jueves, 8 de agosto de 2013

Declaración de Independencia absoluta de Centroamérica (Decreto de la Asamblea Nacional Constituyente del 1 de Julio de 1,823)



DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA ABSOLUTA DE CENTROAMÉRICA


Decreto de la Asamblea Nacional Constituyente del 1 de Julio de 1,823

Los Representantes de las Provincias Unidas del Centro de América, congregadas á virtud de la convocatoria, dada en esta ciudad, á 15 de septiembre de 1821 y renovada en 29 de marzo del corriente año, con el importante objeto de pronunciar sobre la independencia y libertad de los pueblos, nuestros comitentes sobre su recíproca unión: sobre su gobierno; y sobre todos los demás puntos contenidos en la memorable acta del citado día 15 de Septiembre, que adoptó entonces la mayoría de los pueblos de este vasto territorio, y á que se han adherido posteriormente todos los demás, que hoy se hallan representados en esta Asamblea general.

Después de examinar, con todo el detenimiento y madurez que exige la delicadeza y entidad de los objetos con que somos congregados, así la acta expresada de Setiembre de 21 y la de 5 de enero de 1822, como también el decreto del Gobierno Provisorio de esta provincia, de 29 de Marzo último, y todos los documentos concernientes al objeto mismo de nuestra reunión.

Después de traer á la vista todos los datos necesarios para conocer el estado de la población, riqueza, recursos, situación local, extensión y demás circunstancias de los pueblos que ocupan el territorio antes llamado reino de Guatemala.

Habiendo discutido la materia: oído el informe de las diversas comisiones que han trabajado para acumular y presentar á esta Asamblea todas las luces posibles acerca de los puntos indicados: teniendo presente cuando puede requerirse para el establecimiento de un nuevo Estado; y tomando en consideración:

PRIMERO

Que la independencia del Gobierno Español ha sido y es necesaria en las circunstancias de aquella Nación y las de toda la América: que era y es justa en sí misma y esencialmente conforme á los derechos sagrados de la naturaleza: que la demandaba imperiosamente las luces del siglo, las necesidades del Nuevo Mundo y todos los más caros intereses de los pueblos que lo habitan.

Que la naturaleza misma resiste la dependencia de esta parte del globo, separada por un océano inmenso de la que fue su metrópoli, y con la cual le es imposible mantener la inmediata y frecuente comunicación, indispensable entre pueblos que forman un solo Estado.

Que la experiencia de mas de trescientos años manifestó á la América que su felicidad era del todo incompatible con la nulidad á que la reducía la triste condición de colonia de una pequeña parte de Europa.

Que la arbitrariedad, con que fue gobernada por la Nación Española, y la conducta que ésta observó constantemente, desde la conquista, excitó en los pueblos él más ardiente deseo de recobrar sus derechos usurpados.

Que, á impulsos de tan justos sentimientos, todas las provincias de América sacudieron el yugo que las oprimió por espacio de tres siglos: que las que pueblan el antiguo reino de Guatemala proclamaron gloriosamente su independencia en los últimos meses del año 1821; y que la resolución de conservarla y sostenerla es el voto general y uniforme de todos sus habitantes.

SEGUNDO

Considerando por otra parte: que la incorporación de estas Provincias al extinguido Imperio Mexicano, verificada solo de hecho en fines de 1821 y principios de 1822, fue una expresión violenta, arrancada por medios viciosos e ilegales.

Que no fue acordada ni pronunciada por órganos ni por medios legítimos; que por estos principios la Representación Nacional del Estado Mexicano jamás la aceptó expresamente, ni pudo con derecho aceptarla; y que las providencias que acerca de esta unión dictó y expidió D. Agustín de Iturbide, fueron nulas.

Que la expresada agregación ha sido y es contra á los intereses y á los derechos sagrados de los pueblos, nuestros comitentes: que es opuesta á su voluntad; y que un concurso de circunstancias tan poderosas e irresistibles exigen que las Provincias del antiguo Reino de Guatemala se constituyan por sí mismas y con separación del Estado Mexicano.

Nosotros, por tanto, los Representantes de dichas Provincias, en su nombre, con su autoridad y conformes en todo con sus votos, declaramos solemnemente:

1º Que las expresadas Provincias, representadas en esta Asamblea, son libres e independientes de la antigua España, de México y de cualquiera otra potencia así del antiguo, como del Nuevo Mundo; y que no son ni deben ser el patrimonio de persona ni familia alguna.

2º Que, en consecuencia, son y forman Nación SOBERANA, con derecho y en aptitud de ejercer y celebrar cuantos actos, contratos y funciones ejercen y celebran los otros pueblos libres de la tierra.

3º Que las Provincias sobre dichas, representadas en esta Asamblea (y las demás espontáneamente se agreguen de las que componían el antiguo Reino de Guatemala), se llamarán, por ahora, y sin perjuicio de lo que se resuelva en la Constitución que ha de formarse, "PROVINCIAS UNIDAS DEL CENTRO DE AMÉRICA".

Y mandamos que esta declaratoria y la acta de nuestra instalación se publiquen con la debida solemnidad en este pueblo de Guatemala, y en todos y cada uno de los que se hallan representados en esta Asamblea: que se impriman y circulen: que se comuniquen á las Provincias de León, Granada, Costa Rica y Chiapas y que en la forma y modo, que se acordará oportunamente, se comuniquen también a los Gobiernos de España, de México y todos los demás Estados independientes de ambas Américas. Dado en Guatemala, a primero de Julio de mil ochocientos veintitrés. - José Matías Delgado, Diputado por San Salvador, Presidente.- Fernando Antonio Dávila, Diputado por Sacatepequez, Vice-Presidente.- Pedro Molina, Diputado por Guatemala. - José Domingo Estrada, Diputado por Chimaltenango. - José Francisco Córdova, Diputado por Santa Ana. - Antonio José Cañas, Diputado por Cojutepeque. - José Antonio Jiménez, Diputado por San Salvador. - Mariano Beltranena, Diputado Suplente por San Miguel. - J. Domingo Diéguez, Diputado Suplente por Sacatepéquez.- Juan Miguel Beltranena, Diputado por Cobán. -Isidro Menéndez, Diputado por Sonsonate. -Marcelino Menéndez, Diputado por Santa Ana. -José María Herrarte, Diputado Suplente por Totonicapán. -Simeón Cañas, Diputado por Chimaltenango. -José Francisco Barrundia, Diputado por Guatemala. -Felipe Márquez, Diputado Suplente por Chimaltenango. -Felipe Vega, Diputado por Sonsonate. -Pedro Campo Arpa, Diputado por Sonsonate. -Cirilo Flores, Diputado por Quezaltenango. -Francisco Flores, Diputado por Quezaltenango.-Juan Vicente Villacorta, Diputado por San Vicente. -Ciriaco Villacorta, Diputado por San Vicente. -José María Castilla, Diputado por Cobán. -Luis Barrutia, Diputado por Chimaltenango.-José Antonio Azmitia, Diputado Suplente por Guatemala. -Julian Castro, Diputado por Sacatepequez. -José Antonio Alcayaga, Diputado por Sacatepéquez.-Serapio Sánchez, Diputado por Totonicapán. -Leoncio Domínguez, Diputado por San Miguel. -José Antonio Peña, Diputado por Quezaltenango. -Francisco Aguirre, Diputado por Olancho. -José Beteta, Diputado por Salamá.-José María Ponce, Diputado por Escuintla.-Francisco Benavente, Diputado Suplente por Quezaltenango. -Miguel Ordoñez, Diputado por San Agustín. -Pedro José Cuellar, Diputado Suplente por San Salvador. -Francisco Javier Valenzuela, Diputado por Jalapa. -José Antonio Larrave, Diputado Suplente por Esquipulas. -Lázaro Herrarte, Diputado por Suchitepéquez. -Juan Francisco de Sosa, Diputado Suplente por San Salvador, secretario. -Mariano Gálvez, Diputado por Totonicapán. Secretario. -Mariano Córdoba, Diputado por Huehuetenango, secretario. -Simon Vasconcelos, Diputado suplente por San Vicente, secretario.-


Provincias Unidas del Centro de América


miércoles, 7 de agosto de 2013

Cuadros de Costumbres, José Milla y Vidaurre, Las Presentaciones.

