurre, gozó del respeto y admiración de círculos sociales y científicos y el quilate de sus brillantes aptitudes, le llevó al desempeño de muchos e importantes cargos de la administración pública y privada.

Fue: Miembro Corresponsal de la Real Academia Española; Delegado, en Guatemala, del Congreso de Americanistas de Bruselas; Miembro Honorario de la Sociedad Literaria Internacional de París; Miembro Correspondiente de la Academia de Bellas Letras de Santiago de Chile; Asistente del Ateneo de León, Nicaragua; Asistente de la Sociedad Económica de Amigos del País y de el Porvenir, de Guatemala.

Pese a sus excelentes cualidades personales e intelectuales, a su magnitud como escritor y literato, Pepe Milla era un hombre sencillo a quien jamás le hicieron vanidoso los multiples honores y distinciones de que fue objeto; el amaba su arte y con amor de hermano lo brindo a la patria entera y al mundo. Era de mediana estatura, de complexión fuerte, despejada frente, agradable fisonomía, su noble mirar reflejaba la bondad de su alma; abundante y bien cuidado bigote; en todas partes y reuniones, distinguíanlo sus nítidas camisas y su negra corbata de ancha laza, levita con ribetes de cinta negra de seda; afable trato y refinada cortesía, conversación amena, fluida, y cuando las circunstancias lo ameritaban, pleta de sutil humorismo e inolvidables ocurrencias.

Las propias personas de credos políticos o religiosos opuestos a los suyos, supieron reconocer en Pepe, al novelista cumbre, al hombre digno y al literato merecedor de todo respeto.

En la brega literaria acostumbró calzar sus magnificas producciones, con su anagrama: Salomé Jil.

Pero llegó el momento fatal para la familia del eximio literato, para la patria y para las letras nacionales.

Una afección cardiaca habíalo llevado al lecho; familia y amigos rodeandolo de cuidados y atenciones; no obstante su delicado estado, aun dedicaba algunos momentos para corregir las pruebas tipográficas correspondientes al tomo segundo de la Historia Centroamericana que años atrás le encomendaría el gobierno, mas, como el mal avanzaba, aquella interesante obra didáctica, hubo de quedar trunca, terminandola, como ya apuntamos, don Agustín Gómez Carrillo.

Es la noche del 30 de septiembre de 1,882 su corazón funciona con marcada deficiencia; las medicinas poco o ningún efecto hacen en el paciente; presintiendo la proximidad del fin, el insigne maestro pide lleguen a su presencia sus amados hijos, luego hizo un supremo esfuerzo para prodigiarles lo último de su amor en paternales caricias y bendiciones, su cansado cuerpo era sostenido por su querido amigo y admirador, doctor Pedro Molina Flores; con una lánguida y expresiva mirada, fue cubriendo uno a uno aquellos rostros amados y pasados quince minutos de la media noche, aquella valiosa existencia iniciaba su viaje eterno, despedida con amargo adios de lágrimas y sollozante musitar de preces.

¡El principe de la novela, ilustrísimo don José Milla y Vidaurre, partía para siempre, con su riquísimo equipaje de honores, satisfacciones y afectos, hacia su encantado castillo levantado en el gran peñón de la perpetuidad!

Este sentido deceso, constituyó un verdadero duelo nacional; la sociedad, el mundo de las letras, círculos religiosos, políticos y científicos experimentaban profunda conmoción ante tan irreparable pérdida.

Al iniciarse el imponente cortejo fúnebre desde la casa de mortuoria -4a. avenida Sur y 14a calle poniente- una numerosa concurrencia de toda índole social, acompañó sus venerados restos hasta la necropolis; antes de ser inhumados aquellos despojos, exaltaron la recia personalidad y multiples méritos de inolvidable Figaro centroamericano, el distinguido tribuno salvadorense, doctor Francisco E. Galido y nuestro notable orador parlamentario licenciado Antonio Machado.

Tres años más tarde - 1,885- a iniciativa de los literatos Francisco González Campo, José Maria Garcia Salas y Ramón Uriarte, se editó la "Corona Fúnebre", homenaje póstumo a la memoria del Inmortal Novelista José Milla  y Vidaurre, en la imprenta de Pedro Arenales; la formaban 128 páginas que en prosa exquisita y sentidos versos, cantaban justos y sinceros elogios a la persona del eterno Salomé Jil, asimismo las mejores plumas centroamericanas, volcaron oros de inspiración y pedrería de pensamiento, como consagrante recuerdo y tributo.

Estas son las primorosas e inmortales obras que el talento y maestría de Jose Milla y Vidaure legó como perpetua heredad literaria:

"Cuadros de Costumbres", "Los Nazarenos", "El Canasto del Sastre", "La Hija del Adelantado", "El Visitador", "Historia de un Pepe", "Un viaje al otro mundo pasando por otras partes", "Memorias de un Abogado",  "libro sin nombre" y el texto didáctico: Historia de Centro América (2 Tomos).

Una sencilla estatua de medio cuerpo y perfecto parecido, bella obra del artista guatemalteco Rafael Rodríguez Padilla, descansando sobre modesto pedestal aparece colocada en uno de los sectores del parque Gomez Carrillo(2) de esta capital, y una escuela primaria lleva, por disposicion oficial, el nombre de tan ilustre novelista.

Don Santiago L. Colom, le dedico este soneto:

A JOSE MILLA
(Historiador, novelista y poeta)

Del genio con luz resplandecía
en tu cerebro el pensamiento humano
inmenso como el cielo y el océano,
brillante como el sol del día.

Cuanto vivan la historia y la poesía
y la novela y el idioma hispano,
los lauros de tu genio soberano
serán orgullo de la patria mía.

¿Qué importa a tu gloria el odio inmundo
y la diatriba de la ciencia vana
que amargaron tu vida hasta el ocaso,

si el genio es astro que al cruzar el mundo
marcada deja en la conciencia humana
la estela luminosa de su paso?


SOBRE LA TUMBA DE PEPE MILLA
Dolores García R. -1,889-                   

No importa, no que altivos monumentos
circundando tu humilde mausoleo
se levanten soberbios; ti eres solo
del templo de tu gloria los cimientos

eternales serán. Tus sentimientos
ajenos fueron de perfidia y dolo
y en vuelo perennal de polo a polo
se agitarán tus grandes pensamientos.

Fue engendrado tu ser por un destello
del Dios de la poesía; todo invades
si de genio creador pones el sello.

Oye en lo alto las grandes tempestades
de justa admiración: tu nombre bello
acatarán absortas las edades.

Tumba de José Milla y Vidaurre

Sea, pues, nuestro corazón de guatemaltecos fieles al respeto y a la gratitud, un santuario donde continuamente ardan los fuegos sagrados del recuerdo hacia los connacionales que con brillantez suprema, nos enseñaron a amar el terruño nativo y a ganar cimas de honor...

Arnoldo J Cózar
Arcón Patrio
Tomo II
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1,963

1  Actualmente Municipio de Quesada Jutiapa.
2  También conocido como Parque Concordia.