Cuadros de Costumbres

LAS PRESENTACIONES
Quién soy yo y por qué me doy a escritor de costumbres

Uno de los usos que sin el debido examen de su utilidad y conveniencia de su aplicación, hemos tomado nosotros de los extranjeros, es el de las presentaciones, o las introducciones. Lo que en otras partes es necesario y conveniente, viene a ser una forma pueril y hasta ridícula, en un país pequeño, en donde todas las gentes son más o menos conocidas. Desea un joven frecuentar una casa; busca un padrino de su misma edad que lo presente a la señora (o a las señoritas, que ese suele ser el quid del negocio); y un domingo, a eso de las doce (día y hora de rigor para recepciones semioficiales), presentante y presentado, de frac negro y guantes de color caña,(1) hacen su entrada solemne en el salón.

El padrino pronuncia enfáticamente el nombre y apellido del ahijado, como si las personas de la casa no supiesen muy bien quién es él, quiénes son sus padres, cómo vive y cuanto puede saberse de un prematuro escolar, que manosea todavía el Alvarez y las Partidas. Preguntad a ese presentador complaciente si sabe que el que toma a su cargo introducir a una sociedad a un nuevo visitante, contrae una verdadera responsabilidad y se constituye en garante de la conducta de aquél  de quien se ha hecho introductor, y encontraréis que ni ha pensado en eso el aturdido mancebo. Decidle que culpa suya será si el introducido perturba la tranquilidad doméstica, revela los secretos que se le confíen, traiciona la confianza que de él se haga y acaso se reirá  de lo que llama vuestro quijotismo.

La imprudencia sube de punto cuando el introducido no es, como sucede con frecuencia, una persona del país y de la cual se tiene algún conocimiento, sino una de tantas aves de paso que suelen anidar con increíble facilidad en nuestros francos y benévolos círculos sociales. ¿Con qué valor se presenta a un hombre a quien apenas se conoce, solamente porque va bien vestido y porque lleva un apellido inglés, ruso o polaco?

En cuanto a los ahijados, no es poco frecuente que incurran en la misma falta de escrupulosidad respecto a sus padrinos. Olvidando el adagio castellano dime con quién andas, hay jóvenes que no vacilan en presentarse en una sociedad decente, bajo el patrocinio de alguna persona de poca consideración y a quien se recibe ínicamente tal vez por compromiso. Claro es que el que, bajo tan desfavorables auspicios se presenta, tiene que ser mal recibido, aun cuando la urbanidad encubra el desagrado bajo las apariencias del afecto.

Sentados estos preliminares, diré que las presentaciones pueden, a mi juicio, clasificarse, como los homicidios, en casuales, necesarias y premeditadas, teniendo algunas veces estas últimas las circunstancias agravantes de seguras y alevosas.

Presentaciones casuales. Son aquellas que si hacen por incidente; en la calle, en el teatro, en el paseo. No acarrean responsabilidad ni imprimen carácter de ninguna especie. Son puras fórmulas que se observan especialmente cuando uno o más de los interlocutores son extranjeros.

Presentaciones necesarias, o mejor dicho forzadas. Son las que uno suele hacer contra su voluntad, ya personalmente, ya por medio de una carta de introducción, obligado a ello por ciertas consideraciones y sin tener plena confianza del sujeto introducido. En esos casos algunos hacen lo que los casuistas llaman restricción mental, o bien advierten sotto voce, de las desconfianzas que les inspiran aquellos que los han puesto en compromiso. Esa táctica arguye debilidad de carácter; lo mejor en ese caso es negarse al padrinazgo, pues «vale más ponerse una vez colorado que ciento descolorido».

Presentaciones premeditadas. Llamo yo así a las que se hacen deliberadamente y con pleno conocimiento de la persona. La alevosía y la seguridad, lo mismo que el abuso de confianza, concurren cuando se hace presentación con algún fin poco honesto. El artículo 19,599 del Código Penal de la Urbanidad, castiga esos delitos con la expulsión del criminal y el cómplice con la pena de palos y otras corporis aflictivas, según la malicia del caso y el arbitrio del Juez.

No pocas veces me ha hecho reír la imitación servil de fórmulas exóticas en los actos de las presentaciones. «Permita Ud., señora, decía hace poco Enriquito, joven extranjerizado, a la sencilla y respetable doña Lugarda, le introduzca a Monsieur Pointu, íntimo amigo mío (acaba de conocerlo), que viene de arribar de Europa». La matrona retrocedió espantada de que se quisiese introducirle aquel Monsieur, como si se tratase de un hierro agudo en una operación quirúrgica. ¡Acuántass equivocaciones como ésa puede dar origen el uso de una inadecuada y extraña fraseología!

Por mi parte, cansado de los chascos que en el curso, ya bastante largo, de mi vida, me han dado los presentantes y los presentados, y habiendo llegado a esa edad feliz en que puede uno emanciparse impunemente de la tiranía de la moda, he acordado renunciar a las presentaciones por interpósita persona, y hacerlas por mí mismo, cuando se me ofrezca, diciendo de plano mi nombre y apellido, lo que deseo y lo que me propongo. Conforme a ese sistema (para cual pienso pedir patente de invención, con privilegio exclusivo por veinte años), me introduzco hoy al conocimiento del lector benévolo, que sabrá quién soy, si tiene la paciencia de llegar hasta el fin de este artículo, en donde encontrará mi nombre, y apellido con todas sus letras. Para salvar mi conciencia, debo, sí, advertir que aun cuando mi nombre de bautismo pueda parecer que pertenezco al sexo encantador, la verdad es que correspondo al encantado; y si bien me llamo Salomé, nada tengo de común ni con la madre de los hijos del Zebedeo, ni con la hermana de Herodes el Grande ni con la bailarina hija de otro Herodes que pidió y obtuvo la cabeza del Bautista, cuyas tres damas eran mis tocayas. En cuanto a lo demás, como poco o nada pueden interesar los incidentes de mi trabalhosa e tarbalhada vida, como dice J. B. Garrete, escritor portugues, me contentaré con decir que aunque cursé las aulas, allá en mi juventud, años después vínome la tentación de probar las dulzuras de la vida del campo, de la cual había leído maravillas en Teócrito y en Virgílio, esos grandes bucolicos de la antigüedad. Dejé los estudios y me metí no ha predicador como fray Gerundio, sino a nopalero, como tantos otros que nada tienen de frailes, aunque sí pueden tener mucho de Gerundios. Compré un terreno plantado de esos cactus punzantes cuya monótona uniformidad es poco poética por cierto, y pronto se volvieron en humo mis ilusiones sobre la vida rural, los pastores y las zagalas. Compensó la pérdida de mis delirios el buen precio de mis tercios de grana; y realizando un capitalino muy decente, fui bastante feliz para encontrar, dos años hace, quien me comprara mi nopal, librándome así, providencialmente, de la bolita, del susto del Gagenta y de encontrarme hoy, al fin de cuenta, o esperando o quebrando, que casi casi viene a ser todo uno. Heme aquí, pues, viviendo de mis rentas y habiendo alcanzado en esta vida ese Summum  bonum quo tendimus omnes, de que habla Lucrecio. En esta situación, ¿qué hacer? ¿Cómo emplear útilmente mi tiempo? Esto me he estado preguntando a mí mismo desde algunos meses. Ya se me ponía la tentación de solicitar una plaza de agente de policía y vivir descansadamente; ya la de aumentar el número infinito de los abogados sin pleitos; ya la de hacerme médico o boticario (que deseché por no ser suficientemente enemigo de la humanidad); ya la de convertirme en empresario de ópera (de la cual desistí por no morir de inacción); ya, en fin, otras igualmente diabólicas, cuando he aquí que anoche tuve una subitánea inspiración, y en vez de darme al demonio, como estaba ya apunto de hacerlo, resolví darme al público que, bien considerado, es una misma cosa. Vacilé largo rato antes de decidirme por el género a que me dedicaría. Escribir de política, es muy fácil ciertamente, pues, según he oído decir esas son materias que todo el mundo entiende, sin necesidad de haberlas estudiado; pero me detuvo cierto... (no sé cómo llamarlo), miramiento... eso es, miramiento, considerando lo resbaladizo y peligroso del asunto. Por poeta me da muy poco el naipe; pues aunque no soy tan tonto que no haya hecho alguna vez una copla, tampoco soy tan majadero como para ponerme, a hacer dos, como dijo no sé quién. En fin, deseando echarme por una senda poco trillada entre nosotros, determiné escribir sobre costumbres, aunque sin ocultárseme la dificultad del género, ni los inconvenientes con que tienen que luchar los que cultivan. De esos inconvenientes no estuvieron libres ni Adisson, ni Steele, ni Jouy, ni Larra, ni Mesonero Romanos; y ¿habré de estarlo yo, ¡pobre de mí! que no tengo ni la imaginación brillante, ni la observación profunda, ni la sal ática, ni la instrucción variada de aquellos maestros del arte? Mas como mi objeto no sea el de alcanzar renombre, sino el de contribuir, siquiera en mínima parte, a la mejora de nuestras costumbres y matar el tiempo, cosa que en otras partes vale mucho y de la cual por acá no sabemos cómo deshacernos, me decido a aceptar, por primera vez, la bondadosa hospitalidad de la «Hoja de Avisos» ofrece a mis pobres trabajos literarios, y por lo pronto me ensayaré en unos cuantos Cuadros de Costumbres. Omito dar mi programa porque los de nuestro teatro y los que nos vienen de los gobiernos de la otra América, cada vez que hay ropa limpia (y allá se mudan con frecuencia), me tienen reñido con esa clase de documentos. Vaya el presente artículo por vía de introducción, y dispensándome el público esta presentación exabrupto, permitame le ofrezca mis respetos, como ahora se dice, que deseándole felices pascuas, me despida de él hasta otro número.

Salomé Jil
(José Milla y Vidaurre)
Cuadros de Costumbres
Tipografía Nacional
1, 937

1 No debe olvidarse que estos Cuadros fueron escritos en 1,862, hace más de 150 años.

José Milla y Vidaurre "Salomé Jil"


José Milla y Vidaurre "Salomé Jil"

A JOSÉ MILLA Y VIDAURRE

Tuviste la gloria de traspasar los Andes
en alas de tu numen florido;
fuiste grande entre los grandes
y de la patria: su hijo bien nacido.

Tu arte, florilegio y pedrería,
 forjó en milagro de amor profundo
altivo trono para la patria mía
y letras de oro para la admiración del mundo.

Tus libros, abrazo de historia y de leyenda
arrullan el alma con místico acento,
son majestad y beso, relámpago y ala;

para el aeda, tu genio es loada senda,
para la posterioridad: regio monumento
y plegaria de amor para Guatemala.


JOSÉ MILLA Y VIDAURRE
1822 - 1882
Y los dioses generosos pusieron mieles
en sus labios, fulgor de aurora en su
mente y sacramentaron su pluma con
mística de inmortales alfabetos...

Esta vez nuestras páginas divulgativas se honran y se engalanan al evocar a otro hijo amado de esta Guatemala veneranda; sentimos que en nuestro corazón bullen esas linfas que en milagro de fe y de amor, se tornan vino consagrante para solemnizar la santa eucaristía del recuerdo; nuestro pensamiento se torna plegaria admirativa y nuestra espiritualidad vibra emocionada, para plasmar en verbo y adjetivo, el divino evangelio musitado en el recinto de los héroes caídos; en fin, experimentamos complacidos, este palpitar diverso en que , ideas, culto, sentimiento y gratitud, se engarzan en hilos de unidad, para ofrendarlo en ara de las sublimes evocaciones.

¡Sean pues, aquellas claras linfas, aquel devoto evangelio y aquel engarce palpitante, la trina armonía que nos permita llenar los ámbitos patrios y los corazones ciudadanos, con esa euritmia majestuosa que vibra en el nombre de José Milla y Vadaurre!

Guatemala ha sido venero de consagrados literatos cuyas obras maestras perpetuarán por siempre su nombre señorial; nuestro campo literario está repleto de nombres insignes que han merecido los honores de propios y extraños; nombres que en alas de su fama, han llevado las exquisiteces de su inspiración a lejanos lares; diríase que la  dulce mística de las musas, regó en este surco bienamado, sus más diáfanas esencias para que brotaran las lozanas rosas del ensueño, los lises de la pureza y las perpetuas siemprevivas.

José Milla y Vidaurre, es una de esas flores "símbolo"; apasionado por la lectura y por los grandes autores de todos los tiempos, fue fortaleciendo su ansia literaria desde juveniles años, hasta culminar con esa floración de obras maestras, donde nuestras costumbres, pasados y trascendentes sucesos históricos, personajes, intrigas, etcétera, aparecen fielmente perfilados y embellecidos por su delicada inspiración, por la majestad de su genio imaginativo, por la perfecta trama, por el fantástico encajamiento y naturalidad con el que relaciona a personajes ficticios y reales, en fin son obras que tienen el mágico poder de transportarnos a sus maravillosos escenarios y experimentar sus profundas emociones, sorpresas y peligros de sus intrigantes episodios, y todo, engalanado con la espléndida pedrería de su magistral lenguaje; si, Milla y Vidaurre, fue todo un maestro para manejar la mística delicada del idioma.

La óptima producción literaria de José Milla y Vidaurre, es tesoro inagotable para las letras guatemalenses y perpetua heredad para nuestra bella Guatemala.

Fue en céntrica mansión situada en la 9a. calle oriente, entre 10a. y 11a. avenidas de la Nueva Guatemala de la Asunción, donde un 4 de agosto de 1822, los esposos don Justo Milla, pundoroso coronel del ejército hondureño, y doña Mercedes Vudaurre de Milla, descendiente de distinguida familia citadina, celebraron el advenimiento de José.

Como intuidos del brillante futuro para el cual venía predestinado por aquel niño, le rodearon de cuidados y esmeros que propiciarán el feliz desenvolvimiento de sus innatas pertenencias.

Pero la fatalidad, alerta siempre para truncar destinos,  vino a desquiciar aquellos anhelos hogareños, con la súbita muerte de doña Mercedes, cuando José apenas frisaba  en sus seis abriles.

¡A tan temprana hora de la vida, el pequeño sufría el más inmenso de los pesares! ¡perder a la madre, es tanto como perder el punto de apoyo de la vida!

El sino adverso siguió su embate de amargura para aquella tierna alma; circunstancias de índole política, dieron lugar al extrañamiento del coronel Milla, pasando a vivir su exilio a la república mexicana, donde habría de morir más tarde, con el dolor de no haber estrechado por vez última a su amado hijo.

Huérfano José, tomáronlo bajo su tutela sus tíos maternos, erigiéndose a la vez en su noble tutor el ilustre prócer, canónigo doctor José María Castilla, que por entonces fungía como rector del colegio Seminario.

Fue en ese centro educacional, donde Milla y Vidaurre, inició y terminó sus estudios, egresando como digno profesional, ávido de triunfos y poseedor de un talento singular que abríalo hecho descollar en cualquier campo de actividad, pero ya el suyo: "las letras", estaba decidido desde sus años mozos cuando en escolares ensayos demostró sus aptitudes literarias.

La lectura era su deleite principal; pues -decía- algún provecho deja; conforme fue consolidando su juicio y vocación literarios, aquella pasión por la lectura, pronto se torno selectiva; ahora, solo ocupaba su atención, el afanoso estudio de renombrados clásicos españoles como notable escritor Nicolás Fernández Moratín y el fecundo vate Manuel José Quintana; luego enriqueció su acervo literario, en las inmortales páginas del poeta Quinto Horacio; de Alfonso de Lamartine, gran poeta y político francés; fue admirador ferviente de William Shakespeare, el más notable poeta dramático inglés, dueño de refinadas cualidades, gracioso terrible, satírico, apasionado y burlesco y autor de obras universalmente admiradas como "Otelo", "Romeo y Julieta", "Ricardo III", "Hamlet", "El mercader de Venecia", "El rey Lear", etcétera; completaron su fuente nutricia: "Guillermo Tell", "María Estuardo", "Don Carlos", etcétera, obras escritas por el poeta trágico y gran historiador alemán, Federico Schiller.

Egresó del Seminario a los 20 años de edad, sólidamente preparado para interpretar y plasmar los imperativos del pensamiento, con esa inspiración y maestría que lo hizo inmortal.

Sus ya reconocidos méritos literarios, le llevaron al seno de la benemérita Sociedad Económica de Amigos del País, en cuya mesa directiva sirvió con esmero el puesto de secretario, y fue entonces que su entusiasmo le permitió publicar, como órgano informativo de esa entidad, "La Revista", dando brillo a sus páginas, con amenos e interesantes tópicos literarios de su fecunda pluma.

Pero como en su espíritu anidaba un torbellino de inquietudes dilectas, hizo del pueblo mismo, un excelente campo de actividad; observó y estudió profunda y minuciosamente nuestro costumbrismo aun en sus aspectos más íntimos y naturales que luego plasmó en primorosos y amenos capítulos engalanados con chispeantes ocurrencias.

Su aguda observación, unido al dominio magistral que tenía del idioma castellano, así como de algunos dialectos nativos, darían años más tarde como fruto notable, esa gracia, esa flexibilidad, esa amenidad y ese quilate literario y cultural inigualables a sus obras, verdadero monumento de las letras nacionales.

Mas, de pronto su devota tarea literaria entró en receso, debido a que el gobierno de la República lo designó para desempeñar la oficialía mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores; tiempo después pasó a servir la secretaria de la hermandad de la caridad del Hospital General, finalmente, y en calidad de secretario especial, acompañó al presidente Rafael Carrera en su visita oficial que hiciera a Costa Grande y pueblos de Los Altos.

Nuestro ilustre Pepe Milla, al igual que el inolvidable Pepe Batres Montúfar, gustaba de lanzar sus toquecitos satíricos a cuantas gentes los merecían; de su pluma brotaron muchos versos de esta clase, que hicieron época por su sal y pimienta.

 De notables fueron calificados éstos, escritos contra el propio presidente Carrera:

"Hijo de la miseria y de la nada,
tiranuelo opresor de un pueblo inerme,
zorra cobarde que acomete osada
a un gallinero que tranquilo duerme."

Terminadas sus actividades en el campo oficial, vuelve Pepe a su campo dilecto; por sus innegables dotes literarias, fue nombrado redactor del diario oficial y como era de esperar, su labor fue magnífica y caracterizada por lo novedoso de sus trabajos en los que ya se adivinaba al futuro gran literato que tanta gloria diera a Guatemala.

Y otra vez los cargos gubernamentales, viniéronlo  a distanciar del activismo literario; lo encontramos primero desempeñando la subsecretaria general del gobierno, luego como consejero de Estado y otras veces ocupando una curul en la asamblea nacional.

En 1,858, el gobierno le confía el cumplimiento de una delicada misión especial ante la legación de Guatemala en los Estados Unidos de América y desempeñada por nuestro insigne filólogo, Antonio José de Irisarri.

En ese mismo año casó con la señorita Mercedes Vidaurre, prima suya y en cuyo hogar nacieron seis hijos; con el correr del tiempo, uno de ellos, Pedro Milla, honrando la heredad literaria de su padre, tuvo a su cargo la dirección del diario "La República".

Tres años después -1,861- salió a la luz pública su rotativo "Hoja de Avisos" en cuyas páginas aparecieron por primera vez, los amenos capítulos de "Cuadros de Costumbres" escritos con admirable exactitud descriptiva de caracteres, fecundidad de ideas y exquisitez de lenguaje. Desafortunadamente ese importante periódico dejó de circular en 1,862.

Pasados 2 años -1,864- volvió a la brega periodística, publicando "La Semana", donde continuó la serie capitular de "Cuadros de Costumbres", al tiempo que se publicaban los primeros de "los Nazarenos", Ël Visitador", Libro sin nombre" y "La Hija del Adelantado"; ornaron también aquellas páginas, algunas de sus poesías jocoserias, entre las que descollaron: "Risas y Lágrimas", "Las Canas", "Los deseos Cumplidos" y "La conciencia", además, anecdotas, cuentos, temas historicos, biografias de guatemaltecos ilustres, etcétera.

En páginas inmortales y con esa amenidad propia de su genio, plasmó los dicharachos y refranes, idioma y costumbres de nuestro pueblo.

Tuvo a su cargo la cátedra de Literatura Española en nuestra Facultad de Derecho, y cuentan que un grupo de jóvenes amantes de los encantos literarios, solían reunirse, al caer de las tardes, en la casa del inspirado maestro, para recibir de él y en forma gratuita, dentro de un clima de cordialidad, amenas y jugosas explicaciones; revisaba los trabajos de sus discípulos, insistiéndoles en las reglas del bien decir, del arte poético, y para mejor ilustración, hablábales extensamente de la prosa y verso de los más prestigiosos clásicos españoles, aspecto éste, en que era versado profundamente.

En esta forma, noble y apostólica, Pepe Milla regaba la simiente de su mística literaria en el surco promisorio de la juventud dilecta, para que un día no lejano, se produjera la milagrosa floración de nuevos valores literarios.

Los movimientos políticos de 1,871, encabezados por Garcia Granados y Justo Rufino Barrios y que culminaron con la caída del gobierno presidido por el mariscal Vicente Cerna, obligaron a nuestro gran Pepe Milla a abandonar el suelo patrio rumbo a Norteamérica primero y luego hacia Europa.

Visitó Italia, Inglaterra, y Francia; en cada uno de esos países fue admirado por sus refinadas dotes personales, por su talento y por sus brillantes aptitudes como escritor.

Durante su permanencia en Paris, entabló amistad con el señor Mourgues, destacado miembro de la Unión de prensa hispanoamericana y director gerente del rotativo parisiense "Correo de Ultramar", habiendo merecido el honor de ser redactor de planta de tan importante diario; tuvo asimismo como dilecto amigo al connotado hombre de ciencia M. Littre que en 1,839 fuera director del diario parisina "El Nacional".

Su estadía en Europa le permitió, al calor de viejos recuerdos de su lejana Guatemala y con las esencias de su arte divino, comenzar a escribir los agradables capítulos de "Un viaje al otro mundo pasando por otras partes" y de paso dar vida a su célebre y popular personaje "Juan Chapín", representativo del ambiente guatemalense.

Una vez retornado a su querida Guatemala, el gobierno de la República tomando en cuenta su ilustración y valiosos méritos literarios, tuvo a bien encomendarle un trabajo serio, delicado, nada menos que escribir la Historia de Centro América, desde su descubrimiento hasta su fecha de independencia. La tarea era ardua pero él la aceptó gustoso confiado en su capacidad y en sus conocimientos históricos.

Como esta labor reclamaba tranquilidad, eligió para centro de sus actividades literarias, su hacienda "Quesada", situada en apacibles terrenos de Jutiapa.(1)

El primer tomo de tan interesante historia, fue editado por la imprenta "Progreso", de Francisco Lainfiesta, en 1,879; el tomo segundo no pudo ser terminado debido al sentido deceso del insigne escritor, siendo encomendada su terminación, al competente hombre de letras, don Agustín Gómez Carrillo. Con anterioridad, había publicado su obra "Memorias de un Abogado". En 1,880, el "Diario de Centro América", engalanó sus columnas publicando capítulos de  "El canasto del Sastre" y los de su última novela, "Historia de un Pepe".

La lectura de toda la producción literaria de Pepe Milla, produce una sensación avasalladora en la que alternan: enseñanza, ejemplo, gusto exquisito, maestría en el perfecto manejo idiomático, y ante todo, esa creación grandiosa de sus célebres personajes; seguramente que las obras bellísimas de Milla, serán de vigencia eterna y no habrá ser alguno que al leerlas, no se sienta transportado a las épocas y lares de sus intrigantes acontecimientos.

José Milla y Vidaurre, gozó del respeto y admiración de círculos sociales y científicos y el quilate de sus brillantes aptitudes, le llevó al desempeño de muchos e importantes cargos de la administración pública y privada.

Fue: Miembro Corresponsal de la Real Academia Española; Delegado, en Guatemala, del Congreso de Americanistas de Bruselas; Miembro Honorario de la Sociedad Literaria Internacional de París; Miembro Correspondiente de la Academia de Bellas Letras de Santiago de Chile; Asistente del Ateneo de León, Nicaragua; Asistente de la Sociedad Económica de Amigos del País y de el Porvenir, de Guatemala.

Pese a sus excelentes cualidades personales e intelectuales, a su magnitud como escritor y literato, Pepe Milla era un hombre sencillo a quien jamás le hicieron vanidoso los multiples honores y distinciones de que fue objeto; el amaba su arte y con amor de hermano lo brindo a la patria entera y al mundo. Era de mediana estatura, de complexión fuerte, despejada frente, agradable fisonomía, su noble mirar reflejaba la bondad de su alma; abundante y bien cuidado bigote; en todas partes y reuniones, distinguíanlo sus nítidas camisas y su negra corbata de ancha laza, levita con ribetes de cinta negra de seda; afable trato y refinada cortesía, conversación amena, fluida, y cuando las circunstancias lo ameritaban, pleta de sutil humorismo e inolvidables ocurrencias.

Las propias personas de credos políticos o religiosos opuestos a los suyos, supieron reconocer en Pepe, al novelista cumbre, al hombre digno y al literato merecedor de todo respeto.

En la brega literaria acostumbró calzar sus magnificas producciones, con su anagrama: Salomé Jil.

Pero llegó el momento fatal para la familia del eximio literato, para la patria y para las letras nacionales.

Una afección cardiaca habíalo llevado al lecho; familia y amigos rodeandolo de cuidados y atenciones; no obstante su delicado estado, aun dedicaba algunos momentos para corregir las pruebas tipográficas correspondientes al tomo segundo de la Historia Centroamericana que años atrás le encomendaría el gobierno, mas, como el mal avanzaba, aquella interesante obra didáctica, hubo de quedar trunca, terminandola, como ya apuntamos, don Agustín Gómez Carrillo.

Es la noche del 30 de septiembre de 1,882 su corazón funciona con marcada deficiencia; las medicinas poco o ningún efecto hacen en el paciente; presintiendo la proximidad del fin, el insigne maestro pide lleguen a su presencia sus amados hijos, luego hizo un supremo esfuerzo para prodigiarles lo último de su amor en paternales caricias y bendiciones, su cansado cuerpo era sostenido por su querido amigo y admirador, doctor Pedro Molina Flores; con una lánguida y expresiva mirada, fue cubriendo uno a uno aquellos rostros amados y pasados quince minutos de la media noche, aquella valiosa existencia iniciaba su viaje eterno, despedida con amargo adios de lágrimas y sollozante musitar de preces.

¡El principe de la novela, ilustrísimo don José Milla y Vidaurre, partía para siempre, con su riquísimo equipaje de honores, satisfacciones y afectos, hacia su encantado castillo levantado en el gran peñón de la perpetuidad!

Este sentido deceso, constituyó un verdadero duelo nacional; la sociedad, el mundo de las letras, círculos religiosos, políticos y científicos experimentaban profunda conmoción ante tan irreparable pérdida.

Al iniciarse el imponente cortejo fúnebre desde la casa de mortuoria -4a. avenida Sur y 14a calle poniente- una numerosa concurrencia de toda índole social, acompañó sus venerados restos hasta la necropolis; antes de ser inhumados aquellos despojos, exaltaron la recia personalidad y multiples méritos de inolvidable Figaro centroamericano, el distinguido tribuno salvadorense, doctor Francisco E. Galido y nuestro notable orador parlamentario licenciado Antonio Machado.

Tres años más tarde - 1,885- a iniciativa de los literatos Francisco González Campo, José Maria Garcia Salas y Ramón Uriarte, se editó la "Corona Fúnebre", homenaje póstumo a la memoria del Inmortal Novelista José Milla  y Vidaurre, en la imprenta de Pedro Arenales; la formaban 128 páginas que en prosa exquisita y sentidos versos, cantaban justos y sinceros elogios a la persona del eterno Salomé Jil, asimismo las mejores plumas centroamericanas, volcaron oros de inspiración y pedrería de pensamiento, como consagrante recuerdo y tributo.

Estas son las primorosas e inmortales obras que el talento y maestría de Jose Milla y Vidaure legó como perpetua heredad literaria:

"Cuadros de Costumbres", "Los Nazarenos", "El Canasto del Sastre", "La Hija del Adelantado", "El Visitador", "Historia de un Pepe", "Un viaje al otro mundo pasando por otras partes", "Memorias de un Abogado",  "libro sin nombre" y el texto didáctico: Historia de Centro América (2 Tomos).

Una sencilla estatua de medio cuerpo y perfecto parecido, bella obra del artista guatemalteco Rafael Rodríguez Padilla, descansando sobre modesto pedestal aparece colocada en uno de los sectores del parque Gomez Carrillo(2) de esta capital, y una escuela primaria lleva, por disposicion oficial, el nombre de tan ilustre novelista.

Don Santiago L. Colom, le dedico este soneto:

A JOSE MILLA
(Historiador, novelista y poeta)

Del genio con luz resplandecía
en tu cerebro el pensamiento humano
inmenso como el cielo y el océano,
brillante como el sol del día.

Cuanto vivan la historia y la poesía
y la novela y el idioma hispano,
los lauros de tu genio soberano
serán orgullo de la patria mía.

¿Qué importa a tu gloria el odio inmundo
y la diatriba de la ciencia vana
que amargaron tu vida hasta el ocaso,

si el genio es astro que al cruzar el mundo
marcada deja en la conciencia humana
la estela luminosa de su paso?


SOBRE LA TUMBA DE PEPE MILLA
Dolores García R. -1,889-                   

No importa, no que altivos monumentos
circundando tu humilde mausoleo
se levanten soberbios; ti eres solo
del templo de tu gloria los cimientos

eternales serán. Tus sentimientos
ajenos fueron de perfidia y dolo
y en vuelo perennal de polo a polo
se agitarán tus grandes pensamientos.

Fue engendrado tu ser por un destello
del Dios de la poesía; todo invades
si de genio creador pones el sello.

Oye en lo alto las grandes tempestades
de justa admiración: tu nombre bello
acatarán absortas las edades.

Tumba de José Milla y Vidaurre

Sea, pues, nuestro corazón de guatemaltecos fieles al respeto y a la gratitud, un santuario donde continuamente ardan los fuegos sagrados del recuerdo hacia los connacionales que con brillantez suprema, nos enseñaron a amar el terruño nativo y a ganar cimas de honor...

Arnoldo J Cózar
Arcón Patrio
Tomo II
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1,963

1  Actualmente Municipio de Quesada Jutiapa.
2  También conocido como Parque Concordia.

lunes, 5 de agosto de 2013

Bando del 17 de Septiembre de 1,821

D. Gabino de Gaínza
Jefe Político Superior
de la Provincia de Guatemala

BANDO DEL 17 DE SEPTIEMBRE DE 1,821

D. Gavino Gainza,
Capitán General de estas Provincias,
Jefe Político Superior y
Presidente de la Junta Consultiva Provisional.

Habiendo resuelto el quince del corriente con acuerdo de la Excma. Diputación Provincial, y el Excmo. Ayuntamiento patriótico de esta Ciudad, oído el parecer de los demás cuerpos civiles, eclesiásticos y militares por medio de sus representantes, proclamar y jurar LA INDEPENDENCIA del Gobierno Español por las graves causas que se manifestaran separadamente manteniendo entre tanto las autoridades constituidas hasta la próxima reunión del congreso general de todas las Provincias, con lo demás que se contiene en la acta que se celebró al efecto; no determinado igualmente con el acuerdo del mismo Excmo. Ayuntamiento publicar este bando para hacer saber a todos los habitantes de este honrado y virtuoso pueblo, tan glorioso, e importante acontecimiento para que llegando a noticia de todos puedan en consecuencia arreglar a él su conducta y cooperar a la consolidación y firmeza de un sistema tan justo y necesario en todos los tiempos y, especialmente en los presentes. Y por cuanto no sería remoto hubiese algunas personas que sin respetar los derechos del Pueblo, ni a la caridad cristiana, intentáse dividir la opinión tan claramente pronunciada a favor de LA INDEPENDENCIA del Gobierno español, bien sea por mala intención, interés u otra pasión criminal, he decretado lo siguiente:


I. LA INDEPENDENCIA proclamada y jurada el 15 del corriente, es solo para no depender del Gobierno de la península, y poder hacer en nuestro suelo, todo lo que antes sólo podía hacerse en aquél.

II. Quedan consecuentemente en su fuerza y vigor todas las leyes, ordenanzas y órdenes que antes regían, y si algunas hubiese inadaptables se reformarán o abrogarán por el próximo congreso nacional constituyente.

III. Quedan en vigor y pleno ejercicio de su jurisdicción todos los Tribunales, Juzgados, y demás funcionarios públicos, militares, civiles y eclesiásticos.

IV. Aunque no es de esperar que alguna persona se oponga a la desidia voluntad general, ni proponga perturbar la quietud con que este honrado vecindario ha entrado al goce de sus derechos; si alguna hubiese de cualquier clase, grado y condición que directa o indirectamente con discursos o con obras intentase trastornar, o desacreditar el gobierno español, será tratado, perseguido y castigado como conspirador, imponiéndole la pena de muerte en la forma prevenida por las leyes.

V. Toda persona que supiese que otra, u otras intentan conspirar contra el Gobierno independiente adoptado y jurado, está en obligación de denunciarla a la autoridad legítima, y sino lo hiciere, será tratada y perseguida como cómplice de conspiración con arreglo a las leyes.

VI. Si alguna persona de palabra, o de hecho promoviese la división entre los honrados vecinos de esta Ciudad que todos componen una misma y sola familia, será tratada como perturbador público con arreglo a las leyes.

VII. Se prohíbe que ningún ciudadano abusando de los transportes de público regocijo toque campanas, ande con armas prohibidas, maltrate las vidrieras, puertas y casas de otro ciudadano con ningún motivo, ni pretexto, bajo la competente para que le castigue con arreglo a las leyes. Se previene igualmente que todo el que quiera poner música en algún paraje o andar con ella por las calles, deberá hacerlo bajo su responsabilidad, dando antes aviso a uno de los SS. Alcaldes.

VIII. La buena policía exige que no haya corrillos, ni pelotones de gente inquietando o perturbando a los vecinos, y así los que se encontraren desordenadamente después de las once de la noche, serán detenidos y juzgados con arreglo a los bandos y ordenanzas anteriores.

IX. Los taberneros y estanquilleros cumplirán exactamente con los reglamentos y órdenes expedidas sobre su buen gobierno, bajo sus penas respectivas, que serán irremisiblemente ejecutadas.

X. Y siendo manifiesto el respeto y acatamiento que se debe a los señores Alcaldes Constitucionales y demás autoridades, debe también guardarse el mismo a los SS. Regidores que auxiliando a aquellos se ocupen en las rondas y celo de la quietud y tranquilidad pública; por lo que si alguno que no es de esperar, atentare contra sus fueros y preeminencias, será castigado con toda la seriedad que previenen las leyes.


Y para que nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando con toda la solemnidad, se imprima y se fije en los lugares públicos, pasándose ejemplares a los Alcaldes Constitucionales y a los Jefes Militares y Eclesiásticos.

Dado en el Palacio Nacional de Guatemala,
a dies y siete de septiembre de mil ochocientos veintiuno.
f) GAVINO GAINZA
Por mandado de S.E. José Ramón Selaya.

En la misma fecha se publicó este bando con la solemnidad que corresponde.
Conste Ut. Retro.
f) Selaya

Acta de la Independencia de Guatemala

Acta de la Independencia de Guatemala

ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE GUATEMALA

Palacio Nacional de Guatemala, quince de setiembre de mil ochocientos veintiuno.

Siendo públicos e indudables los deseos de independencia del gobierno español que por escrito y de palabra ha manifestado el pueblo de esta capital recibidos por último correo diversos oficios de los ayuntamientos constitucionales de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla en que comunican haber proclamado y jurado dicha independencia, y excitan a que se haga lo mismo en está ciudad; siendo positivo que han circulado iguales oficios a otros ayuntamientos; determinado de acuerdo con las Excma. diputación provincial que para tratar de asunto tan grave se reuniesen en uno de los salones de este palacio la misma diputación la Excma. audiencia territorial, el venerable Sr. deán y cabildo eclesiástico, el Excma. ayuntamiento, el M. I. claustro el consulado y M. I. colegio de abogados, los prelados regulares, jefes y funcionarios públicos; congregados todos en el mismo salón: leídos los oficios expresados; discutido y medito detenidamente el asunto; y oído el clamor de Viva la Independencia que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en la calles, plaza, patio, corredores y antesala de este palacio, se acordó por esta diputación e individuos de Excmo. ayuntamiento:

Que siendo la independencia del gobierno español la voluntad general del pueblo de Guatemala, y sin perjuicio de lo que determine sobre ella el congreso que debe formarse, el Sr. Jefe Político la mande publicar para prevenir las consecuencias que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo.

Que desde luego se circulen oficios a las provincias por correos extraordinarios para que sin demora alguna se sirvan proceder a elegir diputados representantes suyos, y éstos concurran a esta capital a formar el congreso que debe decidir el punto de independencia general y absoluta y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno y ley fundamental que deba regir.

Que para facilitar el nombramientos de diputados, se sirvan hacerlo las mismas juntas electorales de provincia que hicieran o debieron hacer las elecciones de los últimos diputados a cortes.

Que el número de estos diputados sea en proporción de uno por cada quince mil individuos, sin excluir de la ciudadanía a los originarios de África.

Que las mismas juntas electorales de provincia, teniendo presente los últimos censos, se sirvan determinar según esta base el número de diputados o representantes que deban elegir.

Que en atención a la gravedad y urgencia del asunto se sirvan hacer las elecciones de modo que día primero de marzo del año próximo de 1882, estén reunidos en esta capital todos los diputados.

Que entretanto, no haciéndose novedad en las autoridades establecidas, sigan éstas ejerciendo sus atribuciones respectivas con arreglo a la constitución, decretos, y leyes hasta que el congreso indicado determine lo quesea más justo y benéfico.

Que el Sr. jefe político brigadier D. Gavino Gaínza continúe con el gobierno superior político y militar, y para que éste tenga el carácter que parece propio de las circunstancias, forme una junta provisional consultiva, compuesta de los señores individuos actuales de esta diputación provincial, de los señores Miguel Larreynaga, ministro de esta audiencia, D. José del Valle, auditor de Guerra, marques de Aycinena, Dr. D. José Valdés, tesorero de esta santa iglesia, Dr. D. Ángel María Candina, y Lic. D. Antonio Robles, alcalde 3° constitucional, el primero por la provincia de León, el segundo por la de Comayagua, el tercero por Quezaltenango, el cuarto por Sololá y Chimaltenango, el quinto por Sonsonete, y el sexto por Ciudad Real de Chiapa.

Que esta junta provisional consulte al señor jefe político en todos los asuntos económicos y gubernativos dignos de su atención.

Que la religión católica, que hemos profesado en los siglos anteriores y profesaremos en los sucesivos, se conserve pura e inalterable, manteniendo vivo el espíritu de religiosidad que ha distinguido siempre a Guatemala., respetando a los ministros eclesiásticos, seculares y regulares, y protegiéndoles en sus personas y propiedades.

Que se pase oficio a los dignos prelados de las comunidades religiosas, para que cooperando a la paz y sosiego, que es la primera necesidad de los pueblos, cuando pasan de un gobierno a otro, dispongan que sus individuos exhorten a la fraternidad y concordia, a los que estando unidos en el sentimiento general de la independencia, deben estarlo también en todos los demás, sofocando pasiones individuales que dividen los ánimos y producen funestas consecuencias.

Que el Excmo. ayuntamiento a quien corresponde la conversación del orden y tranquilidad, tome las medidas más activas para mantenerla imperturbable en toda esta capital y pueblos inmediatos.

Que el señor jefe político publique un manifiesto haciendo notorios a la faz de todos los sentimientos generales del pueblo, la opinión de las autoridades y corporaciones, las medidas de este gobierno, las causas y circunstancias que lo decidieron a prestar en manos del señor alcalde 1°, a pedimento del pueblo, el juramento de independencia y fidelidad al gobierno americano que se establezca.

Que igual juramento presten la Junta provisional, el Excmo. Ayuntamiento, el Illmo. señor Arzobispo, los Tribunales, jefes políticos y militares, los Prelados regulares, sus comunidades religiosas, jefes y empleados en las Rentas, autoridades, corporaciones y tropas de las respectivas guarniciones.

Que el señor jefe político, de acuerdo con el Excmo. Ayuntamiento disponga la solemnidad y señale el día en que el pueblo deba hacer la proclamación y juramento expresado de independencia.

Que el Excmo. Ayuntamiento acuerde la acuñación de una medalla que perpetúe en los siglos la memoria del día Quince de Setiembre de mil ochocientos veintiuno, en que proclamó su feliz independencia.

Que imprimiéndose esta acta y el manifiesto expresado, se circule a las Excmas. Diputaciones provinciales, Ayuntamientos constitucionales y demás autoridades eclesiásticas, regulares, seculares y militares, para que siendo acordes en los mismos sentimientos que ha manifestado este Pueblo, se sirvan obrar con arreglo a todo lo expuesto.

Que se cante el día que designe el señor jefe político una misa solemne de gracias con asistencia de la junta provincial, de todas las autoridades, corporaciones y jefes, haciéndose salvas de artillería y tres días iluminación.


Palacio Nacional de Guatemala. Setiembre de 1821.

Firman:

Gavino Gainza

Mariano de Beltranena

José Mariano Calderón

José Matías Delgado

Manuel Antonio Molina

Mariano de Larrave

Antonio de Rivera

José Antonio de Larrave

Isidoro del Valle y Castraciones

Mariano de Aycinena

Pedro de Arroyave

Lorenzo de Romaña, secretario

Domingo Diéguez, secretario



Firma del Acta de la Independencia de Guatemala



viernes, 2 de agosto de 2013

La Ceiba, Árbol Nacional de Guatemala

La Ceiba

LA CEIBA, ÁRBOL NACIONAL DE GUATEMALA

La ceiba, es acaso el árbol más enraizado en la tradición del país, y lo mismo que crece en la leyenda de los más remotos tiempos, ha visto crecer nuestra historia bajo su amable y acogedora fronda. Ya los mayas la situaron, con un sentido cósmico, en el centro del universo, como corazón de la tierra, del cielo y del mundo ínfero. En este caso la ceiba es verde, adjetivo que implica una calificación de belleza, y simboliza la eternidad de la existencia.

La ceiba, en las leyendas cosmogónicas mayas, abre sus ramas mayores hacia los cuatro puntos cordiales, y de esa manera se une a la cuádruple deidad que rige los vientos y las lluvias; así sus ramas dividen el mundo inferior, donde moran los espíritus, en el Xibalbá o lugar de extinción; marca los rumbos en el mundo físico; y divide las estancias de los dioses en el alto misterio sideral.

Uno de los textos proféticos sueltos, de los libros de Chilán Balam, habla del hundimiento del cielo, del arrasamiento de la tierra; mas al llegar a la nueva edad, "se alzará la Ceiba roja, columna del cielo, señal del amanecer de mundo, y en ella se posará el chiltote; se alzará también la Ceiba blanca en el poniente, y se posará el cenzontle; la Ceiba negra en el poniente, y se posará el pájaro de pecho negro; y la Ceiba amarilla, en el sur, y en ella se posará el picdzoy, pájaro de pecho amarillo".

La Ceiba Maya

En el libro de Chilán-Balam de Chumayel se describe también el comienzo de una nueva era, apareciendo la Ceiba como el sostén del cielo:  "se levantó el primera árbol blanco en el norte, y se levantó el arco del cielo; luego el primer árbol negro, y el primer árbol amarillo... Y se levanto la gran madre Ceiba, en medio del recuerdo de la destrucción de la tierra; se asentó derecha y alzó su copa, pidiendo hojas eternas. Y con sus ramas y sus raíces llamaba a su señor".

También los cuatro bacabs, sostenedores del universo, tienen una proyección espiritual en el mundo ínfero, como la Ceiba hunde sus raíces en la tierra. Y en ese mundo misterioso de los espíritus, guardado por nueve montañas y nueve ríos, dominado por nueve dioses, los Bolun Ticú, siguen rigiendo los puntos cardinales, "la Ceiba roja es el centro escondido del Oriente; la Ceiba blanca es el centro invisible del Norte; la Ceiba negra el centro escondido del Poniente; la Ceiba amarilla es el centro escondido del Sur".

Hay una leyenda maya, del dios o gran civilizador Zamná, quien para distribuir los oficios llevo a los hombres frente a una Ceiba: unos pegaron la cara a las raíces, esos serían los agoreros; otros sólo se quedaron mirando el árbol, esos serían los sacerdotes; otros cortaron ramas, esos serian los guerreros; otros cortaron los frutos, esos serian los operarios y comerciantes; otros cortaron las flores, ellos serían los artistas. Así comenzó bajo una Ceiba, la división del trabajo.

Por la amplia y generosa sombra que proyecta la Ceiba, bajo este árbol, que los indígenas llaman Yaxché, se instalaron y funcionaron los mercados indígenas, grandes y pequeños, tiangues y tianguecillos. El gran árbol protector, siempre verde, prestaba abrigo a los puestos de ventas, favoreciendo el trato de los hombres y la solidaridad social.

Ceiba en la Plaza de Palín, Escuintla

La ceiba aparece en nuestra historia como fundadora de pueblos, al conjunto de sus ramas se conglomeraba la gente y su extendida sombra abre el ámbito de las plazas públicas; pude decirse que es el primer edificio, el centro de la población, y por estas circunstancia Carlos V  dictó una disposición para que se fundasen los pueblos en torno a una ceiba, sabedor de que congregaba a las gentes y amparaba tradicionalmente a los mercados.

El historiador Antonio Batres Jáuregui, refiere que los indios rendían reverencia a la ceiba, por su hermosura y elevación hacia el mundo celeste, por su gigantesca, centenaria y fresca existencia, señoreando el bosque y desafiando los elementos naturales. Nuestra investigadora Albertina Gálvez dice que se llevaban ofrendas a la ceiba, y cita a un historiógrafo yucateco, quien afirma que el primer poblador de aquella península, Imox, estaba representado por una ceiba.

Y la ceiba ha seguido viviendo en la historia de Guatemala; desde el centro de las plazas públicas parece presidir y tutelar la vida de nuestros pueblos; en sus retorcidas raíces y los nervudos aletones de la base de su tronco se sientan los viejos a contar las historias que repite la tradición, o los enamorados se hacen dulces promesas; bajo sus ramas tocan sus conciertos las bandas locales, descansa el viajero y se animan los mercados...

Nuestro árbol nacional es de alto y grueso tronco, cuya forma cilíndrica y proporcionada le gran esbeltez, pues alcanza hasta 30 metros de altura y su ramificación es muy regular, simétrica, y adopta naturalmente la forma piramidal. Es característica la dilatación de la base del tronco. La ceiba ha sido clasificada como Bombax pentadrum (Linneo y Guert) y vulgarmente se le dice árbol de algodón por la fibra que protege sus semillas, llamada por los indios pochotl (fonetizado al español pochote); pero otros árboles la producen como, el Bombax elipticum y la Balsa (Ochroma velutina). El tallo de la ceiba se ha empleado para fabricar canoas de una sola pieza, y su madera se ha ensayado con buen éxito para hacer el palillo de los fósforos; a la decocción de la madera, o de la corteza, se atribuyen propiedades medicinales eméticas, antiespasmódicas, diuréticas y diaforéticas.

Semillas de la Ceiba

En Guatemala la ceiba se extiende por todo el país pues crece a distintas alturas -en el altiplano y en las costas-, y lo mismo se adapta a los climas húmedos que resiste la sequedad; se reproduce naturalmente por su abundante semilla, la cual rinde, descascarada, un 15 por ciento de aceite, útil para la jabonería y propio para el alumbrado; aunque siempre es de rápido crecimiento , este se acelera al reproducirla por estaca y empieza a florecer a los cuatro o cinco años.

La florescencia de la ceiba se da en una gruesa cápsula subcilíndrica, dehiscente, de consistencia coreácea, con numerosas semillas dentro de una masa fibrosa adherida a su pared interna; por el color se aprecia su madurez y al abrirse, en un estallido, crepita en forma que dio origen al nombre onomatopéyico, pochotl, que se da a la fibra, su principal producto, también llamado algodón de corcho, con el que se rellenan almohadas y colchones y en Inglaterra, se fabrican unos sombreros especiales.

La fibra, blanca y roja, es muy sedosa y apreciada en el mercado por su elasticidad y por ser muy liviana, con una densidad de 0.24; es poco atacada por insectos y tiene la virtud de ser casi impermeable -aun absorbiendo agua resiste un 30 por ciento de su peso- y resulta utilizable para construir salvavidas: un anillo de 85 centímetros de diámetro exterior y 45 de diámetro interno, con un peso de 6 Kilogramos, tiene una fuerza ascendente de 36 kilogramos. Una ceiba de regulares dimensiones puede suministrar de 30 a 35 kilogramos de fibra.

Hay muchas ceibas con historia: la de Palencia, en donde fue sacrificado Tata Lapo; la de Amatitlán, que sembró fray Domingo Martínez hace cuatrocientos años; la de Palín que le ha dado la vuelta al mundo, fotografiada por todos los ángulos por su belleza y el pintoresco mercado que alberga; la de Jocotenango, que señorea las fiestas de la patrona de nuestra capital, la Virgen de la Asunción; y tantas otras.

El primero en sugerir que se distinguiera a la ceiba como árbol nacional de Guatemala fue el doctor Sixto Alberto Padilla; después insistió en ello nuestro ilustre botánico Ulises Rojas, y así se dispuso por acuerdo gubernativo de 8 de marzo de 1955, considerando que "según se desprende de la tradición indígena del país, la ceiba tenía especial importancia, pues, desde tiempos precolombinos, bajo su follaje acostumbraban los nativos celebrar sus ritos, considerándola árbol sagrado; en el transcurso de los siglos, no sólo se encuentra en las selvas, sino también sigue figurando en las plazas públicas y otros paseos, siendo del aprecio general".

La ceiba seguirá siendo el árbol nacional de Guatemala por su gigantesca talla, su hermoso follaje, sus propiedades medicinales, su utilización industrial, su abundancia en el país y su presencia en los centros urbanos; además de su altura y corpulencia, se destaca sobre los demás árboles por su honda tradición y excepcional simbolismo.

David Vela
Temas Cívicos
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1962

jueves, 1 de agosto de 2013

El Arriero

El Arriero guatemalteco


EL ARRIERO

Magra y requemada la figura, el sombrero de petate echado sobre la nuca, los ojos oscuros y lucientes bajo los gusanos de las cejas, altas polainas de timbre que le llegan arriba de las rodillas; firmes las riendas de cuero entre las manos talladas en madera de guayacán...

¿De dónde viene el señor arriero al acompasado tranco de su macho retino? Sibinal, El Tumbador, Olintepeque, Siquinalá, Los Encuentros, Acatenango, Masagua, Coyolate, El Jícaro, San Agustín Acasaguastlan... Bueno, ¿para qué hablar más, si él conoce esos y otros muchos lugares como la propia palma de sus manos?

-Adiós, amigo, ¿cuántas leguas me faltarán para llegar a San Rafael Pie de la Cuesta?

-Espere, a ver tantito, si... Cuatro cagadas de mula, usté; ni una más ni una menos. Cuéntelas bien, ya lo verá.

-Muchas gracias.

-No hay por qué darlas... Cuidado con el río, que a veces sabe venir mero bravo.

Los soles de la Costa Cuca lo vieron trotar por los caminos, sobrio e indiferente, tras su patacho de mulas cargadas de café en oro o pergamino; las aguas de los arroyos lo refrescaron con su canción de esperanza y las ceibas hicieron llover sobre sus hombros el níveo plumón de sus bayas; "las siete que brillan" fueron sus guías en la selva o entre los plantíos de maíz, cacao o achiote, y los animales de monte encendieron muchas veces las lamparillas eléctricas de sus ojos para verlo pasar; las lunas de la tierra fría lo contemplaron cargando a sus bestias en la madrugada, entre las neblinas de San Carlos Sija, Totonicapán  y María Tecún; las orejas de los palos de conacaste enrojecieron de vergüenza al oír sus ensartas de insultos para la venerable progenitora de uno de sus más mañosos semovientes...

Al llegar a la ciudad de Guatemala, en la que "todos los días del almanaque deben ser de fiesta" por la animación de sus calles, se sentía asombrado ante sus templos y sus almacenes de comercio; pero su alma rústica no se interesaba demasiado por esas maravillas, ya que para el arriero lo más importante de la capital eran los precios del arroz y la panela, los cajones de machetes, los tercios de lámina de cinc, los rollos de alambre espigado, las latas de fósforos, los tercios de petates tules y las cargas de papas, yuca, frijol y chile zambo...

 El arriero de mi estampa era cosario y malicioso como macho tuerto; muy aficionado a relatar cuentos de camino, mientras asaba, a la hora en que principian a parpadear las estrellas su lonja de sabrosa carne cecina o hacia hervir su café a la lumbre de una fogata, en compañía de boyeros y trajinantes. Y toda la historia sentimental de su rudo corazón estaba bordada con letras de lana, como un lema de amor y fidelidad, en el tapojo de la yegua madrina: "SOI DE LA NEGRA CHAYO".

Carlos Samayoa Chinchilla
Chapines de Ayer
Editorial José de Pineda Ibarra
Ministerio de Educación Pública
1960
Ilustración de Guillermo Grajeda Mena